Definitivamente ser perseguida por, al menos, un vampiro demente se había vuelto una tradición. Solo que en este caso eran dos, y una era mí propia hermana.
Sin embargo, esto no era lo único que me mantenía despierta por la noche. La enemistad de lo...
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Me metí al baño, me lave los dientes y me puse una de las pijamas que compré.
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Al salir me acomode en la enorme cama, las almohadas eran de plumas. Me acomodé, pasaron un par de horas y aún no podía dormir, así que me levanté y fui al ventanal, me gustaba observar el bosque en la noche, en casa hacia lo mismo cuando no podía dormir. En ese momento tocaron la puerta.
Laura: Adelante.
Rose: ¿Te desperté?
Laura: No. No podía dormir. ¿Pasa algo?
Rose: No, bueno, no lo sé. Anoche me sentí culpable por lo sucedido con los Vulturis, si yo hubiera esperado Edward no habría ido con ellos, no sabrían de ti...
Laura: Rose, no pienses así. Yo jamás te he culpado por eso, nunca.
Rose: Tú siempre tan buena, con esa actitud y tú belleza en mí época habrías tenido muchos pretendientes.
Laura: ¿Tantos como tú tuviste?
Rose: Incluso más.
Laura: No te creo.
Solté una pequeña risa y la miré. Ella parecía bastante ida.
Laura: Rose, estás segura de que todo está bien.
Rose: Recordé lo que me pasó, lo que me condujo a esto.
Laura: Nunca he oído la historia, ¿Cómo pasó?
Rose: Yo vivía en un mundo diferente a este, Lau. Mí sociedad era más sencilla. En 1933 yo tenía dieciocho años, era guapa y mí vida era perfecta. Mí familia era de clase media. Mí padre tenía un empleo estable en un banco, ahora comprendo que estaba muy orgulloso de sí mismo, ya que consideraba que su prosperidad era resultado directo de su talento y el trabajo duro, en vez de admitir el papel que desempeñaba la fortuna. »Yo lo tenía todo garantizado en aquel entonces y en mí casa parecía que la Gran Depresión era solo un rumor molesto. Claro, veía a los necesitados, a los que no eran tan afortunados como yo, pero me dejaron crecer con la sensación de que ellos mismos se habían buscado sus problemas. La tarea de mí madre consistía en en atender las labores del hogar, a mí y a mis dos hermanos pequeños, en ese mismo orden. Resultaba evidente que yo era tanto su prioridad, como su favorita. »En aquel entonces no lo comprendía completamente, pero siempre tuve la vaga sensación de que mis padres no estaban satisfechos con lo que tenían, incluso aunque poseyeran mucho más que los demás. Deseaban más y tenían aspiraciones sociales... supongo que se les podía considerar unos arribistas. Estimaban mí belleza como un regalo, en el que veían un potencial mucho mayor que yo. Ellos no estaban satisfechos, pero yo sí. Me encantaba ser Rosalie Hale y me complacía que los hombres me miraran a dondequiera que fuera desde que cumplí doce años. Me encantaba que mis amigas suspiraran de envidia cada vez que tocaban mí cabello. Que mí madre se enorgulleciera de mí y que a mí padre le gustara comprarme vestidos nuevos me hacía feliz. »Sabía qué quería de la vida y no parecía existir obstáculo alguno que me impidiera obtenerlo. Deseaban ser amada, adorada, celebrar la boda por todo lo alto, con la iglesia llena de flores y caminar por el pasillo del brazo de mí padre. Estaba segura de ser la criatura más hermosa del mundo. Necesitaba despertar admiración casi tanto como respirar. Lau, era tonta y frívola, pero estaba satisfecha.