7. (Casi) besito de mermelada

504 43 5
                                    

Giro mi cabeza como si la hubiera puesto a cámara lenta, rezando a todos los dioses y santos habidos y por haber, para que esa voz "conocida" no sea quien yo creo que es. Y cuando mis ojos encuentran los suyos...

¡Madre del amor hermoso! Todos los dioses están apagados o fuera de cobertura. ¡Maldito el padre que os engendró!

— Señorita Desa — me llama Elody — ¿Quién es él? — pregunta curiosa y sin quitarle los ojos de encima a este monumento de casi dos metros con ojos azules intensos y pelo sedoso que dan ganas de...

¡Céntrate Des!

— Einar Gleeson, señorita...— le dice con una sonrisa y mirada amable a la pequeña rubia.

— Elody — responde ella sonrojándose y mirándolo como si fuera un jodido príncipe azul. Volteo los ojos y carraspeo.

— Señor Gleeson, si viene a por las mermeladas para su abuela...— intento explicarle.

— Vengo a la clase. — me corta — Usted me invitó. ¿No recuerda? — me pregunta divertido.

¿Me está tomando el pelo?

— ¿Es su novio, señorita? — pregunta Mara, una pelirroja de diez años.

— ¿Qué? — pregunto en estado de shock mirando de reojo al señor Gleeson. ¿Está sonriendo? — No Mara. El señor Gleeson ha venido a aprender, como vosotros.

— Pero todos los lugares están ocupados — se queja Michael mirándolo serio.

Uy, uy, uy... aquí está Michael y su faceta de sobreprotector.

— No es problema, el señor Gleeson cocinará conmigo — le explico a Michael, a quien por el gesto que hace, no parece hacerle mucha gracia — acompáñeme — le indico.

— Bien, una vez comprobado que tenéis todo lo que necesitáis, ¿Cuál es el siguiente paso? — les pregunto.

— ¡Lavarse las manos! — contestan al unisono sacándome una sonrisa.

Después de lavar bien la fruta que cada uno ha elegido, nos disponemos a cortarla. Dejo al señor Gleeson cortar las manzanas, mientras yo me acerco a las mesas y ayudo a quien se le dificulte la tarea. Cuando llego a la mesa de los mellizos, me sorprende ver a Elody sola.

— ¿Michael te ha dejado sola cocinando?

— Está con tu novio — me dice sonriendo y antes de que pueda sacarla de su error, continúa — yo que tú, iría en su ayuda — me aconseja señalando con su cabeza mi mesa de trabajo — ya sabes cómo puede ser Michael.

Según me acerco, me sorprendo más, Michael se está burlando del señor Gleeson porque sus dedos grandes le impiden cortar la fruta lo suficientemente pequeña. Y él con casi dos metros solo se muerde la lengua.

Tal vez, no sea tan ogro como pensaba...

— Michael — le digo posicionándome detrás suyo y consiguiendo que dé un respingo.

— ¿Señorita? — me pregunta volteando su cabeza en mi dirección y mirando triste. Sabe que ha hecho mal.

— Michael, mírame — repito suavemente agachándome a su altura. Él levanta la vista al notar que mi tono no es de reproche — ¿Qué hacemos en esta clase cuando a alguien se le dificulta una tarea? — le pregunto con cariño.

— Ayudar — susurra Michael.

— ¿Y cómo crees que le ayudará la burla a él? — le vuelvo a preguntar señalando al señor Gleeson que sigue la conversación en silencio y con atención.

Dulce y sin azúcar añadidoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora