Capítulo 22

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Daylight

Jul

Cuando David y yo decidimos abandonar el puerto, fue porque ambos dijimos que lo mejor era volver a casa. Ninguno de los dos quería que nuestra llegada juntos fuera malinterpretada por nuestra familia. Por eso mismo, no quisimos alargar el momento.

Me sorprendió enterarme de que ya no manejaba una motocicleta. Dijo que dejó de hacerlo poco tiempo después de que yo me fui. También mencionó que su decisión no tenía nada que ver conmigo, sino que le resultaba más práctico un automóvil para transportar su equipo de trabajo. En eso habíamos cambiado los dos.

No pude evitar observarlo mientras manejaba; me gustaba lo que veía en él. Era como si hubiese crecido en todo ese tiempo. Quería hacerle muchas preguntas, pero supuse que todo sería en su debido momento. Tampoco era como si pudiera llegar y meterme en su vida como si nunca me hubiese ido.

No podíamos recuperar el tiempo perdido, pero sí crear buenos momentos.

El camino a casa, en sí, fue silencioso; cada uno iba sumido en sus propios pensamientos, y eso no fue para nada incómodo. No fue hasta que llegamos al pueblo cuando finalmente preguntó:

—¿Estás nerviosa? —Me vio de reojo.

—Emocionada, en realidad —sonreí—. No puedo esperar a ver la cara de mamá y de Asher. —Me mordí el labio inferior—. ¿Ha crecido mucho?

—Bastante —suspiró—. Ahora es más... rebelde. Adolescentes, ya sabes. —Sonrió—. Le encantará verte, aunque se sentirá muy ofendido de que hayas venido sola... Es muy fan de tu novio, ¿lo sabías?

«Lo comprendo, también me ofende muchísimo».

Me ruboricé. Me gustaba que se refiriera a Álex como mi novio, aunque no tenía ni idea de si eso era lo que seguiríamos siendo. Eso me llevó a preguntarme cómo estaría él o si me odió después de enterarse de que me fui.

—Sí, algo me comentó Liam.

Vi por el espejo retrovisor y fruncí el ceño al ver el coche que venía atrás. No me sentía paranoica, pero estaba segura de que ya había visto ese mismo automóvil detrás de nosotros. Parpadeé cuando David dio vuelta a la derecha y el auto de atrás, a la izquierda. Seguramente estaba tan agotada que mi cerebro ya veía cosas donde no las había.

Y, de repente, ya se estaba abriendo el portón que nos daba acceso a nuestro hogar. Mi corazón empezó a latir emocionado.

—Bienvenida a casa, Jul.

Sonreí porque no era un sueño, de verdad estaba de regreso.

Cuando David aparcó el coche, yo me quité el cinturón con lentitud. Abrí la puerta y me bajé, observando hacia todos lados. Todo seguía igual. Era solo que pensaba que volver a la casa que alguna vez llamé «prisión» se sentiría como beber agua salada. Sin embargo, se sintió bien volver a respirar ese aire tan puro.

Vi hacia la casita donde reposaban las cenizas de mi padre, y se me escapó una pequeña lágrima. Quise correr primero hacia allí, hablarle a ese recuerdo que guardaba en mi corazón, contarle todo lo que había logrado, pero no era esa mi prioridad. Mi padre podía esperar. Mi madre no.

—¿Estás lista? —preguntó David, mientras me ofrecía su brazo.

Asentí, tragué saliva y entrelacé nuestros brazos. Avanzamos hacia la entrada; él abrió la puerta, y enseguida me llegó ese aroma tan familiar a comida.

David me dio el espacio para que pasara primero. En la sala de estar se encontraban Liam, Leonel y Asher. Estaban jugando algún tipo de juego de mesa. Este último me vio, parpadeó y después se levantó de un salto. No habló, no gritó; solo sonrió y corrió a abrazarme.

Metanoia © [II] Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora