Giyuu Tomioka estaba contenta con su vida atendiendo la floristería de su incapacitada tía, hasta que accidentalmente es arrastrada al mar y al mundo de las sirenas, quedando ella y otro chico atrapados en una maldición que solo permitirá que uno so...
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Esos ojos...
Era como si ese pequeño contacto visual hubiera sido un vistazo a su alma.
Podían ver a través de ella.
Vacíos y vidriosos, parecían albergar una inmensa tristeza...
De alguna forma, sintió como si hubiera podido resonar con ellos.
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Fue gracias al sonido de las olas que logró regresar en sí.
¿Cómo había llegado ahí en primer lugar?
Esa era la principal pregunta que rondaba en su cabeza mientras se sentaba sobre la arena, era un alivio que hubiera llegado a la orilla en primer lugar.
Cierto, se había caído del acantilado.
Las olas debieron arrastrarla hasta ese lugar, además, el puerto no debía estar muy lejos de ahí, podría volver a casa así.
Era un milagro, nada se veía roto, no tenía ni una sola herida, igualmente iría al hospital, por si acaso.
Miró a su alrededor.
Fue entonces que se percató de que había una persona cerca de ella.
Y estaba desnudo...
Inmediatamente giró la cabeza y colocó su mano en sus ojos.