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#009. And decided to create

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"Y cada vez, cuando te miro, cada vez, es como descubrir el universo."



Ls siguiente ocasión que Gaara le vió fue algunas semanas después de haberle envíado esa flor, tres meses después de su antigua visita. No hablaron mucho pues Lee estaba por partir a una misión y él tenía asuntos que atender con el Hokage, aún así se reunieron. Diez minutos de conversación y un abrazo de despedida fue todo por ese día, pero suficiente para que Gaara tuviera un problema con el incesante revoloteo en su estómago, fue suficiente para que Lee sintiera el pecho cálido y quizá un tanto más acelerado de lo nomal.

La semana siguiente no hubo cartas, la última había sido de Lee, quien esperaba por una respuesta que no llegó hasta una semana después de lo esperado junto con una pequeña caja de madera, parecía un trabajo artesanal finamente decorado; tenía pequeñas florecillas talladas en cada esquina de la tapa que extendían delgadas enredaderas de espinas hacia el centro donde estaba el emblema de Sunagakure. Todos los bordes habían sido remachados con metal brillante y bien pulido. Definitivamente una pieza preciosa.

El cofrecillo estaba lleno de galletas de sabor magnífico y un dulzón olor típico de las galletas de canela. Lee disfrutó cada bocado, eran deliciosas aunque un poco duras, no le importó en realidad pero no pudo evitar preguntarse si Gaara las había hecho para él, esperaba que si.

Cuando consumió todas las galletas tomó el suave pañuelo que las cubría, era suave y liso, de un brillante color rojo, justo como el cabello de Gaara, y si lo pensaba bien ese pañuelo parecía tener la suavidad de ese cabello. No es que Lee haya tenido la oportunidad de apreciar la delicada sensación de las hebras rojizas entre sus dedos de manera adecuada, pero recuerda con detalle el suave tacto de los mechones en su mejilla al abrazarlo esa última vez. Quizá el cabello de Gaara era aún más suave que la tela.

El moreno sacudió con cuidado la tela y la extendió frente a su rostro, parecía tonto observar tan detenidamente un pañuelo sin ningún grabado o estampado pero a él le parecía completamente peculiar, extraordinario. Si lo veían detenidamente notarían que las orillas estaban bordadas a mano, trazos simples y más enfocados en evitar que los hilos escapen de su lugar que a adornar la tela. Pero había algo más, un fino bordado en hilo negro, de unos dos centímetros y estaba en una esquina, era la marca que Gaara portaba en su frente.

Una sonrisa se asomó en su rostro y casi instintivamente llevo el retazo de tela a su rostro, aspirando el dulce aroma que quedó impregnado.

Desde ese día comenzó a llevar siempre consigo ese pañuelo correctamente doblado en una bolsa interna de su chaleco, justo sobre su pecho. Apreciando el suave olor que desprendía, pasando cuidadosamente sus dedos sobre el bordado, calentando su corazón con la tibia sensación que experimentaba su pecho inexplicablemente. Era casi como tener a Gaara ahí escuchando sus desvaríos, sonriendo suavemente a su lado, con su voz aterciopelada en los oídos. Era afortunado de tener un amigo como Gaara en su vida.











...

Una semana después Gaara recibió la carta respuesta que contenía muchas historias y un largo agradecimiento por el presente, también había una pequeña bolsita de tela llena de pequeñas semillas y una nota.

"Estas son semillas de camelias, recuedo que dijiste que deseabas sembrar algunas. No sé si ya lo hayas logrado pero aún así quiero que estas semillas crezcan bien y den hermosas flores.
Espero algún día poder observarlas."
Proclamaba el papel.

Apretujó el paquetito en su corazón que golpeteaba fuerte en su lugar. Después de todo el moreno aún recordaba una simple charla de hacía más de un año. Esa misma tarde comenzó a preparar un espacio para su nuevo proyecto de jardinería, preparó meticulosamente todo lo necesario para posibilitar la germinación de las semillas que plantó con sumo cuidado. No podía esperar a ver crecer esos arbustos y poder apreciar su florecimiento.



Ahora había una nueva tradición entre ellos dos, cada dos semanas Gaara enviaba un regalo y recibía otro a cambio junto a sus respectivas cartas. La mayoría de las veces Lee obtenía dulces y bizcochos preparados arduamente por Gaara (aunque nunca lo había admitido cuando se le preguntaba), y Gaara recibía figurillas talladas en piedra o cuarzo que Lee escogía meticulosamente para él.

Regalos que Gaara sentía cada vez más preciados y le hacían bullir de felicidad, ahora tenía una repisa llena de bellas figuritas artesanales.

Regalos que Lee atesoraba y provocaban un suave repiqueteo en su estómago, una sensación cálida en el pecho y una sonrisa boba.

Close to youHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora