3. Levitico.

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Multimedia: Durval Volkovich

Narra Aisha

   Este delgado vestido no es rival para el invierno permanente que protege la mansion Volkovich. Me siento mítica, transparente, inmaculada, como salida de un cuento de hadas. Soy la Caperucita huyendo en la espalda del lobo feroz.

    Mi moral me exigía abandonar esta proeza, pero mis instintos me obligaban a aferrarme más y más a Astoria, sin importar el frío o la agonía profunda que emanaba de cada centimetro de mi piel y del alma martir de la bestia que parecían llamar a alguien desesperadamente. El territorio es devorado por un intenso invierno que arrecia en los límites para prevenir que algún invasor entre o los esclavos de los Alfa escapen, por lo que cualquier lobo que no estuviese preparado para enfrentar la feral helada estaba destinado a morir de hipotermia, tal cual era mi caso. Mis piernas estaban completamente inmóviles y aunque ahora mi razón me obligaba a soltar a Astoria, no podría por la rigidez de mis articulaciones. Justo en el momento exacto que sentí que la sangre de mis venas se habia quedado estatica en mi cuerpo, el frío cedió de repente. Una entidad misteriosa envuelta en una mata de ropajes blancos y finos de procedencia arabe se había posado en el lomo de Astoria. La figura que ahora sabia que era un hombre alto, de piel morena y profundos ojos marrones, mismos que me dirigió antes de sonreirme mientras mantenia una barrera dorada contra la tundra.

   Con la llegada del hombre también se habían hecho presentes dos lobos que jamas en mi vida habia visto, uno de pelaje marrón y el otro gris, este último llevaba como jinete una mujer encapuchada que juraría que me parece muy familiar. Quiza se trataba de alguna fuerza especial de la manada y estaban tratando de detener a Astoria. Sin embargo momentos después mis sospechas se invalidaron puesto que en realidad, le estaban brindando proteccion.

    —Astoria, parece que tienes una pequeña pulga pegada a tu espalda— Hablo el hombre con un marcado acento arabe—. Duerme pequeña, duerme—. Me hechizo agitando suavemente una de sus manos en mi dirección, inmediatamente un profundo sueño invadió mi cabeza, mis ojos se volvieron pesados y sin dudarlo, me quedé dormida.

   Cuando desperte, estaba en un ambiente cálido y acogedor, descansaba sobre pieles suaves y comodas de cordero arropada por una pesada frazada de color blanco.

   —¿Que haces aquí?—Dijo una voz con dureza haciendome despertar de golpe, me levante rápidamente dandome cuenta que estaba en una cabaña de madera bastante rústica y de una forma muy particular junto con Astoria y el mismo hombre árabe de antes.

   —No seas tan dura con ella, canina, soporto una helada por ti— La regaño el hombre.

    —Si, pero yo no se lo pedí, ni siquiera sabía que estaba conmigo— Contestó Astoria con la boca llena de razón, ella nunca me pidió que viniera aquí y tampoco sabía que la habia seguido, tampoco tenía clara la razón y ni siquiera yo sabía que había pasado dentro de mi cabeza para que mi trasero se llenará de pulgas y saltará detrás de la mujer—. ¿Por qué estas aquí, Aisha?.

   —No lo se...

   —¿Mi madre te envió?—Interrumpió mi explicación.

   —¿Que? ¡No!, De ninguna manera—No podía creer que este remedo de Alfa pensara que gastaría mi valioso tiempo en espiarla.

   —Entonces, ¿por qué me seguiste?.

   —Pues no lo se, mis instintos fueron los que me trajeron hasta aquí, ni siquiera yo lo se— Solo recuerdo haber escuchado en mi cabeza un grave aullido, una serie de sensaciones de calidez acompañadas con la manifestación repentina de un aroma de finas notas de violetas y un recuerdo breve de los mares de Alaska tullidos por una sinfonica variedad de hojas verdes que me hicieron sentirme segura.

El Alfa Prometido [Chicaxchica] Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora