Capítulo 14

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Esa noche se hizo muy larga para los habitantes de la casa. Gordon sabía que su mujer no estaba dormida, la sentía dar vueltas en la cama resoplando por lo bajo, hasta que se cansó y estrechándola en sus brazos le pidió que se calmara, que su hijo sabía lo que hacía.

En su habitación, Bill no podía dormir. Le costó dejar los fuertes brazos de Tom, que tan dulcemente le consolaron cuando rompió a llorar en ellos sin poder evitarlo. No quería hacerlo, era la primera vez que le veía llorar pero él era de lágrima fácil. Todo le emocionaba y en ese día había vivido una experiencia traumática.

Aparte de lo mal que se sentía por la muerte de Andreas, en lo que a Tom le concernía, ver como le arrestaba delante de sus ojos sin poder hacer nada por evitarlo fue un gran palo. Nadie le hacía caso, lloraba explicándoles que Tom era un buen muchacho incapaz de hacer daño a nadie.

Todo se lo debía a su padre, si no le hubiera permitido ir a contar la verdad, esa noche Tom la pasaría en una celda acusado injustamente de algo que era incapaz de hacer: arrebatar una vida de esa manera tan cruel...

Y en otra habitación, Tom no podía pensar que su mejor amigo de la infancia hubiera muerto asesinado tal vez por la misma persona que mató al pobre Gustav. Era como si alguien quisiera quitar de en medio todo lo que se interponía entre su camino hacia él. Y el siguiente podía ser Bill...

Eso era lo que más rabia le daba. No permitiría que muriera nadie más, era capaz de matar por Bill si veía que alguien le iba a hacer el más mínimo daño....




Al día siguiente Gordon se levantó a la hora de siempre. Bajó a la cocina y se sorprendió de ver a Tom de pie ante la encimera preparando una cafetera.

—La vamos a necesitar—murmuró poniéndose a su lado.

Tom asintió y le pasó una taza recién hecha. Llevaba ya casi una hora levantado, se había duchado y arreglado, aunque no sabía para que. No creía que le dejara volver a trabajar en la tienda más que nada por el que dirán, solo irían curiosos a ver al asesino con sus propios ojos, nadie se creería que no fue él y que alguien había mentido para librarle de la cárcel una segunda vez.

—¿Va a abrir hoy la tienda?—preguntó Tom en voz baja.

—Si, pero no hace falta que vengas. Entre David y yo nos las arreglaremos—dijo Gordon tratando de sonreír.

Tom asintió de nuevo y se sentó a su lado para desayunar en silencio, preguntándose donde se había metido la madre de Bill...

—Mi mujer no se siente bien—dijo Gordon de repente, como si le hubiera leído el pensamiento—Se ha tomado una pastilla para dormir y no creo que se levante en todo el día.

"Que raro"—pensó Tom sin poder evitarlo—"¿Me va a dejar toda la mañana a solas con Bill?"

—Buenos días...

Se dio la vuelta de inmediato y sonrió al recién llegado. Era pensar en él y que apareciera de repente a su lado. Se le veía muy hermoso, con su pijama aún puesto, una camiseta blanca de manga corta, descalzo y el pelo revuelto.

Pero al mirarle a la cara no tuvo más remedio que morderse los labios y dejar de sonreír. Tenía unas grandes ojeras que enmarcaban sus castaños ojos, señal de que no había podido dormir preocupado por su futuro incierto...

—Pasa y desayuna, yo me tengo que ir a trabajar—dijo Gordon levantándose—Es mejor que no salgáis de casa, esperad a que regrese a la hora de comer y os cuente si la policía ha averiguado algo más.

Un solo veranoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora