Multimedia: Osianorus Antartico.
Narra: Astoria Volkovich.
Lo había seguido por al menos una semana, sabía su último movimiento y la presa tan voluminosa que había llevado para cortejarla, sabía lo que pretendía y no iba a permitirlo. Estaba en frente de su guarida, escondida a plena vista en el entorno, lista para atacarlo en cualquier momento que asomara la cabeza y terminar de una vez por todas con su montón de tretas baratas. Con el pulgar deslice suavemente el filo de mi espada de la funda, mi audición me indico que estaba por salir y cuando lo hizo en menos de una milésima de segundo ya había desenfundado y corría hacia el para rebanar su cabeza de un solo tajo. Pero fui arrebasada por una fuerza más contundente que termino hundiendo mi acuerpo en el suelo y cobrando la vida del individuo por su propia mano. La enorme cabeza cayó frente a mi con el personaje sobre su frente triunfante.
—Sigues siendo muy lenta, Patas Cortas— Centencio mi hermana Ianthe desde lo alto del monstruo parecido a un oso pero con las garras y fauses de un Spinosaurus, tan grande que un solo ejemplar si no es cazado debidamente podría acabar con al menos 6 lobos adultos.
—¿Cuando cambiarás esa espada obsoleta por una lanza, Pequeño piojo?— Apoyo mi hermano Bjorn a su melliza mientras sacaba de la cueva a la hembra del monstruo y un par de crías pequeñas retorciéndose que más tarde servirían para criar un ganado dosil contrario a su naturaleza y el mayor sería convertido en comida.
La mujer descendió de un salto hasta nuestro nivel sacudiendo las trenzas albinas ceremoniales que le llegaban hasta la cintura, portaba ropas glaciares que inlogicamente solo cubrían su tronco superior dejando libre los brazos y las piernas, por otro lado, Bjorn mantenía sus risos al natural salvo por un par de trenzas que le salían de lugares aleatorios de la cabeza y siguiendo el mismo patrón de vestimenta de mi hermana mayor.
—¿Podrían callarse, por favor?— Me estaba empezando a cansar de su belleza unánime, si describes a uno describes al otro, ambos con los iris plateados tan puros que parecería que son blancos, separándolos únicamente por un borde negro del resto de la retina, su piel oscura como el cacao pero que combinaba bien con sus características albas, altos y mesomorfos, con musculaturas más fuertes que la mía, por lo tanto más ágiles y veloces todo gracias a la difícil vida glaciar.
—¿Que pasa?— Se burló Bjorn.
—¿Nos acusaras con la abuela?— Continuo Ianthe mientras ataba a todas las presas como si fueran mochilas e ignorando sus chillidos.
Rodé los ojos y eche a correr en mi forma humana, los mellizos me siguieron convertidos en lobos con las bestias cazadas a la espalda, uno de ellos me tomo como un pequeño pedazo de carne entre sus fauses y me arrojó a la boca del otro continuando con su juego hasta casi llegar a la guarida, donde mi abuela nos esperaba en la puerta para vigilar que no se aprovecharán de mi imposibilidad de cambiar de forma por el collar. Entramos al interior, al verme la abuela negó con la cabeza y su bastón fue a dar directamente al cráneo de mis hermanos y les retiro la presa con saña. Se que los empezó a regañar cuando volvieron a su forma humana pero no tenía tiempo de quedarme a presenciarlo. Hace unas semanas descubrí como fue que mi padre logro llegar hasta algún punto de las Galápagos para buscar alguna forma de darle una mejor vida a su manada. Lo había hecho por medio de las corrientes oceánicas, pero para atravesarlas era preciso un buen par de pulmones si no se quería morir ahogado sin tan si quiera haber cruzado la mitad del Atlántico, también una excelente forma física, pues las corrientes tienen tanta fuerza en si que fácilmente destrozarían a una persona delgada, y sobre todo no tenía uno que sufrir de la presion arterial, puesto que por el lapso que estás dentro, se ejerce tanta proyección en uno que el viaje de aquí al continente Americano se lograría en apenas 17 minutos, corriendo el riesgo de implotar ya que la presión de la sangre se iguala con la de la corriente. Con todo eso contemplado, decidí que hoy sería el día en que lo intentaría.
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El Alfa Prometido [Chicaxchica]
Hombres LoboUna Alfa y una Omega que no conocian lo que era la imprimacion, mucho menos sus sintomas. Poco a poco los iran descubriendo en medio de una guerra fantástica contra humanos y otras razas mágicas. Solo para terminar descubriendo que están locamente e...
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