Capítulo 25

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Castles Crumbling

Jul

Aceptar que me borraran los recuerdos fue la decisión más difícil que he tomado. Después de hablar con mi familia, entendimos que era la única opción. Dejé algunos videos grabados por si llegaba a perderme tanto como para no aceptar que de verdad había cambiado. Si mi familia no lograba hacerme entrar en razón, esperaba que mi propia voz pudiera hacerlo.

Después llamé a Marwan y le dije que estaba lista. Cuanto más retrasara el procedimiento, más tardaría en comenzar el camino para recuperar mis recuerdos. Así fue como terminé de regreso en Romanova.

—¿Cómo te sientes? —preguntó mi exesposo, que no se había separado de mí desde que habíamos llegado.

—Como una rata de laboratorio, supongo —respondí a la defensiva.

Me estaban realizando una serie de análisis para comprobar si era apta para la sustancia, y también para saber exactamente qué cantidad debían suministrarme. Después de eso, tenía que presentarme en la sala de interrogatorios, para someterme a la prueba del detector de mentiras.

—Todavía falta tiempo para la siguiente prueba —dijo mientras miraba el reloj de su muñeca—. Pensé que tal vez te gustaría ver a Cedrik...

Después de que terminaron de sacarme sangre, pasaron un algodón por mi brazo y me hicieron flexionarlo. Necesitaba un respiro, por eso me puse de pie de inmediato para salir.

Más allá de la inconformidad que sentía por estar en ese lugar, me emocionaba mucho la idea de volver a ver a Cedrik. Quizá me ayudaría a distraerme para no estar tan nerviosa cuando tuviera que mentir.

—Me encantaría verlo...

Una vez que salimos del laboratorio, subimos a un vehículo. Marwan dijo que Cedrik nos estaría esperando en el ala de la presidencia. Casi había olvidado lo grande que era aquella academia.

Íbamos en un silencio tan profundo que hasta el sonido de mi estómago reclamando comida se escuchó con claridad. Avergonzada, giré mi cabeza hacia la ventanilla, aunque no estuviera interesada en nada de lo que había afuera.

—Ten, cómetela —puso una barrita de proteína sobre mi pierna—. Después de ver a Cedrik, te llevaré a comer.

Ni siquiera sabía de dónde la había sacado, pero tampoco quise investigar. Tenía tanta hambre que abrí la envoltura de inmediato y gemí al darle la primera mordida. Cuando terminé de devorarla, me di cuenta de que Marwan me observaba con una expresión apenas divertida.

—¿Qué? —pregunté con la boca llena.

—Siempre me gustó esa manera tuya de disfrutar lo que comes —respondió con voz grave.

«No sé si tomarme eso con albur».

Tragué de golpe el último bocado.

Hubo unos segundos de silencio hasta que el vehículo se detuvo y, después de tanta tensión, agradecí la interrupción.

Después de bajarnos, nos encaminamos hacia la presidencia. El interior seguía tan lujoso e impecable que hasta sentía pena de pisar aquellos azulejos tan relucientes.

Me hice una pregunta que la primera vez ignoré: ¿Cuántos asesinatos se habrían cometido para sostener un lugar como ese?

De pronto, quería vomitar.

Sabía que no era precisamente la persona más indicada para escandalizarme. Después de todo, yo también había tomado decisiones con las que cargaría el resto de mi vida. No juzgaba a todas las personas que formaban parte de Romanova; muchas no tuvieron elección. Lo que realmente condenaba era el sistema que convertía a los niños en asesinos.

Metanoia © [II] Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora