Narra: Aisha Von Schweetz
Salí corriendo, ya no me había falta ver ni escuchar más, era obvio que jamás podríamos estar juntas y mucho menos tener algo formal, ella era una Alfa, yo una Omega, ellos son infieles por naturaleza, siempre aprovechándose de la situación y buscando nuevas experiencias, nos ven como seres inferiores con los que pueden hacer y deshacer a su conveniencia porque de nuestra parte no se puede romper el lazo, estamos atados a ellos para siempre. Ahí Cameron, que es un hijo Beta del tío Alfa de Michael, por supuesto la pagana fue su madre, porque los mandatarios son perfectos, son ejemplos a seguir y no importa si incendian un palacio entero, están en su derecho natural de moldear el mundo a placer.
El aire se escapó de mis pulmones, comencé a sofocarme pero no podía parar de correr, comprendí que no era yo quien huía, si no mi lobo interior que se sentía herido y traicionado incapaz de parar hasta poner todo el mundo en medio de Astoria y yo. A mí nariz llegó el aroma de un lobo extraño que corría tras de mí, no pensé en nada, nada en mi quería reaccionar ni detenerse a pensar, era como si inconscientemente creyera que corriendo iba a dejar atrás el dolor. Di un salto cuando una pendiente se presentó en mi camino y detrás de mí salió con furia el enorme animal, intentó atraparme con las garras pero al no lograrlo solo frustró mi salto perfecto obligándome a caer mal parada lesionando uno de mis tobillos, cuando toque el suelo mi piel se amorato dolorosamente. La cosa cayó después de mí avanzando lentamente en círculo analizando cada centímetro de la situación, en medio de ambos Ianthe aterrizó con brusquedad blandiendo su lanza de doble cuchilla en movimientos intrépidos demostrando su habilidad con ella. El lobo al verla quedó estupefacto con cada emoción plasmada en su cara, gruñó y se lanzó contra ella, Ianthe atacó con el mando de la lanza el hocico del lobo abriéndolo por completo, este se aferró a ella pero en una acción rápida el lobo salió volando alcanzando a enderezarse en el aire para no quedar a la merced de la extraña.
Pero mientras la batalla se libraba, en mi interior ya estaba ocurriendo algo malo, una ráfaga atravesó mi pecho cuál daga y comencé a sentir un dolor inimaginable en la parte baja del vientre, se fue intensificando hasta cubrir por completo mi abdomen, rompí el llanto al desplomarme en el piso, estaba perdiendo a mi bebé y no sabía cómo impedirlo. El aire me faltó y la poca vista que aún tenía se nublo, luche todo lo que pude, no quería desmayarme, quizá si permanecía consciente podía evitar el fatal resultado sin embargo cada vez mi vista oscurecía más y mis extremidades carecían de fuerza. Por fin quedé tendida sobre la nieve sin poder moverme.
•••
Recuerdo que esa noche desperté en medio de la madrugada, estaba asustada de que la manada se diera cuenta de su presencia, así que todo ruidito que sonaba conseguía ponerme en estado de alerta, intenté tranquilizarme con respiraciones y usando una técnica que se trata de identificarme dentro de mi entorno, sentir cosas por cosas como si lo estuviera tocando con los dedos, en este caso, las sábanas sobre mi cuerpo, el colchón debajo mío, la frialdad del cuarto y por supuesto el cuerpo caliente de Astoria, sus manos enormes y su respiración indicativa de que ya rondaba muy lejos en el sueño profundo. Me acuerdo que mi cabeza descansaba sobre su brazo y con el otro rodeaba mi cuerpo sobre el abdomen posando su palma justo en el centro, me apenaba un poco pues a pesar de ser delgada, siempre esa parte lograba sobresalir del resto formando una barriga suave y gelatinosa. Creí que Astoria estaba dormida pero me sorprendió cuando me apretó con toda su mano, me sonroje y le di un golpecito en la mejilla para que no estuviera de maldosa, abrió los ojos adormilados con una sonrisa pícara.
—Puedo escucharte— Me informo volviendo a acomodarse —, tus pensamientos me despertaron.
—¿De qué hablas?— Le pregunté, ella se aferró más a mi abdomen, intenté despojarme de su agarre tomando su dedo índice y jalandolo hacia arriba sin surtir efecto, pellizque el dorso de su mano pero aún así no me soltó, solo mantenía su sonrisa cansada con gran satisfacción.
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El Alfa Prometido [Chicaxchica]
WerewolfUna Alfa y una Omega que no conocian lo que era la imprimacion, mucho menos sus sintomas. Poco a poco los iran descubriendo en medio de una guerra fantástica contra humanos y otras razas mágicas. Solo para terminar descubriendo que están locamente e...
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