¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
—Monstruosa tu cara.- Atacó verbalmente el sueco. Volteó su rostro y miró con enojo a la lechuza que abandonó su cabeza y se sentó en el suelo, mirándolo con monotonía.- ¡Maldición, Mirtha!, ¡¿Por qué no te mueres de una vez?!, ¡Incluso eres más vieja que Argentina!
La lechuza giró su cabeza ofendida mientras empezaba a sacudirse en su lugar molesta, aun asi extendió su pata en dirección al sueco mostrando que un carta estaba entre sus garras.
La carta estaba enrollada y tenía un pequeño hilo rojo que sujetaba la misma para que no se desarmara en pleno vuelo.
El sueco al ver esto agarró la carta siendo observado detenidamente por todos en la sala de reuniones.
—Es de Uruguay... — Murmuró sorprendido el sueco. Hace varios meses no recibía ningún mensaje del uruguayo. — Debe ser importante.— Se quedó unos segundos pensando en las catástrofes que pasaron para que el uruguayo le mandara una carta, hasta podía llegar a imaginar que alguien murió. Abrió lentamente el sobre, esperando a que el mensaje no fuera tan grave.
Creo que es lunes... O martes... Quizás miércoles. No sé abuelo, estoy muy colgado.
¡Hola, abuelo! ¿Me podrías traer unos chocolates? Es que tengo hambre y papá me regañó por romper un vaso con la pelota y no me deja comprarme chocolates.
Con cariño: tu nieto favorito. Uruguay el más capo.
El sueco sonrió aguantando internamente gritar de ternura. Al notar que estaba en público, sólo soltó un suspiro pesado luego de fingir una mueca seria.
— Es mi nieto. — Le dijo a los presentes que se quedaron observando con interés al sueco con su carta.
— Ouh... Espera un momento. ¿Ya tiene un hijo ese Allentina?— Pronunció mal el nombre del nuevo país, ya que no se acordaba cómo se llamaba.
—Argentina, retardado.— Lo corrigió Suecia mientras guardaba la carta en su bolsillo y dejaba que la lechuza se sentara en su brazo libre.— Y sí, ya tuvo unos cuantos.— Se fue caminando a la salida. Ya estaba más o menos sobrio, lo suficiente para caminar y no caerse de jeta contra el piso.
El FBI bloqueó con su cuerpo la salida y se quedó mirando fijamente al sueco a través de sus lentes oscuros. Suecia lo miró levantando la cabeza para lograr chocar la mirada con el poste de luz en frente suyo.
—¿Qué mierda haces?
—No se puede ir, Sr.Suecia. Aún debe arreglar este tema.
—¿Qué tema? Estos tarados ni en tres mil años van a lograr mirar ni tocar a mi pimpollo.
— Aww..— Balbuceó con ternura Francia al escuchar el apodo tan cariñoso que venía de la boca llena de basura del vikingo.