Capítulo 9

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Eldest Daughter

Jul

Casi no había dormido nada, pues la noche anterior Álex se había quedado hasta tarde. No sabía que el tiempo podía transcurrir tan deprisa cuando lo único que haces es utilizar la boca, tanto para hablar como para besar.

«Porque para lo otro, le tuviste miedo al éxito». —Protestó mi conciencia.

También él se veía cansado, bostezaba de vez en cuando mientras manejaba, pues nos dirigíamos hacia la casa de los tan mencionados Willow. Por supuesto que, a esas alturas del camino, yo ya quería decirle que por favor se diera la vuelta, porque mi cerebro estaba invadido de preguntas como, por ejemplo:

¿Y si no les caía bien?

Desde luego que a la Jul anterior le hubiese valido tres mil hectáreas de mierda, pero a la nueva le preocupaba. Eran personas importantes para Álex, y si yo no lograba encajar con ellos, tendría un punto negativo. Ni siquiera sabía por qué carajo me importaba tanto, pero lo hacía. Quería permanecer en la vida de él, todo lo que se pudiera, y eso me hacía sentir patética.

—Ya casi llegamos —dijo.

Mi corazón empezó a latir con nerviosismo, sentía algo extraño en el estómago y por inercia empecé a morderme las uñas. Álex entró en una calle en donde todas las casas parecían ser iguales, con una amplia área verde que separaba a una de la otra. Terminó estacionándose al lado de un parque, apagó su deportivo, se quitó el cinturón y se giró hacia mí.

—Lo último que quiero, Jul, es hacerte sentir incómoda o insegura —volteé a verlo—. Podemos irnos ahora mismo si así lo prefieres.

—Ellos te esperan a ti...

—A ambos —me corrigió—, te puedo asegurar que están ansiosos por conocerte.

Álex me había contado que su mamá se había encargado de contarles a los Willow, que su hijo estaba saliendo con alguien y que, desde luego, ellos querían conocerme. No entendía por qué la emoción y tampoco me atreví a preguntárselo.

—Entonces no los hagamos esperar más... Digo, van a insistir hasta que lo hagan, ¿no?

Álex asintió. Vio mis piernas que no dejaban de brincar y sonrió.

—¿Qué es lo que te preocupa?

—No sé..., tal vez que me crean insuficiente para ti.

Enarcó una ceja.

—Dudo que eso suceda, Jul, pero digamos que, si fuera así, ¿acaso importa? Eres perfecta para mí, me es totalmente irrelevante lo que los demás piensen de nosotros —me sujetó la mano con delicadeza, y me la besó.

No sé qué demonios tenía él, para evaporarme todos mis nervios con algo tan simple como lo era una sonrisa.

—Veinte dólares a que me odian —dije, sacando aquel billete que nos intercambiamos afuera de Sempiterno.

Volvió a sonreír.

—Acepto.

Volví a guardar el billete dentro de la funda de mi móvil. Ya no había nervios, el momento se sentía exactamente como una apuesta que ambos queríamos ganar. Alex encendió su deportivo de nuevo y se estacionó unos metros más adelante, afuera de lo que suponía era la casa de los Willow.

Una vez que Álex me abrió la puerta para bajar, entrelazó su mano con la mía, como si de verdad fuéramos algo. Eso me llevó a preguntarme cómo su qué me presentaría. Claramente no existía una etiqueta entre los dos, podría decirse que era demasiado pronto, pero desde luego que amigos no era la palabra que nos definía.

Metanoia © [II] Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora