22. Job

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   Narra: Astoria Volkovich.

 
   —Aisha está embarazada — Escupió Abdel apenas nos alejamos un poco de la cueva y nos adentramos en la nieve. Un grito se ahogo en mi interior y mis pupilas se detallaron acunando la impotencia entre la oscuridad de mi entendimiento, había posibilidad de que fuera mío, pero mucha más de Michael, el la tenía cerca todo el tiempo, la tomaba cuando quería y ella lo permitía, era una entre un millón y seguramente la suerte no estaría a mi favor— y está con la manada glaciar.

   —Vaya al menos le hubieras puesto saliva— Solté como la primera respuesta que abordó mi mente, por supuesto a Abdel no le hizo nada de gracia.

   —¡Ay niña! ¡¿Quién demonios te enseñó ese lenguaje tan obsceno?!— Rode los ojos, no estaba interesada en darle explicaciones —, seguramente fueron tus hermanos mayores, esos lobos con la imaginación tan abierta— Cruzó los brazos fastidiado, luego regresó al tema—. ¿Y por qué no estás saltando y dando vueltas como el canino que eres?.

   Callé, desvíe la mirada y la descanse en algún punto entre la nieve, no es que no pudiera explicarle a Abdel la situación entre Aisha y Michael, pero no lo deseaba, quería guardarlo para mí, tenía mi orgullo de Alfa y lo quería conservar —Lo poco que me quedaba—.

   —¿Y como fue que llegó con la manada glaciar?, ¿Estás seguro que se trata de ella? He visto tantas cosas que puede que sea un espejismo más de Michael o Vanessa— Cambie el tema ignorando su pregunta.

   —Creeme, era ella, pude sentir la energía de tu hijo emanando desde su vientre…

   —No es mi hijo— Arroje sin piedad, como si me quemara la garganta, como si con eso pudiera aliviar el pesar.

   Abdel hizo un gesto de rotunda confusión, sus cejas se hubieron justo en el medio y sus labios se entreabieron, negó levemente con la cabeza sacudiendo sus oídos por si no habían pasado el mensaje correcto por sus neuronas hasta su cerebro.

   —¿Hay algo que no me estás contando, Astoria?— Preguntó por fin, mi mandíbula se apretaba con la fuerza suficiente para romper mis colmillos si estuvieran en una posición incorrecta—. Si no me dices que pasa no podré ayudarte a solucionarlo…

   —No quiero hablar de eso— Me aleje unos pasos tomando mi forma de lobo en un solo salto, regrese corriendo y lo tome del brazo con mis colmillos teniendo cuidado de no desgarrar su piel. El por supuesto no entendió nada de lo que pasaba pero aún así se aferró a mi cuello y en un hábil movimiento se posó en lo alto de mi lomo sujetándose de mi pelaje.

   —¡Astoria, para!— Jalaba con fuerza intentando detenerme y podría hacerlo, pero jamás detendría la tormenta interna por la que estaba pasando. Aisha estaba embarazada, pero, ¿ese niño sería mío? ¿Sería de Michael? ¿Qué tal si hay una tercera persona?. Gracias a Hela está era la única manera en la que podía expresar mi llanto sin que fuera cuestionado, bien podía culpar al clima, al polvo o al polen, no tendría que dar explicaciones a la profunda tristeza y decepción que había en mi interior, no tendría que abrirle mi corazón a nadie ni confesar mi pena—. ¡Astoria Maldición!.

   Quería ignorarlo, disfrazar todo esto de entrenamiento y estrategia, enterrarlo en el fondo de la nieve y dejarlo ahí para siempre, olvidar que alguna vez fuimos algo y que solo fui un juguete que le permitió seguir viva.

   Recuperé mi forma humana arrojando al hechicero que pese a la sorpresa cayó de pie y me hizo frente. No dijo ni una palabra, solo miró mis ojos convalecientes y materializando un látigo dorado con sus poderes intentó sujetarme pero yo lo esquive cada vez que el se acercó. El dolor me convertía en un arma, podría ir por la cabeza de Dank-Ho en este momento o acabar con Michael tan fácilmente como aplastar una uva entre mis dedos y eso iba a hacer, no permitiría que se burlara de mí y lo haría pagar. No solo a él. También a ella.

El Alfa Prometido [Chicaxchica] Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora