6. Una erección y un Cheester.

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 ¿Kilian me llevo a un monte para matarme?

La respuesta es no, en realidad me llevo a un lugar muchísimo peor.

Mi mente no terminaba de carburar en realidad todo lo que estaba pasando y mis nervios estaban a tope.

— ¿Qué mierda estás haciendo? —chille mientras intentaba seguirle el ritmo.

Iba medio corriendo detrás de el para poder alcanzarlo, habíamos dejado su auto unos metros atrás de nuestro destino.

—Averiguar que es lo que oculta este pendejo. —dijo sin más, mientras avanzaba firme hasta la casa de Santiago.

Ajá, leíste bien.

La bendita casa de mi maestro.

— ¡Podemos ir a prisión!

—Solo si nos descubren.

Pare en seco.

—Eres pésimo dando ánimos.

Pude escucharlo soltar una pequeña risa, una de burla hacia mí, pero no dijo nada.

Seguir a Kilian en este tipo de locuras siempre me trajo problemas de gratis y por montones, pero jamás nos dejamos solos en estas situaciones.

— ¿Qué tal si nos descubre? —insistí.

—Está en Hallwell, tenemos tiempo.

Llegamos a la casa, cruzamos el jardín hasta llegar al patio trasero, en el cual había una entrada secundaria al hogar de Santiago.

—Se supone que...—avanzó hasta un pequeño huerto casero que al parecer el profesor tenía en su casa. — Por aquí debe de haber una llave. —dijo Kilian, comenzando a esculcar las plantas.

—No le vayas a destruir su huerto. —lo regañe al ver que estaba comenzando a moverlo con brusquedad.

—No se vaya a quedar sin tomates. —dijo irritado. — o peor aún, sin zanahorias.

Rodé los ojos.

Una de sus manos se alzó con un pequeña llave entre sus dedos, y claro, su sonrisa socarrona no podía faltar en su rostro.

—A todo esto ¿Cómo sabias que estaba ahí? —le pregunte con evidente desconfianza.

Él solo me ignoro, como de costumbre, mientras abría la puerta.

La casa de Santiago quedo expuesta ante nosotros.

Solo Kilian y yo.

O eso creíamos.

—Me voy a vomitar. —no mentía.

Cuando me ponía muy nerviosa me daban ganas de vomitar.

—Mientras no sea cerca de mi vomítate lo que quieras.

Comenzó a inspeccionar la sala de estar, la cual podría decirse que era bastante linda y acogedora.

Era una sala de dos piezas color beige, había una pequeña mesa de centro con un par de libros y una televisión enorme al fondo. Habían un par de fotografías colgadas de él con un perrito y lo que parece ser su familia.

Nada interesante a decir verdad.

— ¿Qué se supone que buscamos? —le pregunte a Kilian después de unos minutos sin encontrar nada. — ¿Acaso algo que lo acuse de ser amante de los perros?

—Lo que sea que nos dé una pista.

—Pista sobre el anónimo o pista de saber que trae con tu hermana.

Los hermanos DouglasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora