Capítulo 7

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Everything Has Changed

Jul

Esa mañana decidí romper con la rutina. No fui a la escuela, tampoco a Sempiterno, incluso apagué mi móvil. Necesitaba reflexionar y, por lo mismo, me encontraba sentada en una banca de Central Park, rodeada de palomas.

Mi día anterior fue una gran montaña rusa de emociones. Todo empezó mal cuando le eché sal a mi café, en vez de azúcar.

«En serio, ya hasta pena me da mudarme, no vaya a ser que se me pegue tu sal y se la lleve a otra cabeza».

Me sentía más tranquila, ya había asimilado que Naím se había ido, y que no debía esperar verlo pronto. Sin embargo, tenía que tomar una decisión, si con la reaparición de Álex en mi vida debía quedarme, o si era mejor irme. Solo quería encontrar un lugar en el mundo para mí.

«Con la vergüenza que nos hiciste pasar ayer, yo diría que lo mejor sería mudarnos de planeta».

Quería omitir ese detalle, pero gracias a mi conciencia tan comunicativa, me veo en la necesidad de contarlo.

«Por favor, hazme los honores».

Vomité a Álex. Sus tenis, para ser más explícita.

«¡Y ni siquiera se disculpó!».

Cierto... En mi defensa, tuve un día de mierda y tantas emociones me revolvieron el estómago. Si no me disculpé, fue porque salí huyendo de ahí. Aunque no lo crean, sí conozco la vergüenza. Ahora no sé cómo encontrarlo y tampoco sé si quiero hacerlo.

«¡Tienes que hacerlo, le debes unos tenis!».

Para ignorar a mi conciencia, observé mi entorno. Había personas corriendo, caminando, platicando, desayunando, leyendo... Otros, tan solos como yo. Entonces me pregunté: ¿a dónde va uno cuando tiene su vida tan desordenada?

«Siempre puedes viajar a través de una llamada». —Eran las palabras que solía decirme Ryan, cuando le contaba lo sola que me sentía.

Miré a alguien que estaba sentado debajo de un árbol, fumando un cigarrillo y hablando por teléfono, bajé la mirada al mío que tenía entre mis manos temblorosas, aún seguía apagado, pensé muy bien qué hacer, hasta que me decidí y lo encendí. Seguía teniendo dudas, incluso cuando marqué el número de la persona que quería escuchar a través de la línea, no sin antes bloquear mi número para que no pudiera verlo.

Mi corazón retumbaba mientras escuchaba la línea sonar, y casi implosionaba cuando escuché la voz del otro lado.

—¿Hola?

Tuve que volver a verificar en la pantalla que había marcado al número correcto, y efectivamente estaba bien. Esperaba que la persona que me respondiera fuera mi madre, pero no, quien contestó fue David.

—¿Hola? —volvió a hablar.

Pensé en colgar, pero en eso escuché una segunda voz.

—¿Quién es? —dijo mi madre.

—No sé, no se escucha...

—¿Hola? —contestó mamá.

Los labios me temblaban, pero, aun así, tomé las fuerzas suficientes para decir:

—Soy Jul... Por favor finge que no soy yo... —supliqué.

La línea se quedó en silencio, incluso creí que me había colgado, pero entonces dijo:

—Es del restaurante —pareció decirle a David—. Sí, ahora mismo voy a la oficina para verificarlo —suspiré con eso que dijo.

La oficina de mamá se encontraba dentro de la casa, en lo más solitario. Con eso sabía perfectamente que podía hablarme sin que nadie nos interrumpiera ni escuchara nada. Esperé impaciente hasta que escuché el sonido de una puerta al cerrarse.

Metanoia © [II] Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora