15. Esdras.

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   Multimedia: Mechones plateados de Astoria

   Narra: Aisha Von Schweetz

   Las semanas sin Astoria se me hacían tan tediosas que continuamente sufría de dolores abdominales por la tensión acumulada de su falta. Nos comunicamos al menos una vez al día por medio de flechas Hamaya pero no es lo mismo, me gustaría abrazarla, estar con ella todo el día tumbada en la cama, jugar con su cabello y aspirar el aroma de su espalda, por lo menos tener su mirada plateada encima.

   Hacia unas semanas había cogido el hábito de acumular cosas que me recordarán a ella, gastaba la mayor parte del dinero que me otorgaba la manada comprando camisetas y sudaderas de su talla y usándolas a pesar de que nunca le habían pertenecido, me gustaba imaginarla usándolas, que se impregnen de su aroma y calor y luego robarlas para usarlas sin ropa interior, pasándome por aquí y por allá envuelta en su humor, era un plan perfecto que todavía me era imposible cumplir. También había hecho una especie de refugio para mí sola, bordeado por las sábanas y cobijas de pluma de ganso que Victoria me había proporcionado donde la protagonista era la blanca capa de lobo de mi amada, me sentía segura ahí y sobre todo cerca de ella.

   Quedé con Michael para desayunar sin embargo no me sentía bien por lo que termine diciéndole a Victoria que le indicará que cancelaba la cita, ella con mucha atención me indico que Michael había salido por la madrugada y desconocía su destino y cuánto tardaría. Asimile las cosas rápidamente y pedí que se me atendiera en mi habitación, pues aunque gracias a Miriam ya había bajado varias veces a desayunar en el comedor común de la manada, está vez me sentía especialmente aislada. Me encontré haciendo marañas en el aire con mis manos, personificando un escenario perfecto en el que Astoria venía a rescatarme y me llevaba lejos con ella a empezar una nueva manada cuando alguien tocó la puerta por fuera.

   —Hola. ¿Todo bien? No bajaste a desayunar así que decidí traerte la comida yo misma— Hablo Amala entrando a la habitación con una bandeja, fruta, tocino fresco y huevos revueltos, típica merienda americana—, ya tenía bastante que no hablábamos a solas, pero aproveche hoy que Michael no está para venir a verte y hablar contigo.

   —¿Acaso Michael no te deja andar libremente por el edificio?—Pregunte extrañada.

   —Digamos que si, pero siempre que estoy por venir a verte dice que te encuentras mal de salud o que estás dormida—. A este punto los comportamientos de Michael ya no me sorprendían, continuamente se encontraba sobreprotegiendome hasta de mi propia hermana, pues anteriormente ya ella se había quejado de que el no la dejaba molestarme cuando según el estaba indispuesta.

   La vampiresa se acercó hasta la cama y poso un desayunador, tomo una tostada con mantequilla y la ingirió mirando por la ventana.

   —Hablare con Michael para que erradique por completo sus comportamientos sobreprotectores— Rompí el silencio—, de antemano te ofrezco una disculpa…

   —No te molestes, no va a ser necesario— Interrumpió ella—. Me voy, Aisha, dejaré el territorio americano mañana por la mañana.

   —¿Que?— Exhale sorprendida—. No, Amala, tu no me puedes dejar sola, prometimos estar juntas hasta…

   —¿Que Astoria regrese?— Volvió a suspender mis palabras—. Por favor, Aisha, han pasado meses y no sabemos nada de ella, puede que esté muerta o en una cárcel sobrenatural.

   La culpa me acribillo como un revolver tras oir sus palabras, quería decirle que Astoria había estado aquí y que ahora eramos compañeras y compartíamos un vínculo, pero se que no es seguro, Amala suele fanfarronear cuando Astoria la respalda y quiero evitar que cometa una imprudencia que revele tanto el paradero de mi Alfa como su visita y por lo tanto nuestra unión, por lo que termine callando y escuchando su discurso.

El Alfa Prometido [Chicaxchica] Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora