La profesora de autoescuela II

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Marta de momento no admitió en voz alta que le gustaba, pero nos dio a entender que tenía tendencias sumisas y su necesidad de equilibrarse en el filo del dolor y el placer. Aceptó en expandir los horizontes de sumisión, en sus idas y venidas con la excusa de la venta del piso, los encuentros se repitieron. Las dos veces siguientes estuvimos las tres. Ahora hacía dos semanas que Adela había marchado a su país, problemas familiares la reclamaron. Cuando recibí una nueva llamada de Marta, desde que yo estaba sola, nos comunicábamos casi a diario. Llamadas cálidas, calientes por todas partes. Era todo el contacto que podía obtener a través del teléfono. Aquel día cambió la conversación, todo mi cuerpo se sonrojó y sentí que mis pezones se tensaban, empujando contra mi camiseta. El calor brotó entre mis piernas mientras las retorcía, frotando mi coño contra sí mismo.

-Hola, cielo, ¿cómo estás?

-Hola -tratando de mantener mi voz tranquila.

-Estoy contenta de escucharte.

-Es un placer oírte -presionando mis rodillas juntas

-¿Qué pasaría si te dijera que te deseo? Que no puedo esperar más para ser solo para ti -Su voz ahora era más profunda, suave pero áspera. Cerré los ojos, reclinándome sobre los cojines y extendiendo automáticamente mis piernas.

-Yo también estoy pensando en ti. Estoy aquí para ti, nunca lo olvides. Tú quieres ser mía.

-Sí... Oh, Dios mío, te deseo... quiero entregarme a ti...

-Me alegra que hayas dicho eso -susurré-Puedo apreciar cuán empapada estás.

-Inhaló bruscamente.-Y... sí, yo solo... uffff... me hiciste mojar justo ahora. ¡Mierda!

Me di vuelta lentamente sobre mi espalda, extendiendo mis piernas de nuevo, tocando ligeramente mi coño empapado. -¿Sabes cuántas veces he pensado tenerte aquí? -le susurré.

-Me da miedo cómo me haces sentir. Estoy tan encendida. Que no puedo creer cómo reaccionaría ante ti...

-Dime, estoy sola. ¿Quieres venir?

-Sí... sí, por favor. Quiero... tengo que venir.

En un plato de la balanza estaba Adela y en el otro la Marta espléndida, sueño de fantasías más exigentes, cuerpo deseado. No pude negar mi reacción, llevaba varios días sin tener relaciones, solo las mías en solitario y estaba deseando utilizarla. Mis sentidos estaban a toda marcha, híper conscientes de lo que me rodeaba, las sensaciones físicas me recorrían, y por supuesto, ELLA. Estaba orgullosa de haber servido a una maestra como Adela, me había proporcionado placeres desconocidos, pero ahora ella podría ser mía, deseaba manejarla a mi antojo, ansiaba su posesión, domesticarla. Fui al aeropuerto a buscarla, y allí mismo decidí empezar el juego. Llegué un poco antes y me escondí. Desde mi posición pude apreciar la cara de sorpresa al ver que no estaba para recibirla, miraba de un lado a otro intentando localizarme, transcurridos unos minutos sonaba mi móvil, se repitió en dos ocasiones más, no respondí, empezaba a moverse con cierto nerviosismo, transcurrido casi una media hora, volvió a llamarme, mientras se había sentado en la cafetería.

-¿Dónde estás? -su voz se oía nerviosa.
-¿Estás decepcionada por no estar para recibirte?

-Sí... No, pero...

-Tranquila, estoy aquí, no te muevas, te estoy viendo -Levantó la vista para intentar localizarme.

-Hace ya rato que he llegado, ¿dónde estás?

-Por tu voz creo que estas emocionada y deseosa por verme.

-Sí... sí... tú también ¿no? tengo muchas ganas de verte.

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