Dicen que los Gryffindor y los Slytherin son enemigos naturales...
Pero, ¿qué pasa cuando un accidente rompe esa barrera?
Ron Weasley jamás pensó que un simple incidente en las regaderas lo haría ver a Draco Malfoy de otra manera.
Sin embargo, ese e...
Habían pasado 3 días desde el recibimiento de las cartas, algunas ya las había contestado y otras decidió ignorarlas.
Una de las que contestó fue la de Ron Weasley, a pesar de su intento por leer aquellos jeroglíficos no logro entender ni la mitad de lo que el papel tenía escrito; y es que siendo sinceros el pelirrojo poseía una de las peores caligrafías que haya visto en su vida.
Lo poco que logró descifrar en pensamientos del rubio, fue algo tierno, absurdo pero tierno.
Caso contrario a la carta de Potter, aún no se decidía a leerla. Por alguna razón se ponía nervioso, creía que tal vez el ojiverde solo le quería jugar una broma y al abrir la carta está traería algún hechizo en su interior. O peor aún quizá solo le escribió para recordarle lo mucho que lo "odia".
El ojigris sintió una punzada en su pecho.
No quiso pensar en tal posibilidad, tomó la carta y la guardó dentro de un libro al azar. No leyó el título, solo lo agarró y lo volvió a poner en el estante. …
Draco se encontraba en su habitación, leyendo un libro sobre pociones prohibidas, los sangre pura y los mortífagos. Todo esto le apasionaba de sobre manera, pero por más que intentaba no lograba concentrarse.
Ya era su tercer intento y aún no podía pasar de las primeras páginas. Se sentía frustrado, cerró el libro de golpe y lo arrojó a la cama.
El libro cayó abierto dejando ver la carta que hace días había guardado, seguía intacta.
¿Por qué no podía simplemente romper esa maldita carta y olvidarse de este tema?
La curiosidad lo estaba matando, pero su orgullo le impedía abrirla.
-¿Puedo pasar?- La puerta fue abierta, dejando ver la silueta de su madre.
-Pasa.- El rubio seguía de pie, mirando aquel pedazo de papel que le robaba su preciada tranquilidad.
Narcissa había notado distraído a su hijo desde hace varios días; trato de darle su espacio pero sabía que algo no andaba bien.
Se acercó a la cama y se sentó, luego hizo una seña para que él hiciera lo mismo.
-Cuéntame qué te pasa.- Antes de que el rubio pudiera decir algo la mayor le apuntó con el dedo índice.- Y no te atrevas a decir que nada, soy tu madre y te conozco perfectamente.-
El Slytherin guardó silencio ante la amenaza de su progenitora, él mejor que nadie sabía que no se le podía ocultar nada. Pero ¿Cómo le podría decir lo que pasaba por su mente y su corazón?
Era vergonzoso de tan solo pensarlo y más aún cuando ni siquiera él sabía que le estaba pasando.
-Es por esto ¿Cierto?- La rubia tomó la carta de Potter.- ¿Qué es lo que te molesta?- Su voz era suave y amable.
-Yo… Solo no entiendo porqué me mandaría una carta.- Dijo desviando la mirada.- Ni siquiera somos amigos.- Finalizó rogando porque sus palabras fueran creíbles.
Narcissa Malfoy tenía un instinto muy agudo y sabía que había algo más, algo que su hijo trataba de ocultar con demasiado empeño.
¿Pero por qué?
-Entiendo.- Posó su mirada en el sobre que aún seguía sellado.- Supongo que no la vas a leer.- Dijo más como afirmación que como pregunta.
-No.- Respondió sin dudar.- No me interesa, no quiero perder mi tiempo leyendo las estupideces Potter.- Malfoy mantenía su mirada en cualquier punto del cuarto.
-¡Está bien!- La rubia agarró la carta y se puso de pie.-Me desharé de ella.- Camino a la puerta y salió de la habitación.
Draco estaba convencido de que eso era lo mejor, así ya no tendría más problemas para concentrarse. Si tan solo se hubiera quedado quieto.
-¡Espera!- Corrió para alcanzar a su madre, pero al abrir la puerta ella ya lo estaba esperando.
-Vaya 7 segundos.- sonrió y le regreso la tan preciada carta.
-G-gracias.- El rubio la tomo y la apretó en su pecho. No sabía que más decir.
-Sabes eres joven, vive a tu manera ya tendrás tiempo de ser adulto.- La mayor llevó su mano a la mejilla del rubio.- No pierdas la oportunidad de demostrar quién eres… Eres más que un apellido, eres mi hijo y siempre voy a estar orgullosa de ti.- Narcissa se acercó depositando un beso en la frente de su hijo.- Y qué más da si es un Weasley o un Potter o lo que sea. .- Dijo en tono de divertido.- Elige lo que te haga feliz y por tu padre no te preocupes.- Sonrió- Yo me hago cargo de él.
Draco abrazó a su madre, agradeciendo cada una de sus palabras.
-Creo que tienes una carta por leer.- La rubia rompió el abrazo y sonrió coquetamente.
Draco asintió y entró a la habitación decidió a leer por fin esa maldita carta que tanto le robaba el sueño.
Se sentó y puso el papel en el escritorio, tomó una navaja y comenzó a abrirla con cuidado, retiró el sobre y desdobló la hoja.
Al leerla tiró el papel al suelo.
-Estúpido cuatro ojos.- murmuró sintiendo como todo su cuerpo ardía. Oculto el rostro entre sus brazos; podía escuchar cómo su corazón latía como loco.
-Creí que ya te había sacado de mi corazón.
…
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