Capítulo 10

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Esa noche apenas pudo dormir, cada vez que cerraba los ojos veía la cara de Tom, sonriéndole antes de apoderarse de sus labios temblorosos. Sentía un hormigueo que le recorría el cuerpo de arriba a abajo, necesitaba volver a estar en sus brazos...con él dentro de su cuerpo mientras le hacía el amor lentamente...

Suspiró y se dio la vuelta en la cama. Ya eran las 8 de la mañana y aunque nunca se levantaba antes de las 10 ese día hizo una excepción. Se dio una ducha rápida y bajó a desayunar con su padre.

—Buenos días—saludó con una amplia sonrisa.

Gordon se la devolvió de inmediato, aun sabiendo quien era el culpable de que su hijo estuviera en ese estado. Pero no podía hacer nada por impedirlo, más si estaba por medio la felicidad de su hijo. Solo quería que encontrara a la persona adecuada, que no le hicieran daño,...y parecía que Tom era el elegido.

—¿Qué tal has dormido?—preguntó Gordon a su hijo.

—Muy bien—mintió, a medias.

Cuando pudo conciliar el sueño, tuvo uno muy especial que estaba deseando que se hiciera realidad en cuando esa tarde se reuniera con Tom. Pero no tuvo que esperar...

—¿Quieres ayudarme tú hoy en la tienda?—preguntó Gordon de repente.

Se quedó mirando a su padre sin comprender. Un día le prohibía acercarse a ella y al otro le daba su permiso.

—David necesita la mañana libre—explicó Gordon—Y no quisiera molestar a Tom, pero si no quieres....

— ¡Voy!—gritó Bill sin poderlo evitar.

Se terminó el desayuno y cuando bajó su madre le dio un beso en la mejilla antes de que ella se lo pidiera.

—Papá me necesita en la tienda—explicó por encima—Ya comeré con él y luego...he quedado con Georg.

—No te retrases para la cena—advirtió Simone.

Asintió y subió a ponerse una cazadora. Su padre le esperaba en el coche, al que subió sonriendo sin poder evitarlo.

—¿Cuándo le contarás a tu madre que Georg y tú lo habéis dejado?—preguntó Gordon poniendo el coche en marcha.

Se encogió de hombros como respuesta, tenía mucho miedo de la reacción de su madre, pondría el grito en el cielo al saber que se había acostado con un asesino...aunque esa parte se la podía pasar por alto, y Tom no era ningún asesino.

—Ya veo—murmuró Gordon.

Siguieron el resto de camino en silencio. Aparcó delante de la tienda y entró en ella seguido de su hijo. Era viernes y solo abrían por la mañana, y no esperaban mucha gente. Mientras repasaba unas facturas dejó a su hijo al cargo de la tienda, dejando su trabajo a un lado cuando alguien le pedía algo que Bill no entendía.

Se le daba muy bien atender a los clientes, no sabía porque no quería hacerse cargo de la tienda. Sabía que vivían en un pueblo pequeño, pero aún tenía la esperanza que a su hijo se le quitara esa loca idea de la cabeza de salir de allí algún día e irse a vivir a la ciudad.

—¿Papá?

La voz de su hijo le sacó de sus pensamientos. Se levantó y atendió a una señora que buscaba una batería para su sobrino.

Mientras que su padre se encargaba de ella, Bill cogió un paño y se puso a limpiar los escaparates, momento en el que Tom apareció por la puerta.

—Vaya, que sorpresa—susurró Tom echando una mirada dentro de la tienda.

—Mi padre me necesitaba—explicó Bill retorciéndose las manos.

Un solo veranoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora