O3. HOMEWRECKER

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Millie pasó toda la semana tratando de planear con determinación y detalles la visita de Sadie, realmente no quería que su hermanita o padres arruinaran aquellas horas que la castaña consideraría las mejores que había pasado en su vida sin siquiera aún haberlas pasado con Sadie realmente, simplemente era una suposición. Moriría si fuera ella quien lo terminara por arruinar todo, era tan torpe y tosca que no lo dudaba, lo reconocía y se avergonzaba secretamente.

No le mencionó nada a sus dos supuestas amigas, ellas simplemente siempre estaban aparte de Brown, era raro cuando salían, aunque Mary Elizabeth y Riley salían juntas seguido, excluyendo a Millie, aunque ella no lo sentía así, ni siquiera sentía la necesidad de estar todos los días con sus amigas, se conformaba con pasar sus recesos con ellas, hablar un poco sin compartir demasiado, llegar a su hogar después de clases, comer en compañía de su hermanita y madre, su padre ausente por el horario de trabajo, encerrarse en su habitación creándose escenarios pintados de color de rosa mientras escuchaba música, o tal vez encerrándose en el mundo de algún libro donde podía identificarse con el personaje ficticio protagonista, cena familiar no antes de las siete ni después, acudían los domingos muy temprano a la iglesia para escuchar aquellos sermones que cada vez lograban meterle más preguntas en la cabeza sobre como se manejaba aquella religión que sentía tan ajena a su tan romantizado escenario diario.

Tan tradicional, tan tradicional y aburrido.

—¿Si recuerdas que mañana vendrá una chica de mi clase a hacer tarea, cierto? —su madre apretó los ojos con irritación, su padre simplemente soltó una risa por lo bajo negando.

—Lo has estado repitiendo mínimamente de tres a cinco veces los últimos cinco días. Sí, lo recuerdo, después de clases, tarea de geometría, ¿no? —Millie asintió picoteando un trozo de espárrago sin interés en comerlo y saborear una vez más aquel vegetal que le resultaba tan amargo.

—¿Qué es geometría? ¿Por qué Millie no termina sus verduras? ¿Por qué a mi me gritan si no los como? Es injusto —se quejó la pequeña Ava de seis años, cruzándose de brazos en su silla.

—Son muchas preguntas. Primero, es algo parecido a matemáticas, apenas y puedes llevar tu mochila en tu espalda sin caerte sobre ella. ¿Mhm? —respondió su padre con toda la paciencia del mundo mirando a la chiquilla, alzó su mano hacia el plato de Millie preguntándole con la mirada si podía tomar los vegetales sobrantes del plato. La castaña asintió al instante facilitándole el alcance extendiendo su plato hacía el.

Ava solo se quejaba por lo bajo soltando murmuros sobre lo injusto que era aquello, todos la ignoraban simplemente continuando con otra conversación.

—¿Qué desearías que cocinara para tu amiga? —Abrió los ojos de repente, pensó que tenía todo resuelto y había olvidado lo más importante, ¿qué podría darle de comer? No conocía a Sadie.

El veganismo estaba poniéndose de moda, se preguntaba si Sadie cambió su alimentación también. Realmente no tenía idea, su madre era gran fan de hacer almuerzos y cenas grandes, amaba pasar su tiempo en la cocina y por eso siempre su mesa terminaba llena de deliciosos platillos y descubriendo nuevas recetas todas las semanas.

—Oh, no pensé en eso, no sé lo que ella suele comer.

Claire asintió tomando un sorbo de su limonada con ciertos cubos de hielo.

—Podrías preguntarle por teléfono.

Millie ni siquiera tenía su número, no porque no quisiera, trató de tener el contacto de Sadie para comunicarse con ella antes, sólo que la pelirroja nunca le dio su número y la castaña decidió no insistir ni una sola vez para conservar algo de su dignidad pensando que Sadie la había ignorado.

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