Back to december
«Dicen que cada inicio de año es una nueva oportunidad de hacer mejor las cosas que no pudiste hacer en el anterior».
Suspiré, observando a mi 911 que se encontraba del otro lado de la mesa. No podía dejar de verlo. Siempre había sido guapísimo, pero sin exagerar, se veía mucho más radiante que la última vez que lo vi.
Incluso más...
«¿Follable?».
La vocecita burlona de mi conciencia resonó en mi cabeza. No pude evitar sonrojarme, pero por una vez, tenía que admitir que mi conciencia tenía razón.
—¿Qué más pues? Si me seguís viendo así voy a creer que te gusto —Naím se rio.
Mierda, como extrañaba su risa.
—Como si no lo supieras —rodé los ojos.
Y hubo otro silencio. De esos cargados de tensión, que hasta con respirar sientes que puedes llegar a incomodar.
—Y, aun así, eso no bastó para que te enamoraras de mí —susurró.
—Naím...
—Llegué hace una semana —soltó de la nada, cambiando totalmente la conversación.
Su mirada se clavó en mí, como si quisiera leer mis pensamientos.
—Mierda —fue todo lo que pude responder, un murmullo apenas audible.
Mis ojos se posaron en el suelo, incapaz de soportar su mirada intensísima. Ya ni siquiera valía la pena recriminarme a mí misma por mi descuido tan grande, ya lo hecho, hecho estaba.
Escuché sus siguientes movimientos, desde que se levantó de esa silla, hasta que se sentó en la que estaba justo a mi lado. Lo tenía a escasos centímetros y no podía verlo. No sabía cómo demonios hacerlo después de tal revelación.
—Mírame —pidió tiernamente.
Mordí mi labio inferior y negué con la cabeza aún con mi mirada hacia abajo. Sentía vergüenza y a la vez enojo. Él no tenía por qué haber visto eso, no tenía por qué haberse enterado de mis sentimientos de ese modo...
De pronto, escuché el sonido de unas hojas de papel y apreté fuertemente mis ojos negándome a abrirlos.
—Me gusta Naím —procedió a hablar—, me gusta lo que tenemos, ese deseo carnal que nos envuelve cuando estamos juntos y, aunque la pasamos de puta madre cuando estamos juntos, no deja de ser solo eso: deseo.
El labio inferior me comenzó a temblar, así que tuve que volver a morderlo para que se detuviera. Ojalá Naím también se hubiese detenido, pero no fue así, él prosiguió a leer otra de mis tantas notas que escribí sobre lo que sentía por él y que, estúpidamente, dejé en su departamento.
—Si nunca lo hubiera dejado entrar de esa forma en mi vida, quizá David y yo fuéramos otra historia...
—Por favor para —le pedí en un susurró.
—¿O qué tal esta? —su voz se rompió—. No sé cómo decirle que necesito que empiece a ser mi amigo, sin partirle el corazón... Porque, demonios, lo amo, pero no como él espera que lo haga.
—Lo lamento —sollocé y dejé caer las lágrimas que estaba reprimiendo.
Su departamento era lo que más me hacía sentir cerca de él. Lo extrañé no una, sino múltiples veces, y esas notas solo fueron parte de una terapia, una que me ayudó a entender lo que verdaderamente significaba Naím para mí.
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Metanoia © [II]
RomanceMetanoia (de origen griego): El proceso de transformación que cambia la forma de pensar, sentir, de ser o de vivir de alguien. Jul ha construido una nueva vida lejos de un pasado doloroso, creyendo que lo ha enterrado para siempre. Pero cuando ese...
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