Capítulo 15

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Decidió irse a casa, no entraba nadie en la tienda y estaba preocupado por lo que podía estar ocurriendo allí, mas que nada por lo que pudiera decir sin querer su mujer, presa de los nervios por esos momentos que estaban viviendo. Un asesino andaba suelto, podrían haber convivido con el durante unos 5 años y nadie sin sospecharlo.

Y su hijo, que se había enamorado del chico menos apropiado...a ojos de su mujer, claro. Gordon presentía que tras la dura fachada que Tom lucia estaba ese niño que había visto crecer ante sus ojos, llorar por el abandono de su madre y por todas las veces que le había pegado su padre.

A decir verdad, su hijo no había podido elegir un novio mejor. Tom estaba carente de amor y su hijo tenia mucho que dar, como había comprobado. Tom se preocupaba por él, y cuando se besaban se veía que estaban realmente enamorados.

Por eso no pudo decir que no cuando David le sugirió que se fuera a casa, que él ya cerraba la tienda pues estaba claro que ese día no harían nada. La gente estaba asustada, solo los curiosos salían de sus casas para tratar de enterarse de algo, acudiendo a verle a él antes que preguntar a la policía, que no soltaba prenda alguna.

Se despidió de David y entró en su coche, haciendo una pequeña parada en la comisaría. Necesitaba saber como iba el caso, no por curiosidad, sino por el bienestar de su hijo y del propio Tom.

Solo cuando insistió el agente encargado del caso le contó algunos detalles de la autopsia, sabiendo que podía confiar en el.

—Hemos hallado pruebas evidentes de que el chico fue salvajemente violado y torturado. No hemos encontrado nada del asesino, ni una huella ni rastro de semen ni nada. Estamos como al principio.

Gordon escuchó sus palabras con un nudo en el estomago. Violación y tortura... El pobre chico debió sufrir mucho antes de morir estrangulado como también le informaron.

Les dio las gracias prometiendo de nuevo guardar silencio y regreso a su casa. Por el camino vio alguien salir de ella, respirando aliviado al ver que era Georg. Le saludó con la mano y le vio caminar calle abajo. Se imaginó que se habría enterado y fue a ver si su hijo estaba bien. No se podía imaginar la cara que habría puesto al ver a su rival cómodamente instalado en su casa...

Suspiró y dejando el coche bien aparcado entró en la casa encontrándose una escena que mucho se temía que iba a suceder...




Tras la marcha de Georg, Bill cerró con suavidad la puerta y regresó al salón, encontrándose a Tom con los ojos abiertos y mirando al techo. Les había estado escuchando, no podía negarlo. Suspiró y se le acercó, sentándose en el borde del sofá y mirándole fijamente.

—Así que soy muy dulce—murmuró Tom alzando una ceja.

Bill se sonrojó, recordando la tarde anterior cuando probó su sabor. Dulce, exquisito...se quedaba sin palabras para poder explicarlo.

—Está mal escuchar una conversación privada—le riñó poniéndose serio sin lograrlo.

—Sería privada si hablaseis en otra habitación, además Georg no se preocupó en bajar la voz—dijo Tom acomodándose en el sofá.

—Está dolido, porque te amo a ti y a él no—afirmó Bill.

—¿Me amas? ¿Con toda tu alma?—preguntó Tom conteniendo el aliento.

—¿Y tú a mi?—preguntó a su vez Bill alzando una ceja.

No obtuvo respuesta, Tom se incorporo en el sofá y el envolvió en sus brazos tirando de él hasta tenerlo acostado sobre su cuerpo. Bajó las manos de su cintura y las puso sobre sus nalgas, acariciándole sobre la tela que les separaba.

Un solo veranoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora