Sparks Fly
Álex
El ruido en la cancha era ensordecedor, habíamos ganado contra Atlanta, y en nuestra propia casa. Solo nos quedaba enfrentarnos al Super Bowl, pero eso era algo que no me preocupaba. Mi equipo y yo teníamos las metas claras y decisivas, todos queríamos lo mismo: la victoria.
Se me inflaba el pecho de orgullo, la piel se me erizaba por la adrenalina que irradiaba todo el estadio. Estaba logrando todo lo que una vez había soñado, y si ese preciso instante, mientras estaba parado en el centro de la cancha, escuchando los vítores que sonaban como la melodía más hermosa, hubiese ocurrido un par de semanas atrás, habría jurado que ya lo tenía todo en la vida.
Estaba feliz, claro que lo estaba, pero me hacía falta alguien para sentirme completo. Habían pasado catorce días desde que Jul emprendió su viaje a España, y aunque mensajeábamos todos los días, cada uno de ellos me hacía temer que no regresaría. Parecía estar formando una vida al lado de su hermano, involucrándose activamente en la empresa familiar y, aunque la extrañaba con cada fibra de mi ser, me reconfortaba saber que estaba bien.
No compartía la idea romántica de que, si alguien estaba destinado a ser para ti, volverá. Jul no estaba obligada a volver por mí; ella cargaba sus propias alas y podía volar a cualquier sitio que la hiciera sentir feliz. Nadie debería abandonar sus sueños por otra persona.
Tras cumplir mis compromisos con la prensa, me dirigí hacia los vestidores. No me sorprendió encontrar el lugar vacío, a todo el equipo le urgía irse a festejar el triunfo. Yo también iría, pues el festejo se llevaría a cabo en la casa de los Willow, ellos eran ese tipo de familia que festejaban por todo. Antes de despojarme de mi uniforme para darme una ducha rápida, le escribí a Yaxiel para decirle que lo vería afuera, cuando, de repente...
—Hola, campeón —la inconfundible voz de Jul, acarició mis oídos, produciendo electricidad en todo mi cuerpo.
Enderecé la espalda, y giré lentamente sobre mis talones hasta que la vi. Se veía radiante, sonriendo de la manera en la que lo hacía. Quería preguntarle cómo era posible que estuviera ahí, pero la enorme sonrisa que tenía en los labios, me impedía moverlos. Solo caminé hacia ella, hasta que las puntas de nuestros zapatos se tocaron. Era mucho más bajita que yo y desde mi privilegiada altura, sentí la necesidad de acariciarle la mejilla, solo para comprobar que no era una simulación.
«¡Suficiente con la poesía barata, lector empedernido! Nuestra chica es real».
—Dime que no abandonaste tus sueños por mí —susurré, sin poder apartar mis ojos de los suyos.
—No lo hice —se lamió los labios—. De hecho, estoy creándolos, y uno de ellos requiere que me beses ahora mismo.
Rodeé su cintura con mi brazo, la atraje hacia mí, y fundí mi boca sobre la suya. Primero, la besé de una forma hambrienta, queriéndole transmitir en ese beso lo mucho que la eché de menos. Luego, acaricié sus labios con los míos para demostrarle lo feliz que me hacía volver a tenerla junto a mí. Y, cuando rompimos con la magia de nuestro beso, la abracé, pero que ella también se aferrara a mi cuerpo, hizo que mi corazón se llenara de pólvora por todos los fuegos artificiales que sentía en mi interior.
«Con toda esa cursilería, me sorprende que no hayas elegido ser escritor».
—También te eché de menos, Álex —susurró contra mi pecho.
La estreché aún más contra mí.
—Ahora necesito saber qué fue lo que más extrañaste de mí —quise saber, porque cualquier sentimiento o emoción que ella sintiera, era importante para mí.
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Metanoia © [II]
RomanceMetanoia (de origen griego): El proceso de transformación que cambia la forma de pensar, sentir, de ser o de vivir de alguien. Jul ha construido una nueva vida lejos de un pasado doloroso, creyendo que lo ha enterrado para siempre. Pero cuando ese...
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