Capítulo 23

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The Archer

Jul

El aire se me quedó atorado en la garganta. De todas las cosas que imaginé con mi regreso, ver a Marwan no estaba entre ellas. Sentí que la cabeza me dio vueltas; no porque su olor me hubiese mareado, sino por la acumulación de emociones vividas en un solo día. Intenté agarrarme de algo para sostenerme, pero su brazo fue más rápido. Me tomó por la cintura, sentí el calor de su cuerpo y, por un instante, tuve ganas de echarme a llorar.

«Hola, Dios, soy yo de nuevo. ¿Por qué me pones en estos aprietos?».

Apoyé una mano sobre su pecho y me atreví a alzar la mirada para verlo. Seguía igual de apuesto, al parecer, el tiempo no había cambiado nada de él. Lo empujé con la palma de la mano, pero ni siquiera logré moverlo. Fui yo quien se encargó de poner distancia entre los dos, retrocediendo un par de pasos.

—Me abandonaste —lo señalé con un dedo—. Llamaste hace más de un año y, después, nada. No sabía si estabas vivo o muerto —le reproché—. Me olvidaste por completo...

Dio un paso para acercarse a mí, pero yo retrocedí otros dos y levanté la palma de mi mano para detenerlo.

—¿Qué haces aquí, Marwan? —logré articular, aunque todavía me temblaran los labios.

Me observó en silencio, sus ojos oscuros penetraban a los míos. Metió sus manos en los bolsillos de sus pantalones y soltó un fuerte suspiro.

—Solo quería asegurarme de que habías llegado bien —dijo finalmente.

Fruncí el ceño, completamente desconcertada.

—¿Cómo sabías que yo estaba aquí? —susurré la pregunta—. Joder, llegué hace apenas unas horas. —Abrí los ojos de par en par—. ¿Acaso no me quitaste el rastreador?

—Estuviste presente cuando lo hice —soltó, como si mi pregunta lo hubiera ofendido.

—¿Entonces cómo explicas esto? —señalé el espacio entre los dos.

—Siempre he cuidado de ti.

—¿Que siempre has cuidado de mí? —Reí con ironía—. ¿Entonces en dónde estabas cuando, llorando, pedía a gritos que fueras por mí y me llevaras contigo? —reclamé, con la voz cargada de dolor.

Marwan tensó la mandíbula y tragó en seco. Su mirada oscura se desvió por un instante, incapaz de sostenerse en la mía. Su silencio solo me demostró que ni siquiera podía atreverse a darme una explicación. El aire entre nosotros se volvió denso, y yo necesitaba respirar algo más puro, no solo la mezcla de su perfume y el olor a cera de las velas. Así que pasé por su lado y abandoné la casita de mi padre.

—Pequeña, necesitamos hablar... —dijo a mis espaldas.

Me giré furiosa.

—¡No me llames pequeña! —exclamé con fuerza, ni siquiera me importaba alarmar a mi familia—. No cuando tú siempre me hiciste sentir gigante.

Marwan se acercó, y esta vez yo no me moví. Lo miré con los ojos empañados por las lágrimas, hasta que él me envolvió entre sus brazos. Yo también lo rodeé con los míos y enterré el rostro en su pecho.

—¿Por qué no volviste por mí? —susurré entre sollozos.

Me levantó tiernamente la barbilla.

—No era eso lo que querías —esbozó una media sonrisa—. Firmaste el divorcio, ¿lo recuerdas? Tú no querías estar conmigo...

—Tú me hiciste firmarlo...

Metanoia © [II] Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora