Begin Again
«No me detendré hasta conseguir todo lo que anhelo».
Sin exagerar, llevaba una hora viéndome al espejo. Y no era que lo que estuviese viendo en mí fuese malo, sino que necesitaba una opinión de alguien que no fuese yo o...
«Te he dicho que te pongas el rojo, con ese te ves más zorra».
Mi conciencia que, claramente, no ayudaba mucho, por no decir que nunca. Y, por si fuera poco, el sonido del timbre me metió más presión. Naím había quedado de pasar a recogerme para llevarme a mi cita, así que le imploré a la diosa de la moda que no fuese él.
«No existe tal cosa».
Sonreí cuando vi a mi vecina pelirroja del otro lado del umbral. Por supuesto que sí existía y me acababa de caer del mismísimo cielo.
—¡Hola! Eh, creo que volví a dejar mis llaves pegadas en la cerradura, por favor dime que tú las tienes —juntó ambas manos en señal de súplica.
—Yo las tengo.
—Genial, te deberé un favor más —estiró su mano derecha, supuse que esperando recibir las llaves.
—Necesito cobrar ese favor ahora. ¡Será rápido lo prometo! —exclamé cuando vi que estaba a punto de protestar.
—Bien. ¿Qué necesitas?
—Sígueme —la llevé hasta a mi habitación donde tenía un desastre de atuendos por todos lados—. ¿Qué vestido crees que va mejor conmigo? ¿Este negro que llevo puesto o el rojo ese que está sobre la cama?
La chica me escaneó de pies a cabeza y enseguida visualizó el vestido rojo. Incluso vio otras opciones que estaban arrumbadas.
—Ninguno —dijo con un tono de seguridad que me hizo dudar—. ¿A quién intentas impresionar? ¿A tu abuelo? Oh, ya sé, tienes un «sugar daddy». No te culpo, yo también tengo uno —se encogió de hombros, como si fuese algo normal—. De ser el caso, entonces ponte...
—No tengo un «sugar».
«¿Marwan no cuenta como uno?».
Susurró mi conciencia con un tono burlón. Por supuesto que la ignoré.
—Solo tendré una cita con un chico que... apenas conozco.
—¿Y quieres impresionarlo?
—Para nada.
—Oh, entiendo. Entonces, solo sé tú, amor. No me lo tomes a mal, ese vestido te queda fenomenal, pero no sé, siento que no va contigo. Lleva puesto algo que te haga sentir cómoda. Y el día que tú consideres que es apropiado ponerte un vestido así de extravagante, porque has decidido impresionar a alguien que valga la pena, entonces utiliza el rojo —me guiñó un ojo, como si estuviese dándome un consejo secreto.
—Lo tomaré en cuenta —busqué las llaves de la pelirroja en mi bolsa y se las entregué—. Por cierto, gracias, me has salvado el culo.
Se rio.
—Me caes bien, ¿sabes qué? He decidido que deberíamos ser amigas. Me llamo Maddison, pero todos me llaman Maddie —me estrechó su mano.
—Julieta, pero todos me llaman Jul —se la tomé.
—Bien, Jul, como primer consejo de nuestra amistad, te digo que le metas la lengua hasta al fondo a ese chico.
«Ya la amo».
Me reí. Y sé que no debería buscar a Nicole en otra persona, pero es justo el consejo que ella me hubiese dado y, de alguna u otra forma, se sintió familiar.
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Metanoia © [II]
RomanceMetanoia (de origen griego): El proceso de transformación que cambia la forma de pensar, sentir, de ser o de vivir de alguien. Jul ha construido una nueva vida lejos de un pasado doloroso, creyendo que lo ha enterrado para siempre. Pero cuando ese...
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