POV MARTINA.
- ¿Y si le das una oportunidad al azul marino?-
- Odio el azul Martina.-
Bufé y volví a soltar la blusa en el perchero del que la había cogido. Habíamos decidido pasar la mañana del sábado de compras. En realidad lo había decidido ella, porque yo había votado por que nos quedásemos en su casa todo el día metidas en la cama. Me convenció diciéndome que era lo que llevábamos haciendo dos sábados seguidos, y tenía razón. Durante las últimas dos semanas, dormíamos casi todos los días juntas, alternándonos entre su casa y la mía. A mí me gustaba pasarme el fin de semana acurrucada contra ella en cualquier superficie mullida que pudiese encontrar, pero aquel día no había tenido suerte.
- Es imposible que odies este azul, porque es prácticamente negro Lu.- Volví a insistir, pero sabía que era una batalla perdida. Llevaba la última hora y media intentando que Lourdes se comprase algo que no fuese negro, pero tampoco había podido convencerla de aquello.
- Prácticamente no me vale. Yo quiero negro.- Me lo dijo con una sonrisa de superioridad que sabía que me molestaba. A ella le encantaba que me molestase. Y a mi me encantaba ella, con el pelo recogido en aquel moño adorable y su falda vaquera.
Intentó seguir avanzando entre los percheros, pero la enganché de la mano, obligándola a girarse hacia mí. La rodeé con mis brazos como pude, atrapando los suyos e ignorando el ruido de las bolsas que llevaba cuando se cayeron al suelo.
- Eres una niñata. No me pongas esa sonrisa de chulita- Fruncí el ceño fingiendo un disgusto que no sentía y dándole un apretón delicado.
- Auu.- Intentó liberar sus brazos, pero no le dejé.- Yo seré una niñata pero tu eres una matona. Suéltame Mar.-
Me di cuenta de que la gente nos miraba, pero no me importó lo más mínimo. Últimamente nos pasábamos la mitad del tiempo así, peleándonos sin importar el sitio en el que estuviésemos. La otra mitad la pasábamos con las manos una encima de la otra y caras de idiotas. Hasta yo reconocía que éramos bastante insoportables.
- Lu, por favor, compórtate. ¿No te das cuenta de que la gente nos está mirando?- Volvió a mover los brazos intentando escapar de mi encierro, mientras que giraba la cara para observar como, efectivamente, la mitad de la tienda nos estaba mirando hacer el imbécil. Cuando volvió a girarse hacia mí, vi que se había sonrojado ligeramente.
- Mar, suéltame, estamos montando el espectáculo.- Esa vez me lo decía medio en serio. Siempre acababa avergonzándose ella primero. Negué despacio.
- Pídeme perdón y dame un beso.- Volvió a agitar los brazos mientras chasqueaba la lengua con fastidio.
- Parecemos el circo Martina, suéltame, te lo digo en serio.- Miraba a los lados avergonzada, y a mí la situación me hacía cada vez más gracia.
- ¿Me estás llamando payasa?- Alcé la voz deliberadamente, y ella me miró con los ojos muy abiertos mientras me chistaba, suplicándome que me callase.- Pídeme perdón por llamarme payasa, por decirme Martina, y por ser una niñata.-
A aquellas alturas ella sabía que yo no la iba a soltar hasta que no cediese y que no tenía otra opción. Clavó sus ojos en los míos con una furia de lo más cómica y empezó a hablar casi sin mover la mandíbula.
- Perdóname por decirte payasa, por decirte Martina y por ser una niñata. Suéltame pedazo de tonta.-
- Te falta el beso.-
Vi como el cabreo desaparecía de sus ojos, y esbozaba una sonrisa casi imperceptible. En un segundo, acercó nuestros rostros hasta que recibí su boca entreabierta. Aquello me desconcentró por un momento, y mis brazos se aflojaron. Ella aprovechó para liberar los suyos y rodearme el cuello con las manos sin dejar de besarme. Cerré los ojos y disfruté de los besos cortos que alternaba con pequeños toques de su lengua.
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Tu olor // Martuli
Hayran KurguLourdes González se empeña en ignorarme, en no dejarme entrar en su vida. Pero yo, que me la quiero comer a besos, sabía que nuestros caminos tenían que cruzarse. Y lo hicieron. ____ ADAPTACIÓN MARTULI • Todos los derechos a la autora original.
