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Le debo una vida que no puedo darle.

Cualquier cosas que Sae-Byeok le hubiera dicho a Olivia hubiera estado bien.

Insultos, gritos, incluso golpes.

Olivia pensaba que algo de eso iba a pasar, pero el silencio de pecas era peor aún que insultos o golpes.

Llegaron a las camas, y ni una sola palabra.

Cerraron las puertas detrás de ellos, y Olivia vió como Sae-Byeok empezaba a alejarse.

-¿No me dirás nada? -le soltó casi gritando-. Puedes insultarme, gritarme, o lo que quieras, pero has algo.

Nada. No dijo nada. Pero, a pesar de eso, Olivia vió como pecas en vez de caminar, cojeaba.

Se veía débil, encorvada y temblando. Podía engañar a todos, menos a Olivia.

-¿Qué te pasa? -le preguntó cuando estuvo lo suficientemente cerca para susurrarle.

No contestó.

Su silencio era más pesado que las palabras.

Notó como se sostenía la sudadera como un abrazo, entonces fue cuando dijo:

-Estas herida.

Después de tanto tiempo, pecas volteó a mirarla.

-Tú también.

Entonces recordó su hombro. Todavía estaba ahí el vidrio, pero ni siquiera lo recordaba por el dolor mental que sentía al soltar la sopa.

En un segundo lo desenterró, y apretó los labios para no soltar un grito.

Era muy superficial. No llegó a enterarse ni la mitad del vidrio. Sin embargo, el caso de pecas no se veía tan fácil.

-Enséñame -le pidió. Cuando Sae-Byeok hizo señales de querer alejarse, Olivia la tomó del brazo-. Quiero ver que tan grave es.

-No es grave -murmuró.

-¿No es grave? Podrías desmayarte ahora del dolor por lo que veo.

-¿Y? ¿Qué más da eso?

-Hay que decir que te curen.

-¡No! -espetó-, no le dirás a nadie.

-Estás...

-Me lo debes. De hecho, me debes una vida entera, esto es lo mínimo que puedes hacer.

Golpe bajo. Muy bajo.

Solo así, la dejó ir. Sae-Byeok desangrandose, y Olivia con el corazón roto.

Y mientras tanto, Sang-woo y Gi-hun peleando por quién sabe que cosa. Eso no le importaba. De hecho, ya no le importa nada más. Había perdido a la única persona que le importaba. Ya no tenía nada más que perder.

Se escuchó el sonidos que sonaba cuando iban a abrir la puerta. Entraron los mismos hombres con cajas en las manos.

Y justo ahí, Olivia se dió cuenta de que todo estaba terminando. El juego estaba terminando, y alguien de ahí moriría, y solo uno saldría vivo.

Lo peor de todo, es que el tiempo con pecas había acabado. Ya no queda nada.

Ni esperanza, ni amor, ni final feliz.

(...)

-Carajo, Sae-Byeok -dijo al ver toda esa sangre y el vidrio enterrado en su abdomen-. Dijiste que no era grave.

Nunca tendremos nuestro final feliz (Sae-Byeok) Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora