Capitulo 9

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Dos semanas después, Camila estaba sentada, esperando a que la maquilladora terminara su trabajo.

—No me maquilles demasiado. Normalmente no lo hago.

No se podía llegar a creer que hubiese dejado que su madre la hubiese convencido de aquello. Ella se hubiese presentado en la iglesia con su aspecto ordinario. Lauren no esperaba otra cosa.

Todavía le indignaba recordar la actitud de ella cuando hubieron visitado al abogado. Casi la había empujado dentro del despacho, para a continuación haberla ignorado y haber hablado en griego con el joven y nervioso abogado. Pero ni siquiera la fluidez de ella en aquel idioma le había ayudado a comprender qué había tenido Lauren en la cabeza. Le había dado instrucciones al abogado de que la joya pasara a ser suya cuando se casaran.

Entonces había empezado a hablar en inglés y fue en aquel momento cuando ella hubo explicado que quería establecer una cláusula imposibilitando a Lauren de tener sexo extramarital, conversación que había considerado vergonzosa mantener con una tercera persona.

En vez de haber parecido enfadada, Lauren se había sentado en una silla, mirando de vez en cuando su reloj, como si hubiera tenido algo mucho más importante que hacer.

Cuando salieron del despacho y se montaron de nuevo en el coche, ella no le había hablado. En vez de ello, había comprobado sus correos electrónicos en su Blackberry y realizado numerosas llamadas telefónicas con su teléfono móvil. Entonces la había dejado en su casa, habiéndole prestado sólo atención para decirle que en dos semanas mandaría un coche para buscarla.

Había estado claro que ella no estaba permitiendo que la idea de casarse con ella afectara lo más mínimo a su vida.

Camila frunció el ceño cuando la maquilladora se apartó y admiró su trabajo. Se dijo a sí misma que seguramente Lauren había querido disfrutar al máximo de sus dos últimas semanas de libertad. Seguramente había estado teniendo una maratón sexual.

De repente se le vino a la mente una perturbadora imagen; la piel blanca  de Lauren entrelazada con una mujer pálida o  bien bronceada. Parpadeó, impresionada, preguntándose qué tendría ella que le hacía pensar en sexo cuando ni siquiera estaba interesada en ello.

Aliviada de que la maquilladora ya hubiese terminado, se levantó y se miró en el espejo, incapaz de ver ninguna diferencia. Ni siquiera el maquillaje podía convertirla en algo que no era.

Se le vino a la cabeza la imagen de la rubia con la que había visto a Lauren fotografiada en el periódico y pensó que casarse con ella sería el peor de los castigos para ella. Se había puesto lentillas e iba levemente maquillada, pero aun así no se parecía en nada a las mujeres con las que normalmente se veía Lauren.

—Pareces muy preocupada —dijo la maquilladora mientras admirada su trabajo—. Supongo que son nervios de novia. Es completamente normal.

Camila no contestó y de repente se vio invadida por el pánico. Estaba a punto de abandonar todo aquello cuando vio la fotografía de su hermana en la mesa del salón. En ella, Sofia estaba posando y riéndose, claramente flirteando con la persona detrás de la cámara. Camila sonrió levemente, nostálgica, y sintió una punzada de dolor. Su hermana no había merecido a Lauren Jauregui. No había merecido que la tratara tan mal.

Mirando la fotografía, parpadeó para apartar las lágrimas que asomaron a sus ojos. Si no seguía adelante con la boda, entonces le ocurriría lo mismo a la hermana de otra persona.

Estás estupenda —la maquilladora estaba tratando de tranquilizarla—. Tienes una piel tan buena que en realidad no necesitas mucho maquillaje. Y tienes una estructura ósea asombrosa. Si fueras un poco más alta, podrías trabajar como modelo.

Joyas del Corazon(Camren)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora