Capítulo 2

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The prophecy

«Quizá solo debo reconciliarme con el amor y dejar de fingir que no lo necesito».

Bostecé mientras me bajaba del auto de mi 911, había dormido únicamente dos horas, puesto que llevaba días trabajando en una maqueta que dentro de poco debía exponer en un evento especial, según como lo había llamado mi maestro. Estuve tan concentrada en mi trabajo, que olvidé por un momento que era una simple mortal que necesitaba comer y dormir.

«Incluso follar».

Naím se había quedado a dormir en mi departamento y amablemente, también se había ofrecido a llevarme a la escuela temprano. Así que lo obligué a que hiciera una parada en mi lugar favorito, porque necesitaba un café, o sino no iba a funcionar.

—¡En serio, amarás este lugar! —Le dije emocionada, mientras lo veía sobre mi hombro.

—¡Cuidado! —exclamó él con los ojos casi fuera de sus órbitas.

Sin embargo, ya había sido tarde para el aviso, pues accidentalmente choqué contra el torso de una persona.

«Qué cliché».

—Lo lamento —me disculpé, sintiendo la vergüenza ardiendo en mis mejillas.

No podía verle la cara porque llevaba el casco de una moto puesto, pero claramente era la complexión de un hombre. Él ni siquiera se inmutó en responder a mi disculpa, simplemente me sacó la vuelta y continuó su camino, dejando el aroma de su perfume en el aire. Lo seguí con la mirada sobre mi hombro, dispuesta a gritarle «de nada», claramente con sarcasmo, pero el tatuaje de una rosa negra sobre su cuello llamó más mi atención. Estaba casi segura de que yo ya lo había visto antes. Nada extraño, seguramente también era tan fan de Sempiterno como yo.

—¿Estás bien? —preguntó Naím, siguiendo mi mirada.

La voz de mi 911 me hizo espabilar, por un momento olvidé que iba acompañada. Definitivamente necesitaba ese café. Asentí en su dirección y empujé la puerta del lugar.

—Entonces aquí es donde trabaja tu admirador, ¿cierto?

Rodé los ojos. Por supuesto que cuando le conté sobre ese lugar, también tuve que contarle sobre Yaxiel, el tipo que atendía la librería y que no perdía la oportunidad de coquetearme cada que me veía.

—Por favor, si lo tienes en la lista, elimínalo de una vez porque una cita con él no va a suceder —aseguré, mientras caminaba hacia las máquinas de café.

—¿Por qué? ¿Porque a él no podés sobornarlo o qué?

Me reí. Naím nunca iba a superar lo de Azriel, mi compañero de clase, ese que siempre me había pedido salir. Le pedí que fingiera salir conmigo, pero para que no pensara que se podía dar algo serio entre los dos, le dije que le pagaría cien dólares. Él aceptó. Fingimos salir unos días, después se lo presenté a Naím, y todo se veía bastante creíble hasta que Azriel le coqueteó a mi 911, diciéndole que tenía unos ojos preciosos. Sí, resultó que mi compañero de clase era gay, así que me vi en la obligación de confesar la verdad.

«Azriel tiene buenos gustos».

Eso no se lo discutía a mi conciencia.

—Llegaré tarde a la escuela. Sé bueno y ve por un rico postre en lo que yo preparo nuestros cafés, ¿vale? —evadí el tema, porque eso sí que me salía de puta madre.

Naím vio detrás de mí, sonrió divertidamente y después se marchó. No fue hasta que yo me giré hacia la máquina de café, cuando supe por qué lo hizo. Yaxiel estaba ahí, recargado sobre la máquina con esa postura de «ninguna se me resiste».

Metanoia © [II] Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora