Narra: Aisha Von Schweetz
Astoria y Miriam habían partido minutos antes acompañadas de Bjorn quien ahora informado de la noticia había insistido en ir él personalmente a ver en qué estado se encontraban su esposa y su pequeña hija.
—¿Lista?— Abdel me ofreció su brazo para poder proceder a la teletransportación —, perdón, ¿Listos?.
Yo asentí y me abracé a él posando una mano en mi abdomen, quería darle seguridad al bebé de que todo estaría en orden, pero a decir verdad, creo que la que quería tranquilizarse era yo.
Después, el hechicero materializó una esfera de polvillo dorado del tamaño de la palma de su mano, la lanzo al aire y está se esparció sobre nosotros cubriéndonos con una estela dorada, en un parpadeo, ya estábamos en el territorio glaciar y mi piel lo resintió, pues a pesar de estar cubierta por ambas pieles de lobo, la de Astoria y la de su bisabuela, la sensación del frío penetrante me azotó en lo profundo, siempre había sido muy friolenta y aunque anteriormente había ya estado aquí, ahora me sentía más sensible.
—¡Abdel, que gusto de verte, hermano!— Gritó Durval en cuanto lo vio y corrió a estrecharle la mano y a darle un abrazo, su estado era malo, se veía más delgado y con el rostro cadavérico, pero su acostumbrada alegría seguía ahí—, qué bueno que llegaste, mantener este huevo caliente me está matando.
Antares estaba al fondo, aún manteniendo un estado meditativo con las palmas juntas, también más delgada, con fuegos en los labios y el cabello seco, pronto también ella se acercó y solo me saludo con un asentimiento de cabeza, yo devolví el gesto. Por otro lado estaba Ianthe sin su armadura y con el torso semi desnudo, cargando a sus pequeños hijos intentando brindarles todo el calor que su cuerpo le permitía. Sentí tanto remordimiento que sin pensarlo me acerqué y le ofrecí una de las pieles que llevaba encima, ella la cogió sin decirme una palabra y los cubrió a ambos.
Dentro de poco llegarán Astoria, mi hermana y Bjorn después de haber viajado por las corrientes. Pensé que no habían ingerido alimento en no sé cuántos días y me puse manos a la obra, me dirigí a la despensa secreta de Irmsky y saque un par de trozos de carne congelados y unos cuantos tubérculos endémicos de la región, le pedí a Abdel que iniciara un fuego y materializando un cáliz gigante me obedeció, luego echo un poco de leña que había hecho a partir de unos trozos de madera que encontró, los cuales seco con su poder y me ayudó a preparar todo, cuando Astoria llegó por fin, yo ya me encontraba ofreciendo alimento a todos para que recuperarán su fuerza. También le ofrecí a ella aceptando gustosa el guisado y devorándoselo sin dejar rastro.
—No cabe duda que serás una gran Alfa— Comentó Antares con su tono serio de siempre.
Y una sensación cálida me invadió, sentí tanta gratitud de ver qué mis esfuerzos fueron reconocidos.
—Podré ser una buena líder, pero no una Alfa… Soy una Omega— Le corregí con sensatez, luego le regale una sonrisa.
—Pues tienes instintos de Alfa— Insistió.
Después de eso, me sentí cansada, supuse que había agotado mis energías del día y ahora era turno de dormir un rato para no forzar al bebé, Astoria se encargó de hacerme una pequeña cama donde pudiera estar cómoda y luego se marchó con Abdel a idear un plan para al menos poder echar a andar las máquinas que dotaban de calor a este lugar ya que el hechicero había asegurado no poder combatir este clima.
—Es la única forma…— Escuché entre sueños.
—Entonces lo haré. Cómo su Alfa no me puedo permitir fallarle a la manada glaciar y si ese fuego les puede ayudar entonces lo traeré— Contestó la otra voz.
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El Alfa Prometido [Chicaxchica]
Kurt AdamUna Alfa y una Omega que no conocian lo que era la imprimacion, mucho menos sus sintomas. Poco a poco los iran descubriendo en medio de una guerra fantástica contra humanos y otras razas mágicas. Solo para terminar descubriendo que están locamente e...
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