Las semanas pasaban casi como un suspiro para Madison, había estado muy ocupada repitiendo su curriculum infinitas veces, era tan extremadamente perfeccionista que a la mínima lo rompía y empezaba de nuevo. Entre tanto, se paseaba todas las mañanas en busca de alguna oferta de trabajo, y a su vez de tanto en tanto, limpiaba la casa a fondo, odiaba la más mínima particula de polvo, por lo que en cuanto veía un mota, corría a coger el trapo y el plumero. Aquella bonita mañana de lunes, había preparado su carpeta con múltiples copias, había escuchado que iban a abrir un nuevo bar de zumos tropicales, y había visto en el exterior un papel que anunciaba que buscaban empleados, pensó que aquella sería su oportunidad, así que el primer sitio donde lo echaría, sería allí, con un poco de suerte, podría ir ahorrando desde ya para asistir a la Universidad como el resto de chicos normales, el estar parada era algo que le frustraba, más aún, si se trataba del asqueroso dinero. Ella siempre se despertaba antes que su compañera, y aquel día, había decidido hacerle un buen desayuno en agradecimiento a todo lo que ella le habia dado, que no era poco; tenía un techo sobre el que dormir y amigos.
—Buenos días, ¿tenemos visita hoy? — Blanda acababa de terminar de arreglarse y se dirigía a prepararse algo rápido para marcharse, cuando de repente vio que la mesa ya estaba puesta. Donde Madison estaba sentada, había un plato vacío y otro en su sitio. El centro de la mesa era todo un espectáculo de color; su amiga había hecho macedonia de frutas, zumo de naranja y un par de tostadas para cada una—.
—No, que va, me pareció buena idea que desayunáramos juntas, ya sabes sin quitar tu tiempo preparando cualquier cosa —dijo ella, encogiéndose de hombros a la vez que sonreía—.
—¿Ves? Por estas cosas prefiero vivir en compañía, y no pude elegir una mejor que la tuya —sonrió y le propinó un fuerte beso en la mejilla, seguido de una cálida sonrisa. Ésta se sentó a su lado y se dispuso a echarse un poco de todo, ya que no le gustaba hacerle el feo de no probar bocado—. Tiene todo una pinta estúpenda, muchas gracias. Es un detalle muy...romántico —bromeó, probando la macedonia, ésta hizo un sonoro ruido para que supiera que aquello estaba de vicio, pues nunca había probado una macedonia con licores de frutas. Agradeció que Madison tuviese tanta mano para casi todo en la cocina, estaba claro que desde pequeña había tenido una gran maestra—. Sencillamente exquisito, así tendré fuerzas para afrontar el día —sonrío—.
—Bueno, y, ¿cómo te va en la Universidad? —dijo, mientras tomaba un poco de macedonia y zumo de naranja—.
—Bastante bien, ya sabes, dicen que si haces lo que te gusta todo es más fácil. Hoy las clases prometen ser interesantes, ¡me muero por aprender nuevas técnicas de dibujo! —pronunció con gran entusiasmo, en lo que llevaban juntas, ambas habían conocido más la una de la otra, Madison le había dicho que le gustaba tocar la guitarra prácticamente desde que era pequeña y que, no acudía a la Universidad por falta de recursos, pero que amaba todo lo relacionado con los idiomas, en especial el inglés y el italiano, eran uno de sus fuertes, aunque también le había dicho que le había gustado latín, y en menos medida el griego—.
—Bah, entonces no necesito desearte suerte en nada, de todas formas eres muy buena en todo lo que haces, amo tus diseños, yo no sería capaz de dibujar algo así, aunque me gustaría —sonrió y curiosa, pero a la vez con necesidad de saberlo, procedió a preguntarle—. Por cierto, ¿sabes algo de Joseph? No le veo desde que... —lo cierto es que no lo había visto desde la fiesta de bienvenida que le hizo su amiga cuando se había mudado allí—.
—No, no sé nada de nada, he estado yendo a su campus para buscarle en los descansos y al terminar las clases, pero sin éxito, Brandon tampoco sabe nada. No te preocupes, seguro que está ocupado —se encogió de hombros a la vez que terminaba su desayuno. Tras aquella leve conversación, se dispuso a equiparse con su mochila, para después despedirse—. Debo irme ya, gracias por el desayuno, si le veo le diré de tu parte que le echas de menos —comentó divertida, abrazando a su amiga antes de desaparecer por la puerta—.
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Mi destino eras tú.
Teen FictionMadison es una chica normal y corriente de un pequeño pueblo de Rhode Island. Tras una serie de sucesos que transcurren en su vida, decide alejarse de su amada familia y de todo lo que Richmond le recuerda. La jóven emprende un viaje hasta un pueblo...
