Capítulo 26: La primera misión.

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Naruto: Guarida principal de Akatsuki. 23:43 p.m

Escupí la sangre que se había juntado en mi boca con esfuerzo y admiré como el filo de la Samehada había dejado mi pecho. Prácticamente había desgarrado el lado de mis costillas llevándose con ella gran parte de mi piel además de un gran porcentaje de mi chakra, que hubiese sido brutal de no ser un Jinchūriki.

Mi mano verdosa cubrió la zona afectada y respiré agitado mientras aplicaba el tratamiento en la herida. Hacía más de siete horas estábamos entrenando y cada vez me quedaba más que claro que aún me quedaba mucho por aprender con respecto al Kenjutsu.

Kisame-san era realmente bueno como espadachín, había sabido evadir más de quince veces mi guardia, apuñalándome y quitándome chakra en cada una de ellas. La batalla estaba siendo desgastante casi a la par que educativa, mientras cortaba mi piel me daba consejos con respecto a mi posición y al agarre de mi katana, que, por cierto, ya había insultado como un arma denigrante al ser tan simple, así que ahora peleaba con la Kubikiribōchō, aprendiendo a balancear mejor la pesada arma.

- Estás mejorando tus movimientos, un poco de entrenamiento para refinar tus reflejos y aumentar tu musculatura y estarás listo para el siguiente nivel, Gaki.- asentí a las palabras de Kisame-san mientras terminaba de curar mi herida. Mis ropas estaban totalmente dañadas y ahora mi pecho estaba al descubierto, la camisa olvidada en algún extremo del campo totalmente rota.- Le daré mi informe sobre ti a Pain, él decidirá quien seguirá tu entrenamiento de aquí en adelante.- sin decir más, y con su espada al hombro, se retiró en silencio.

Me permití caer al suelo con una mueca de cansancio. La pérdida de sangre, el gasto de chakra y el daño físico habían sido demasiado, además del cansancio debido a las prolongadas horas que habíamos estado en batalla, aunque el que fue mi maestro temporal no parecía ni un poco agitado.

Permití que un quejido saliera de mis labios ante el inminente dolor en mi torso, aún cuando la herida había sido curada los músculos habían quedado adoloridos de una manera impresionante, haciendo que se me dificulte la simple tarea de respirar. Kisame-san había sido duro y, si bien era avanzado para los ninjas de mi edad e inclusive de rangos más altos, definitivamente no podría hacer nada contra un espadachín tan bien entrenado como lo era Kisame, mucho menos si me enfrentaba a él en Kenjutsu. Incluso podía decir que se había contenido demasiado.

Observé con cautela los cuervos que aparecieron repentinamente a mi alrededor y con sumo esfuerzo me levanté de mi lugar de descanso intentando no demostrar mi dolor para enfrentar al visitante.

Cuando el remolino de cuervos se formó, la figura de Itachi Uchiha se mostró en medio del plumaje negro. El porte imponente y serio del tipo se dejó ver, aún sin decir nada.

- ¿Necesitas algo o solo me ves porque te parezco lindo?- pregunté con sorna mientras tomaba los retazos de tela de mi camisa de mi lado, los ojos negros me seguían en todo momento, era inquietante a la par que divertido.

- Escuché que mi hermano salió contigo de la aldea por voluntad propia, aunque la gente de Konoha los está buscando como si hubiesen sido raptados...- comentó sin más. Una sonrisa burlona se formó en mi rostro al escuchar el nombre de aquel que fue mi compañero y que había muerto en mis manos sin dar pelea alguna.- ¿Dónde está Sasuke?- todo su rostro estaba sereno, de no ser por su ceño suavemente fruncido. Sonreí de lado mientras lo miraba por encima de mi hombro.

- Él ya no está conmigo, si es lo que te preguntas...- metí la Kubikiribōchō dentro de su pergamino y lo colgué en mi cinturón junto a los demás.- De hecho, él ya no está en ningún lado.- sonreí con demencia mientras lamía mis labios suavemente.

- ¿Quien está contigo?- Itachi se mantuvo sereno, sin demostrar absolutamente nada ante la noticia de la muerte de su hermano. Me hubiese sorprendido si hubiese sabido realmente la historia verdadera del porque el Uchiha era un renegado. Según había oído de Orochimaru-sama una vez, el tipo había trabajado para la aldea y masacro a su clan para preservar la paz, o una mierda así, demasiado dulce para ser Konoha.

Pero pude verlo en su aura, ese tipo sabía hasta donde podía llegar y de qué modo hacerlo.

