26. Como si fuese el último.

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POV MARTINA.

- Lourdes, te lo digo muy en serio, yo así no puedo trabajar.-

Levantó la vista de los papeles que estaba revisando con la sorpresa dibujada en su mirada. Yo estaba en la puerta de su oficina, que acababa de abrir sin tocar. Me introduje y la cerré con algo más de fuerza de la necesaria.

- ¿Qué?- Soltó el bolígrafo que sujetaba y se irguió en su silla.

- Que no puedo. Me lo pones muy difícil.- Avancé un par de pasos hacia su escritorio.- Tienes que poner un poco de tu parte, ¿sabes?, no puedo hacer yo sola todo el trabajo.-

- Qué mierda dices, Mar. Si el informe lo terminamos ayer...- Levanté la mano haciéndole una señal para que dejase de hablar.

- No puedo trabajar contigo así de guapa en la oficina de enfrente.- Se cruzó de brazos y alzó una de sus manos hasta su rostro, para apoyar la barbilla entre el dedo pulgar y el índice. Pero sus labios ya dejaban asomar una sonrisa.- Yo lo intento. Te juro que lo intento.- Apoyé ambas manos encima de su mesa, y me incliné ligeramente.- Pero es que cada vez que subo la mirada y te veo me dan muchas ganas de venir a secuestrarte para llevarte conmigo.- Mi expresión seguía siendo seria, y la suya cada vez más divertida.

- Mmmm... No me gusta que me eches la culpa de tu falta de productividad, ¿qué sugieres que haga?-

Me moví para acercarme a su silla, rodeando el escritorio, y apoyé mi cadera sobre él despreocupadamente. Agarré el bolígrafo que ella había dejado momentos antes y me lo llevé a los labios con expresión pensativa. Ella giró ligeramente su silla, para mirarme de frente.

- A ver, podríamos empezar por la ropa.-

- ¿Qué le pasa a mi ropa?-

- Te queda demasiado bien.- Paseé mis ojos por la blusa de tirantes, hasta llegar a las piernas que dejaba al descubierto aquella falda negra.- Pero mi mayor problemas son los tacones. Me pone demasiado como te quedan.- Vi que apretaba algo más las piernas que tenía cruzadas y mi expresión seria se tambaleó. Volví a mirarla a los ojos, y aunque seguía sonriendo, sus iris me decían algo más.

- Osea, que mis tacones son un problema. Vale, ¿alguno más?-

- Bastantes más. Ese recogido, por ejemplo. Me encanta como te queda el pelo suelto, pero cuando te lo recoges puedo verte la cara sin nada de por medio.- Chasqueé la lengua fingiendo desaprobación. Ella elevó las cejas en respuesta.- Me distrae, Lourdes. Que seas tan guapa me distrae. Así que tienes que hacer algo.-

No apartó sus ojos de los míos, y sus labios ya casi no me sonreían. Tenía una expresión pícara que estaba haciendo que mi fingida seguridad se tambalease.

No sé por qué cojones me hago la valiente contigo.

- Los tacones, el pelo y la cara, entonces.- Se levantó de la silla y su perfume me llegó como una bofetada.

Vi cómo miraba a ambos lados. La oficina de la izquierda estaba vacía, pero la de la derecha no. Dio un pequeño paso hacia mí, lo suficiente como para que la gente pensase que estábamos manteniendo una conversación normal, y para que sus ojos quedasen peligrosamente cerca de los míos.

El arquitecto que diseñó estas oficinas se merece la peor de las muertes. ¿Qué tenía en contra de las paredes?

- Creo que no puedo ayudarte, Mar.- Le salió la voz tan ronca que me provocó escalofríos. Levantó una mano para agarrar el bolígrafo que yo aún sostenía contra mis labios y me lo quitó con suavidad. Se lo acercó a la boca y lo introdujo entre sus dientes mientras volvía a sonreírme.

Tu olor // MartuliHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora