Capítulo 3

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Después de un exhaustivo trabajo, teniendo que acomodar los muebles y arreglar las habitaciones, por fin todo está listo. Mi recamara tiene un balcón que da para la casa de enfrente, esa donde vive el pelinegro que no pudo ni siquiera saludar a sus nuevos vecinos. No lo culpo, los mortales quedan anonadados con nosotros desde el momento en que nuestras miradas se cruzan, pero con él las cosas se sintieron diferentes.

Su mente de verdad no podía procesar nada, solo pude leer que quería saludar, pero le era imposible. Después su celular sonó y me fui con Rose, pero sentía su mirada fija en mi caminar, a los pocos minutos escuché un carro y su figura desapareció. Por alguna razón siento que su rostro lo he visto en algún lugar, sus ojos y ese cabello azabache se me hacen tan familiares.

—¡La cena está lista!

Mi madre interrumpe mis pensamientos, ella y su manía por gritarnos siempre. Aun sabiendo que tenemos los sentidos súper desarrollados, se empeña en gritar. Es tan molesto.

[...]

La carretera a estas horas es muy oscura; yo odio la oscuridad. Desde aquel accidente en el que perdí a mis padres, le tengo un odio y un miedo a la oscuridad, el no poder ver lo que pasa en las sombras me vuelve loco. Por eso mi abuela siempre dejaba una pequeña lámpara a lado de mi cama, ahora que soy un adulto ese miedo ha ido desapareciendo, pero lo sigo odiando.

El cielo se ilumina con un relámpago, igual que esa vez hace diecisiete años, la única diferencia es que ahora solo soy yo en el auto, porque ellos me dejaron hace mucho tiempo. El estéreo reproduce Claro de Luna, esa canción siempre me relaja en cualquier momento, es de mis favoritas. Mis ojos por fin divisan a lo lejos el gran portón de herrería y los faroles de la colonia iluminan mi camino. He llegado a casa.

[...]

La sangre de mi copa se desliza por mi garganta, perfectamente añejada desde la segunda guerra mundial, tiempos oscuros, pero que cosecha tan deliciosa. Puedes sentir el miedo y preocupación en cada gota, el sabor metálico se extiende por toda la garganta y le añade un toque exquisito.

Mi familia se sienta a la luz de las velas para platicar los asuntos importantes, todos concentrados en su conversación, pero yo puedo escuchar perfectamente como un carro se estaciona frente a nuestra casa. La puerta del conductor se abre y una bolsa de plástico es aplastada, las suelas de sus zapatos pisan fuerte el pavimento y puedo escuchar claramente como su corazón late velozmente, y también puedo oler ¿miedo?

Nuestros sentidos son demasiado sensibles a cualquier sonio u olor, incluso llega a ser muy molesto en algunas ocasiones, no es algo que lo podamos controlar, lo único que somos capaces de dominar son nuestros poderes y nuestra velocidad, tal vez la fuerza un poco, pero es demasiado complicado. No fuimos diseñados para tratar con delicadeza a los cristales, todo lo que toquen nuestras manos se hará polvo. Bueno, eso decía mi abuelo, ahora cada vampiro adulto tiene, en su mayoría, el control sobre su cuerpo.

Puedo leer la mente de quien haga contacto visual conmigo, pero hay una variante en otros, algunos de mis parientes pueden leer las mentes de quienes estén a su alrededor sin verlos directamente. También soy capaz de controlar mi sed y mi fuerza, hasta que esté en un éxtasis. Cuando mi mente se desconecta de mi cuerpo puedo ser un arma mortal.

Escucho el tintinar de sus llaves y como la puerta se abre y se cierra, su respiración sigue estando agitada, muy vagamente escucho un hilo de voz proveniente de su boca: —No de nuevo.

—¿De nuevo?

—¿Pasa algo, hijo?

—Nada, solo que aún no puedo creer que pronto será la reunión anual con Los Bianchi.

Además de la gran audición que tenemos, también poseemos una concentración e inteligencia muy superior a los humanos. Simplemente, en cada pequeña cosa, siempre seremos mejores. Eso corre por nuestro ser. Ese veneno que nos mató, en realidad nos hizo evolucionar.

—El tiempo pasa rápido para nosotros.

—Sí, supongo. —Doy el último sorbo a mi copa y me retiro de la mesa —Estaré en mi habitación.

—Buenas noches, hermano.

—Los vampiros no duermen, Rose.

—Tampoco nos llenamos con una sola copa de sangre.

—Tal vez estoy guardando apetito para salir a cazar.

—Tal vez.

Rose siempre se fija en los pequeños detalles. Bueno, no la culpo. Cualquiera que tenga el poder de ver el futuro se vuelve muy observador y un poco paranoico. Sus visiones son subjetivas, pueden cambiar, es una ventaja, pero también implica sobre pensar las cosas.

[...]

Desde que llegamos, Mew ha estado pensando demasiado, incluso más que yo, hasta parece que fue él quien descubrió lo que significaba su visión de hace treinta años. Ese pelinegro no es de los nuestros, y aun así se coló en mi mente. Ningún mortal había aparecido en una hasta hora.

—Bonita noche, familia. —respondió Mew y desapareció por las escaleras hacia su habitación.

[...]

Sentado en el ventanal de mi balcón, el aire frio me pega en la cara y escucho su silbar combinado con el crujido de las hojas de los árboles. Son pasadas de las dos de la mañana, todas las casas están en completa oscuridad, menos la de enfrente. He oído su caminar durante horas, prende y apaga las luces, pero sigue despierto.

El sonido de su puerta me sorprende y veo su figura caminando hacia el bote de basura. Lleva un pants color gris y una sport blanca, su piel color canela brilla bajo los rayos de la luna, parece tan calmado caminando, pero puedo oír perfectamente su corazón latir. Han pasado horas desde que llegó y aún sigue agitado

¿Qué es lo que lo tiene así?

Deposita la bolsa negra en el contenedor de metal y se gira sobre sus pies para caminar de regreso a su casa, pero entonces decido ser yo quien haga lo que él no pudo hacer en la tarde.

—Buenas noches, vecino.

[...]

capítulo editado.

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