Mely tenía solo siete años cuando comenzó a tomar tres pastillas al día, una cada cinco horas, sin comprender realmente qué estaba tragando. Para ella, eran "dulces mágicos" que su papá le daba para que creciera fuerte, como él decía con una sonrisa que intentaba parecer tranquila. Pero cada vez que aquel supuesto dulce se deslizaba por su garganta, algo dentro de su mundo se apagaba: entendía menos a sus amigos, las voces en su cabeza se volvían murmullos distantes y, a veces, Niki —su Niki— se volvía transparente, como pintura diluida por la lluvia... hasta desaparecer por completo, dejándola sola. No lo entendió sino hasta dos años después.
En la escuela, poco a poco las cosas se "normalizaron". Mely logró hablar con algunas niñas, reír con ellas en el descanso, jugar a las escondidas. Parecía que, por fin, la vida se acomodaba. Pero cada cierto tiempo, mientras escuchaba sus risas, juraba ver la sombra de Niki cruzando detrás de los columpios, o la figura de Copa recargada en la cerca del patio. Y a veces, las voces regresaban—más débiles, pero más crueles.
Nadie te quiere.
Solo te soportan por lástima.
Vete. Protégete. Huye.
Mely solo apretaba los dientes y respiraba profundo. Esa noche, mientras preparaba su cama para dormir, su papá entró suavemente a la habitación.
—Mely, es hora de tus dulces —le dijo con voz cansada—. ¿Qué tal tu día en la escuela?
—Bien —respondió ella, procurando sonar casual—. Mis amigas quieren hacer una pijamada mañana. ¿Puedo ir?
Su papá suspiró y se sentó al borde de la cama, masajeándose la frente.
—Claro que te dejo —respondió, aunque su tono arrastraba preocupación—. Pero... tendrás que aprender a controlarte.
—¿A qué te refieres? —Mely ladeó la cabeza.
—Si ves a Niki... o a Copa... o a cualquiera de tus amigos —hizo una pausa, como si la palabra "amigos" le costara—, tienes que actuar como si no estuvieran.
Mely bajó la mirada.
—Oh... cierto. ¿Y si me tomo dos pastillas?
—No, Mely. Dijeron una. Solo una.
Ella soltó un suspiro triste.
—Está bien...
—¿Quieres deshacerte de mí? —se escuchó la voz de Niki, dolida, casi un susurro en su oído.
Mely apretó la mandíbula.
—Cierra la boca... ahora no —murmuró entre dientes, antes de tomar la pastilla.
Su papá revolvió su cabello con cariño.
—Buenas noches, Mely.
—Buenas noches, papá.
Cuando la puerta se cerró, la habitación se sumió en penumbra. Mely encendió su lámpara de estrellas, su refugio, su falso cielo personal.
—¿Quieres... deshacerte de mí? —repitió Niki, más suave esta vez.
—No, Niki... —dijo ella dándole la espalda—. Solo... quiero que no estés conmigo mañana.
—¿Por qué? ¿Por qué no quieres que esté contigo? —su voz se agrietó—. No lo entiendo...
—Solo quiero tener amigas, Niki.
—Me tienes a mí.
—Pero... tú eres hombre. Yo quiero amigas mujeres.
Niki tragó saliva, o algo parecido a eso.
—¿Mi amistad no es suficiente? ¿Acaso soy insuficiente?
ESTÁS LEYENDO
Amigo Imaginario ━ Ni-ki
Hayran KurguPara un niño pequeño es normal tener un amigo imaginario, pero para sus padres es un poco preocupante. Mely era una pequeña de cinco años la cual, tenía un amigo imaginario con el cual jugaba y hablaba todo y todos los días, sus padres no se preocup...
