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10. William Lafebvre

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Esta vez aparecieron en una le las bibliotecas más populares de París, Labrouste, era hermosa, estaba llena de libros, la luz del día entraba por las ventanas.

Pero eso no se ganó su atención, lo hizo el hecho de que lo lejos se escuchaba la voz de un joven que reía suavemente de felicidad.

—Te voy a llevar a ti y a ti— decía aquella voz entre risas—. ¡Siempre te quise en mi biblioteca!

Los tres caminaron hacia el pasillo para encontrarse con otro joven que tenía un carrito de supermercado lleno de libros de toda clase.

—¿Para qué quieres tantos libros?— el joven de cabello cenizo claro se espantó ante la pregunta de Lorena.

—Veo que no desaparecieron— habló en media voz para si mismo—. Para leer obviamente— contestó la pregunta—. Me los voy a llevar a mi casa, es más cómoda.

Stevenson y las chicas quedaron atónitos ante la actitud de aquel joven, todos se habían asustado, pero él no, eso era raro, pero bueno a la vez.

—Veo que te gusta leer, William— dijo Stevenson acercándose al muchacho de ojos celeste hielo—. Ahora tienes qu-

—Ahora tengo que ir con ustedes— interrumpió William—. Ya sé, lo deduje cuando aparecieron después que todos los habitantes del mundo se hicieron humo.

—¡Este chico es brillante!— exclamó el adulto—. Perfecto, entonces ya nos podemos ir así les explico porqué las personas se "hicieron humo".

—¿Para qué nos trajo?— cuestionó Lorena.

—Porque quizás las necesitaba para convencerlo, pero no fue necesario.

Stevenson repitió el movimiento de manos creando una luz azul brillante que los cubrió por completo.

—Le voy a poner la “la luz transportadora”— fue lo último que se escuchó de la dulce voz de Melisa antes de desaparecer y dejar la biblioteca vacía.

[...]

Cuando aparecieron en la oficina lo primero que notaron fue que Peter estaba en el piso y en verdad parecía estar muy mal. Connor estaba de pie a unos metros de él y discutían algo.

Cuando los vieron no tardaron en hacer sus preguntas.

—¿Por qué nos entendemos?— preguntó Connor.

—¿Qué?

—Yo hablo español, Peter inglés y me atrevo a decir que ustedes también— señaló a las chicas.

—¿Pero qué dices?— habló William—. Estás hablando francés.

—¿Qué? No. Tú estás hablando español que no es lo mismo.

—¡Todos están hablando inglés!— intervino Peter.

Entonces en menos de un segundo los cinco jóvenes estaban discutiendo sobre el idioma. Lo malo es que todos tenían razón.

—¡Silencio!— pidió Stevenson y se ganó la atención de todos—. No pregunten cómo ni porqué, pero ustedes escuchan el idioma que entienden.

—¿Qué?— preguntaron los cinco.

—Podemos decir que es un tipo de magia. Cada uno habla un idioma distinto y para ustedes los demás hablan su idioma, ¿me explico?

Los chicos asintieron levemente.

—Sí, es como un traductor en automático— simplificó William.

Stevenson iba a responder, pero fue interrumpido por Peter, que volvió a vomitar.

El profesor hizo una mueca, quizás sí se sintió un poco culpable por su condición, pero al menos no murió.

Guerra de Elementos [#1]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora