#015. Follow you all around

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Al llegar a la Aldea de la Arena los prisioneros fuero puestos bajo custodia, Temari y Kankuro decidieron encargarse de los informes necesarios y los demás fueron eviados a descansar, Gaara incluído.

—Lee, por favor lleva a Gaara a casa.— pidió Temari con cansancio. —Nosotros tenemos mucho papeleo por hacer de todo esto. Normalmente dejaría que Gaara estuviese al frente de eso pero está herido y necesita descansar.

Gaara los miraba incómodo desde los brazos del moreno—Yo aún puedo...

—¡No repliques!— interrumpió Temari con el ceño fruncido —Por favor no seas terco y descansa hoy. Mañana podrás ayudarnos con el resto, ¿de acuerdo?.

—... Bien.— aceptó el pelirrojo mientras movía sus brazos del cuello ageno para cruzarlos sobre su pecho, cerrando los ojos en un puchero indignanado que intentó ocultar en el pecho de Lee. —Vamos Lee.— ordenó.

—¡Si señor!

El de la Hoja comenzó a correr y saltar por los techos de Suna con gran agilidad, tratando siempre de no lastimar al muchacho en sus brazos que gracias al movimiento había vuelto a abrazar su cuello y a recostar su cabeza en su hombro izquierdo. Al llegar a la gran casa por fin descendió hasta el suelo de la entrada y caminó hasta la puerta, Gaara sacó de un bolsillo sus llaves y después de abrir ambos entraron al lugar y por fin Gaara pidió que lo bajara.

Sentado en el pequeño escaloncillo de la entrada el pelirrojo se despojó de su calzado y pidió al otro hacer lo mismo.

—Quieres... ¿Te gustaría quedarte a cenar?— preguntó dudoso acariciando los dedos de sus pálidos y delgaduchos pies. —Tengo un tiempo sin cocinar y me gustaría que probaras un poco.

—Entonces aceptaré con gusto. — dijo el pelinegro con una amplia sonrisa.

Lee ayudó al otro a ponerse de pie, lo sostuvo de la cintura y pasó un brazo del pelirrojo por sus hombros para que lo usara de soporte, con cuidado lo ayudó a llegar a la cocina y lo sentó en una de los bancos altos que tenía la barra.

—Puedes decirme dónde están las cosas que necesitas y yo te las daré para que no tengas que moverte demasiado, aún estás lastimado.— sugirió el moreno.

—Gracias.— respondió balanceando la pierna no lastimada.

Gaara comenzó a darle instrucciones sobre los ingredientes y utencilos que necesitaba, cómo se veían y dónde estaban exactamente, Lee trabajó diligente y acató cada orden al pie de la letra con una gran sonrisa, lavó las verduras y quitó los empaques no necearios. Cuando todo estuvo listo sobre la barra Gaara comenzó a picar hábilmente las verduras mientras Rock Lee lo observaba atentamente.

—Lo siento...— susurró el más alto.

Gaara detuvo el movimiento del cuchillo y giró su cuerpo aún sentado en el banco para encarar al otro, Lee se veía abatido y sus abundantes cejas temblaban ligeramente.

—¿Por qué te disculpas?— preguntó curioso.

—¡Era mi deber cuidarte la espalda y gracias a mi incompetencia terminaste herido, y aún si no fuese mi deber yo debería haberte cuidado mejor, eres demasiado importante para mi pero no pude protegerte, soy un bueno para nada!— sus ojos se tornaron acuosos y su voz sonaba arrepentida y un poco dolida, eso oprimió el corazón de Gaara. —Debiste escoger a alguien mejor para cuidarte yo no soy digno de caminar a tu lado... Pero aún así estaba feliz de que me eligieras para apoyarte y resguardar tu seguridad. ¡Y al final sólo soy un inútil sin talento que no...!

Las palabras del moreno murieron en unos labios ajenos que se presionaron firmes sobre los suyos pero a la vez tan suaves y dulces como el delicado pétalo de una flor. Tardó eternos segundos en por fin comprender la situación y cuando lo hizo su cerebro terminó haciendo corto circuito.

¡GAARA LO ESTABA BESANDO!

Su cara hirvió al rojo vivo y casi sintió vapor salir de su cabeza, NO-ENTENDÍA-QUÉ-ESTABA-PASANDO.

El pelirrojo por su parte estaba demasiado concentrado en la indescriptiblemente agradable sensación en su estómago y el olor de Lee que adormecía sus músculos. Pasó de jalar el chaleco de Lee a posar sus delgados antebrazos en la nuca del más alto al cual tenía reclinado para que el contacto de sus labios no se interrumpiera.

Movía lenta y tiernamente sus labios sobre los agenos, disfrutando hasta el último segundo de su conexión.

Cuando por fin el menor liberó la boca ajena aprovechó el agarre de sus brazos en el cuello del otro y tiró aún más fuerte hacia abajo para que la cabeza de Lee quedara estampada contra su plano pecho y con ello el sonrojo del mayor se extendió hasta sus manos.

¡DIOS, OLÍA TAN BIEN Y ERA TAN SUAVE!

Su cerebro no paraba de pensar en lo cálido que era ese lugar, lo blando del pecho ajeno por la falta de ejercicio físico, lo dulce que era el olor que desprendía Gaara y lo rápido que latía su corazón.

—No digas esas cosas de ti, no es así en lo absoluto.— susurró el pelirrojo sobre el cabello del otro. —Eres la persona más trabajadora, confiable y entregada que conozco. Hay tantas cosas buenas en ti que podría pasar todo un día entero diciéndolas y no terminaría.— continuó hablando mientras acariciaba dulcemente el cabello y la espalda del muchacho. —Lo que me pasó no fue tu culpa, había demasiados enemigos y yo me distraje, fue mi error.

—P-pero...— intentó replicar el otro pero fue callado al ser apretado aún más fuerte contra aquél pecho.

—Sin peros, no tienes nada de lo que disculparte y yo estoy bien así que tampoco es necesario que te preocupes demasiado.

El pelirrojo soltó el cuerpo de Lee que fue irguiendose lentamente, su cara aún estaba roja y sus neuronas estaban lo suficientemente adormecidas como para que no pudiera articular una sola palabra.

—Bien, entonces espera en la sala a que termine con esto y en un momento voy.—  pidió mientras se giraba de nuevo hacia la barra.

Lee dió un pequeño asentimiento y con movimientos casi robóticos se dirigió al lugar indicado, tomó asiento en uno de los sofás y por fin liberó el aliento que no sabía que contenía, una boba sonrisa explotó en su rostro y un chillido agudo escapó de su garganta, usó ambas manos para intentar cubrir su vergonzosa cara pero en realidad era imposible ocultar sus emociones.

Gaara lo había besado... ¡Este era definitivamente el mejor día de su vida!












...




En la cocina el pelirrojo intentaba calmar sus temblorosas manos y su acelerado corazón, ¡Podría morir de felicidad!.

Se tomó unos segundos para respirar y relajar sus tensos músculos, y con una sonrisa en su rostro continuó picando las verduras.







Close to youHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora