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Rusia y China se miraron por unos segundos, como si hablaran mentalmente. Luego de un corto periodo de tiempo ambas potencias se giraron para ver al niño en el borde de la puerta. En el Euro-asiatico se dibujo un intento de sonrisa, que más que eso formó una especie de mueca. Eso logró confundir a la provincia, que frunció su ceño confundido por la extraña mueca del ladrón más alto.
Tomando desprevenido a Salta el chino lo jalo adentro de la habitación, cerrando la puerta detrás de él asegurándose que nadie los haya visto.
—¡Más cuidado, gato!— Se quejó después de recuperar el equilibrio ya que estuvo a punto de caer. —O me van diciendo que hacen acá o llamo al abuelo y les mete una escopeta por el ojete. Y créanme... no van a querer saber por donde sale la bala.— Amenazó señalando a ambos.
—Escúchame bien, mocoso. ¿Cuanto por tu silencio?— Preguntó serio con un acento muy marcado.
Para mala suerte de los aliados la familia sueca definitivamente no son idiotas. Por más cara de imbeciles que tengan los hijos de Argentina pudieron ver de que eran capaces gracias al demonio de Uruguay. Cuando estaban por si territorio los llevó directamente a un campo minado, donde ONU casi se muere.
Una sonrisa maliciosa apareció en el rostro de Salta. Un escalofrío recorrió la columna vertebral de ambos asiáticos. La sonrisa de aquella provincia era muy similar a la de Third Reich, ¡Incluso sus dientes eran afilados! No tanto como los del ex-dictador, pero lo suficiente para parecer dientes de piraña. No era la única similitud con el Nazi, de hecho sus colores son parecidos; rojo -bordó- y negro, un circulo en el medio y una especie de escudo. Si no supieran que el dictador está muerto definitivamente pensarían que es su hijo, ¡Incluso se parece a él más que Alemania!
Salta camino a paso lento hacia el escritorio de su padre -que está delante de un ventanal- y se sentó en la silla, cruzando una pierna por sobre otra. Apoyo sus codos en el escritorio, entrelazó sus dedos y apoyo su cabeza sobre ellos, haciendo más hancha su sonrisa.
—(Demonios)— Pensaron al mismo tiempo, cada uno en su respectivo idioma. Saben con solo esa acción que lo que ese mocoso iba a pedir no va a ser nada fácil de cumplir.
No conocen bien a los hijos de Argentina. Cuando fueron a recorrer el país todos se mantuvieron a una distancia razonable, sin acercarse a ellos a menos que su abuelo o padre se los pida. Algunos incluso los ignoraron, los miraban desde lo lejos o simplemente desaparecían de la nada. El hecho de que no sepan nada de ellos los deja en desventaja en ese momento. Al único al que llegaron a conocer fue a Uruguay, pero si él fuera quien lo descubrió ahora ya estarían llamando a sus territorios para pedir algunas bombas o misiles para que el de franjas "juegue".
Salta, por su parte, sonrió mentalmente emocionado. Ahora veía porque Third Reich había lanzado a Misiones por la ventana ¡Ese sujeto gigante parecía su padre! Era como verlo a él solo que invertido y mucho más alto. Si él fuera el Nazi definitivamente dudaría gradualmente de Argentina y su fidelidad.