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Kakashi se sentía... contento y por momentos es desconcertante el sentirse de esa forma por tanto tiempo. Pero llegó a aceptar el sentirse así para poder apreciar los momentos de alegría por no haber perdido a ninguno de sus compañeros en la misión del puente.

Siguió entrenando y ahora como actual líder del equipo siete, sin Minato supervisando, se sorprendió gratamente por mantener el mismo apoyo y equilibrio que mostraron en aquella misión. Y eso es algo que lo alivia enormemente ya que tienen pocos meses para prepararse para la misión del Sanbi.

Cumplieron sus misiones con éxito luego del puente Kannabi y fueron haciéndose reconocidos entre los shinobis de las demás aldeas. Oficialmente tenían una reputación y no son subestimados por nadie. Así que la situación como equipo era la ideal, aunque Rin tuvo problemas con el consejo médico ninja.

Fueron días muy tensos luego de haber recibido esa citación en medio de un entrenamiento. Y el día que ella tenía que presentarse para defenderse, después de horas de esperar afuera del hospital junto con Obito para saber si seguiría siendo aprendiz en el hospital, Rin salió cansada pero con un obvio alivio. Logró librarse de todo el asunto con una advertencia. Un médico ninja no debía lanzarse al peligro, tenía que resguardarse y evitar las confrontaciones.

Por esa razón practicaron sus opciones en momentos críticos. Ella aceptó intentar evitar romper esa regla pero no dejaría que dañaran a ninguno de sus compañeros si podía evitarlo. Kakashi y Obito, ayudados por el equipo de Gai, simularon situaciones en las que eran superados para que actuara evitando lo más que pudiera enfrentamientos cuerpo a cuerpo con los enemigos.

Y Obito durante los entrenamientos se mostró mucho más maduro que antes. Seguía siendo propenso a las lágrimas cuando estaba muy exaltado, pero pensaba antes de hacer algo o hablar. Kakashi se vio especialmente sorprendido cuando se dió cuenta que dejó de menospreciar o burlarse de los Maito.

Notar que ya no hay discusiones grandes ni dramas innecesarios entre ellos lo hizo relajarse lo suficiente para acercarse más. No se veía compartiendo su nido ni aceptando abrazos de su parte como hace con Gai o Rin, pero definitivamente Obito sería parte de su vida ya sea como shinobis o civiles.

—¡Veo que no pierden el tiempo!— el grito de Kushina lo trajo de nuevo al presente.

Rin estaba curando el tobillo de Obito mientras él terminaba de afilar los shuriken que utilizaron para este entrenamiento.
Gai ya se había ido con su equipo para comer con Choza Akimichi, habían sido invitados a una gran cena o algo así y no querían perdérselo.

—¡Kushina-san a pasado un tiempo!— Rin le sonrió mientras Obito masculló algo en voz baja. Si fue algo bueno o malo no importó porque recibió un golpe en la cabeza por parte de la pelirroja.

—¡¿Por qué?!— gritó Obito luego de sobarse la cabeza.

—No te hagas el listillo conmigo mocoso— fue lo único que dijo Kushina retándole con la mirada a decirle algo más al respecto. Cuando Obito apretó los labios no queriendo ganarse otro golpe ella se encogió de hombros y los miró sonriendo casi de forma angelical —Hoy irán a cenar a mi casa.

No fue una invitación con opción de negarse y los tres lo sabían, pero de todos modos asintieron.

—¿Minato sensei ya volvió de la misión?— preguntó acercándose y sonriendo burlón sin disimulo al mirar a Obito que seguía sobando su cabeza. Sabía que ya no era necesario llamar "sensei" a Minato, pero era extraño tratarlo como a un igual.

—Sí y tenemos noticias importantes que darles así que los tres tienen que estar puntuales y quedarse hasta el final de la cena— terminado de decir ello sonrió alegre y palmeó la cabeza de los tres. Con Obito fue un poco más bruta. —¡Nos vemos en unas horas niños!

Reiniciando (1)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora