twenty three

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—¿Pa?— La voz de Tucumán retumbó en todo el lugar

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—¿Pa?— La voz de Tucumán retumbó en todo el lugar.

—¡Pa!— Grito intentando llamar la atención de Argentina.

—¡PAPÁ!— La imágen de su hijo ensangrentado llegó a su cabeza.

Los ojos del albiceleste se abrieron de golpe, sus labios se separaron y estuvo por gritar en un instante. Su respiración agitada y sus latidos frenéticos erizaron su piel, su pecho le dolía tanto que tuvo que tocarlo con su palma. Su corazón parecía salir de su pecho, era la sensación de miedo más horrenda que ha tenido en su vida. Separó las manos de su pecho y subió una hasta su cabeza.

Estaba sudando frío.

—La puta que me parió.— Insultó antes de levantarse de la cama. No soportaba más estar sin sus hijos, iría el solo a buscarlos, al carajo con los demás.

Salió de la cama, sus pies se congelaron al tocar el piso. Un escalofrío recorrió sus piernas, eran las tres de la madrugada, el frío incrementaba a esas horas. Se puso unos zapatos y varias prendas de piel, calientes y perfectas para hacer la expedición. Se aseguró que nadie lo escuchara salir, no está dispuesto a escuchar como le dicen que se calme y espere hasta que amanezca.

Empezó a caminar hacia el bosque, hundiendo la nieve por cada paso que da y llamando la atención de los búhos que giraban sus cabezas para seguir el paso del país. Los ojos de los animales brillan en rojo a la noche, dándoles una apariencia más tétrica de la que les da la oscuridad. Cada vez que respiraba vapor salía de su boca, el oxígeno es escaso en el frío y hay que saber controlar tu respiración para sobrevivir mínimo una hora en lugares como ese.

Sus manos empezaron a temblar por la desesperación, sintiendo como por cada paso que da el bosque se hace cada vez más y más profundo; su cuerpo le pedía que descansará, sus pulmones parecían querer congelarse y la nieve sobre el solo empeoraba el frío. Generalmente aquel país no sentiría el frío, nisiquiera se daría cuenta de que esta afuera, pero se siente desorientado, nisiquiera sabe para donde está yendo. La imagen de Tucumán llamándolo con desesperación solo lograba que no supiera que esta haciendo y las pocas horas que estuvo durmiendo esos últimos días no le ayudaban para nada.

Cuando su corazón dejó de latir por un momento se quedó paralizado, sintiendo como sus músculos se tensan y una sensación abrumadora lo invade. Sus ojos se movieron solos hacia un lado, descubriendo frente a él la entrada a una cueva que no se veía muy cálida. Soltó el aire que en ese momento se había juntado en sus pulmones y empezó a caminar lento hacia el interior de la cueva, escuchando el goteo que caía del techo a causa de la humedad.

Los ojos de Argentina estaban tan abiertos que daba miedo, sus pupilas se achicaron de la impresión y su mente se quedó en blanco por un largo tiempo. Dio un paso hacia adelante, perdiendo fuerza y terminando de rodillas frente a los cuerpos ensangrentados de su hijos. Por inercia empezó a reírse, generando una escena nada linda al tener los ojos rojos por la irritación de estar tan abiertos y querer llorar.

—Esto es una puta broma, ¿Verdad? — Agarro el cuerpo de Uruguay, alterado al ver que estaba demasiado frío. — No es divertido, Uruguay. Despertate si no querés que te quite tus chocolates de por vida. — Amenazó serio. Su expresión temblo cuando su hijo no respondió, a este punto siempre responde. — Tucumán, no juegues. — Miro ahora a su otro hijo, congelandose al ver un hoyo en su cabeza que pasaba hasta el otro lado.

Argentina empezó a alterarse, mirando los cuerpos de sus hijos sin aceptar que estén muertos. Esto definitivamente era una broma y ahora ambos se iban a levantar para burlarse de que se haya creído la broma, haciendo que él se enoje y los regañe por hacer eso. Sí, definitivamente eso iba a pasar, el hecho que Uruguay estuviera congelado casi por completo, frío y sin respirar solo era falso. También era falso el hoyo en la cabeza de Tucumán, que dejaba ver rastros de sangre seca y un gran charco de sangre congelada en el suelo, sus ojos abiertos de par en par con sus pestañas congeladas y manchas de sangre también eran falsas.

— Dije que ya fue... suficiente. — Su voz empezó a quebrarse. —No es gracioso... dejen de bromear... porfavor... — Las lágrimas empezaron a bajar por sus ojos mientras abrazaba los cuerpos de ambos niños. —Porfavor... ya... ya no los castigaré, lo juro, porfavor, despierten! — Se aferro a sus hijos con esperanza de que despertarán.

Las horas empezaron a pasar. Argentina se quedó al lado de sus hijos toda la mañana, sonriendo forzado mientras esperaba a que ambos se levantarán y lo abrazaran, dejando por fin la broma de lado. Durante ese tiempo empezó a hablar con ellos, contándoles anécdotas divertidas de cuando eran bebés, con la esperanza de que por fin se rían o se quejen de que eso es vergonzoso... pero nada. No importaba de que hablara, cuanto haya esperado o incluso que les dijera que sus hermanas los estaban esperando, ellos nunca se movieron.

—¡Argentina! — Suecia entró desesperado a la cueva. En su hombro Mirtha se empezaba a mover nerviosa y preocupada, siendo que apenas ver al Argento volo hacia el para apoyarse en sí cabeza.

Suecia salió se su casa disparado apenas notar que su hijo no estaba en su habitación, dejando a cargo de las niñas a España. Estuvo corriendo por toda la provincia hasta que Mirtha empezó a picarle la cabeza desesperada e intentando arrastrarlo hacia una dirección. El ver a su pequeño Argentina sentado en el suelo, llorando y contando anécdotas como si el no estuviera ahí no fue nada lindo.

—Argentina...— Lo llamo con cuidado, no queriendo alterarlo más de lo que ya estaba.

—Es una broma... ellos solo están bromeando, ¿no es cierto, Papá? — Preguntó Argentina tratando de no quebrarse ahí mismo. — Jaja, ¡Es una broma piolarda! Me la creí...

Argentina temblaba en su lugar. Había visto a tanta gente morir a manos de su padre y Third Reich que pensaba que ya no le iba a afectar en nada ver más muertes, incluso había adaptado algunos de los hábitos de su padre... ¿Era ese su castigo por el egoísmo de su padre? No era posible... no con sus provincias... no sus hijos...

—¿Qué?, ¿A qué te...? — Suecia no termino su frase cuando el sol alumbró con más fuerza, iluminando mejor la cueva y dejando a la vista ambos cuerpos en el piso; llenos de sangre y claramente muertos.

? — Suecia no termino su frase cuando el sol alumbró con más fuerza, iluminando mejor la cueva y dejando a la vista ambos cuerpos en el piso; llenos de sangre y claramente muertos

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Hasta acá el capítulo, gente!

Es corto, pero es seguido al otro así que eso lo compensa 👍

Preguntas;

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