- Hace años estoy solo, no hay nadie conmigo. En mi aldea me trataban como basura, así que huí y estoy aquí para conseguir poder, así podré vengarme de ellos con toda mi fuerza y hacerlos sufrir tanto como ellos lo hicieron conmigo ¿No es conmovedor?- comencé a caminar hacia la entrada tranquilamente, quería ducharme.- Te conozco, eres como yo...- lo mire por sobre mi hombro con una sonrisa sanguinaria.- Los gritos de dolor, el hedor de la sangre fresca, el sufrimiento en sus rostros...- mi lengua recorrió mis labios y parte de mi mejilla izquierda.-... tú los mataste porque quisiste, no quieras engañart ¡Agh!- antes de que pudiese seguir con el juego, el puño de Itachi me mandó a volar.

Recorrí al menos diez metros por el suelo, sin poder frenar. Cuando me detuve fue gracias al tronco de un árbol que se rompió ante el choque de mi espalda. Una jadeo de dolor salió de mi boca, llevándose con él los últimos restos de aire que quedaban en mis pulmones.

Los ojos rojos del Uchiha me miraban con altanería y ahora en su rostro se mostraba una sonrisa demente, peor que la mía.

- Eres perceptivo, pero deberías tener cuidado...- la voz  de Itachi salió burlona a la par que intimidante mientras se acercaba lentamente a mí, aún luchaba por ponerme de pie, el golpe había sido duro y mi desgaste físico previo solo empeoró todo.-... eres como un bocadillo aquí dentro.- sin más que decir, desapareció de la misma manera en que llegó. El único rastro de su presencia eran los cuervos que se dispersaban rápidamente en el aire.

Ahí fue cuando lo entendí, ya no estaba de infiltración en Konoha, ahora estaba infiltrándome en un mortal grupo de criminales de rango S a los cuales no les temblarían las manos para cortar mi cuello si llegaban a enterarse de mi verdadera afiliación. Según sabía, Orochimaru-sama había sido parte del grupo, había robado información y materiales importantes para ellos además de querer robar los ojos del Uchiha sin éxito, ahora eran sus enemigos sin dudarlo y yo, siendo afin a mi maestro en cuerpo y alma, sería considerado un enemigo también.

Con un esfuerzo sobrehumano logré levantarme tambaleante y me dirigí como pude a la cueva dónde nos escondíamos, sería una misión larga y pesada, eso solo me hizo sonreír con demencia mientras me tambaleaba por los pasillos moribundo intentando llegar a mi habitación.

                           [...]

Ya se cumplían casi doce semanas desde que había ingresado a Akatsuki. Las cosas habían marchado bien en estos tres meses, había iniciado mi entrenamiento oficial pocos días después de la práctica con Kisame y Pain decidió que me volvería su arma más fuerte para, con el poder de Kurama, poder cazar a todos los Bijuus restantes sin problema alguno. Al parecer no tenía miedo de no poder controlarme. Había pasado bajo la tutela de cada miembro del grupo, contando al integrante más nuevo: Hidan. Un demente, sádico, creyente e inmortal, y mi único amigo en la organización.

Con la ayuda de todos esos criminales mi poder había aumentado considerablemente, aunque no podía copiar nada de ellos realmente ya que todos poseían un Kekei Genkai y esas habilidades son intransferibles. Aún sin poder copiar sus habilidades literalmente había logrado aprender muchas lecciones de cada uno, ayudando en todos los ámbitos de un Shinobi y volviéndome mejor en el campo de batalla.

En poco menos de un mes comenzaría con las misiones junto a Deidara, ya que su compañero murió justo antes de que yo ingresara a la organización. Pain me había obligado a utilizar una máscara de madera con forma de zorro, negra con los detalles como los bigotes y el borde de los ojos rojos, mientras que la línea de la boca era blanca.

Para mí emoción, la primera misión que me tocaría sería en Konoha, dónde robaríamos un pergamino prohibido con muchos jutsus avanzados de Ninjutsu médico que, al parecer, Pain necesitaba con urgencia.

Sería un comienzo interesante en la vida de renegado. Reí con una gracia cargada de sadismo mientras jugaba con un kunai, haciéndolo girar en mi dedo índice. Lo único que se vislumbraba en la oscuridad era el brillo de mi arma y mis ojos, mi cuerpo era tapado por la capa negra con nubes rojas.

- Espero verte pronto, Kakashi-sensei...

𝕊𝕖𝕣𝕡𝕚𝕖𝕟𝕥𝕖•Naruto Bad• 🍂Donde viven las historias. Descúbrelo ahora