Capítulo 19

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No podía parar de reír mientras arrojaba los bóxers de Bill por lo alto. Se alejó unos pasos y le observó en todo su esplendor, pasándose la lengua por los labios, llevándose una mano a su entrepierna que sentía ponerse dura y palpitar con fuerza.

Su objetivo siempre fue Tom, pero podía divertirse mientras esperaba, así lo hizo con Gustav y Andreas, y Bill no sería la excepción. Siempre le tuvo ganas, tuvo que admitirlo. Verle entrar en la tienda cada mañana para visitar a su padre, sonriéndole al pasar por su lado mientras caminaba con paso decidido, haciendo que su larga melena se moviera al compás de sus caderas...haciendo que su culito respingara con cada paso que daba...

Gimió por lo alto y sonrió más la verle tratar de incorporarse. Se movió con rapidez y se tumbó encima de él, haciéndose un hueco entre sus piernas que separó con violencia.

—Ssshhh.....no te muevas—siseó en su oído.

Separó los labios y pasó lentamente la lengua desde su oído hasta su clavícula, bajando por su dulce cuello, sintiéndole ponerse tenso...

—Siempre me has puesto cachondo, Bill—susurró de nuevo—Era verte y desear follar contigo todas las noches mientras esperaba a que Tom regresara....pero fuiste tú quien se lo llevó, dejándome a mi con las ganas...

Gritó esa última frase al tiempo que llevaba una mano abajo y cogía su miembro en ella, apretando hasta que un grito salió de sus labios. Se echó a reír en voz alta y le soltó de inmediato.

Bajó la cara y empezó a besar su agitado pecho, bajando hasta llegar a su vientre y luego más abajo...

Cerró los ojos cuando sintió que le lamía el miembro de arriba abajo, haciendo que se le revolviera el estómago. No era tan delicado como lo fue Tom cuando hicieron por primera vez el amor, pero tampoco podía exigir demasiado si iba a ser violado...

Quería hacer algo por impedirlo, pero sus manos estaban atadas y solo podía arañar el frío metal. Se sentía aturdido por el golpe, la cabeza se le iba y no tenía fuerzas en las piernas. Solo podía rezar para que Tom le rescatara de un momento a otro.

Sin dejar de lamer y succionar, David le alzó las caderas con brusquedad y coló las manos bajo sus nalgas, separándolas y entrando en su cuerpo con dos dolorosos dedos.

Le escuchó soltar un grito de dolor intenso, pero no paró de torturarle mientras que le sentía ponerse duro en su boca. Era inevitable, lo que le estaba haciendo no se podía pasar por alto y al final iba a disfrutar y pasar un buen rato.

Llevó una mano a su miembro y tras separar los labios empezó a masturbarlo con fiereza mientras jugaba con su entrada, escuchándole gemir por lo bajo sin poder evitarlo. Sonrió cuando alzó las caderas por instinto, arqueó la espalada y soltando un fuerte grito se derramó contra su cara.

Se levantó de inmediato pasándose una mano por los labios. Había estado atento a cualquier ruido que le llegase del exterior y supo que había llegado Tom...en el momento preciso.

—¿Has escuchado ese grito?—preguntó volviéndose.

Tom se hallaba de pie a la entrada del viejo cobertizo, mirando incrédulo lo que pasaba ante sus ojos. Vio a su Bill tumbado en el suelo y desnudo del todo, con David encima suyo haciéndole sufrir....y gemir...

—Pasa, pasa....no te quedes en la entrada—invitó David riendo.

Divisó su pistola en el suelo y se apresuró a recogerla, encañonando a Tom para que no hiciera ninguna tontería. El muy idiota, había acudido solo. No tenía escapatoria, ni Bill tampoco.

Un solo veranoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora