Capítulo 21

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Clean

Jul

—Voy a ponerte el cinturón, ¿de acuerdo? Ya vamos a aterrizar —reaccioné al escuchar la voz de mi hermano.

Lo vi con el ceño fruncido y pensé: ¿En qué momento pasaron las horas? Lo único que recordaba eran mis gritos desgarradores, mi llanto y el dolor de mi pobre y estúpido corazón.

—Te dormiste durante todo el vuelo. Está bien. Iremos a casa, y todo va a estar bien —abrochó mi cinturón, después me agarró de la mano, dándome un pequeño apretón.

Le aparté mi mano con cuidado. Cerré mis ojos y me abracé a mí misma. Solo esperé el aterrizaje para poder decirle:

—No iré a casa, Liam.

Él ya se había desabrochado el cinturón. Se puso de pie cuando se lo mencioné.

—¿Cómo dices?

—Por favor no me hagas repetirlo. —Lo vi impasible—. Antes hay una cosa que necesito hacer. Y esto requiere dejarme ir sola.

Su preocupación era evidente, pero, aun así, asintió.

—¿Al menos podríamos acercarte?

—Si eso te da paz, está bien —acepté y finalmente me levanté.

Abrieron la puerta. Yo esperé arriba mientras mi hermano bajaba el equipaje. Cuando vi que ya no había necesidad de que él regresara, suspiré y cargué la transportadora donde iba Copito.

Leonel ya estaba ahí. Lo sabía porque Liam lo mencionó la primera vez que regresó. Finalmente decidí salir, no ganaba nada estando ahí arriba, solo perder el tiempo. La decisión estaba tomada. Mi regreso era oficial.

Desde abajo, Leonel me observó con una enorme sonrisa y los brazos abiertos. Yo también sonreí, porque pese a todo, me alegraba volverlo a ver. Así que bajé rápido las escaleras, dejé a Copito en el suelo, y me lancé a los brazos del hombre que fue una figura paterna para mí.

—Mírate nada más. —Abrió mis brazos para verme de pies a cabeza—. ¿Estás más alta?

Me reí y lo abracé otra vez. No lo llamé en todo el tiempo que estuve fuera, pero sí lo eché mucho de menos.

—Tú estás más viejo. —Fue mi turno de observarlo a él—. ¿Esas son canas?

Soltó una carcajada, mientras me abrazaba de nuevo.

—Bienvenida de nuevo, pequeña mariposa.

Liam subió con Copito a la parte trasera. A mí me dejó el asiento de adelante.

—Tu hermano me comentó que necesitas que te acerquemos a un lugar —dijo Leonel, mientras se ponía al volante—. ¿Puedo saber a dónde?

—Al puerto de Dublín.

«No diré nada para no alterar la paz».

Se hizo un breve silencio. Leonel me miró como si de pronto me hubiese crecido un árbol en el cerebro. No obstante, encendió la camioneta y la puso en marcha. Sin objeciones.

—¿Qué tal Nueva York? —preguntó en cambio.

Solo entonces sonreí, y me solté a hablar como un loro. Porque, a pesar de que me costó adaptarme a la ciudad, no tenía absolutamente nada malo que decir de ella. Así que le conté sobre mi departamento, mi escuela, las personas que conocí y, por supuesto, de Sempiterno.

—¡Hacen la tarta de queso más deliciosa del mundo! —exclamé emocionada.

Leonel me observó con una sonrisa.

Metanoia © [II] Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora