Capítulo 10

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This Is Me Trying

Jul

Hacía tiempo que no pisaba la ciudad de Barcelona, esa misma que me vio nacer y vivir mis mejores primeros cinco años de vida, junto a mi padre. Una extraña mezcla de nostalgia me invadió al instante, se podría decir que allí vivían algunos de mis mejores recuerdos.

El aeropuerto estaba invadido de personas. Busqué con la mirada entre la multitud, tratando de identificar ese rostro familiar por el que había ido. No tardé en encontrarlo; con una mirada perdida, complexión bastante delgada y semblante pálido, estaba Liam. Él todavía no me había visto, así que me permití observarlo, mientras le agradecía a la muerte por no haberse llevado a mi hermano.

Caminé hacia él, con el miedo de que pudiera flaquear, las piernas me temblaban y los ojos se me llenaron de lágrimas cuando por fin él me vio. Fue tanta mi emoción de volver a verlo, que olvidé mis miedos y corrí a abrazarlo con todas mis fuerzas. No me importó que estuviésemos rodeados de personas, yo lloré como lo hace una niña pequeña.

—No vuelvas a hacerme esto —me aferré a su playera con fuerza—. Ya he perdido a personas importantes, joder... Prefiero morirme yo antes que perderte a ti.

Cuando le dije esas palabras, también se soltó a llorar y me apretó más fuerte. Sabía que lo había entendido, captó mi mensaje y se dio cuenta de que yo estaba pisando esa ciudad por él.

—Me estoy rindiendo... —sollozó—. No sé cómo hacerlo solo, princesa.

Me separé de él, me sequé las lágrimas e hice lo mismo con las suyas, lo sujeté de sus mejillas y lo obligué a verme.

—No lo harás solo, ¿me entiendes? Estoy aquí para ti, Liam, y lo haremos juntos —aseguré—. Buscaremos ayuda, ¿vale? No voy a permitir que te pierdas, te lo prometo.

Antes de subir al avión, llamé a Ryan, le pedí que me contactara con una psicóloga de su entera confianza, así que me pasó el contacto de una. Mi hermano tenía demasiadas cosas guardadas, y si algo aprendí de todo, es que nada de eso era bueno. Lo primero que Liam tenía que hacer, era empezar a soltar, y no sabía cómo demonios iba a conseguir que lo hiciera, si yo tampoco lo había hecho.

Yo también seguía extrañando a Nicole todos los malditos días, pero si quería ver a mi hermano bien, también tenía que aprender a dejarla ir.

—Vamos a casa, princesa —propuso.

—¿A cuál...? —pregunté con miedo.

—A la nuestra.

Hablaba de esa casa, en la que alguna vez fuimos felices porque éramos una familia. Mi madre jamás quiso venderla porque decía que nos pertenecía a nosotros dos. Sin embargo, no la he pisado desde la última vez que nos fuimos teniendo tan solo cinco años.

«Ay, querida, también debes soltarlo a él».

—Antes me gustaría que hiciéramos una parada...

—Por supuesto —frunció el ceño—. ¿No trajiste equipaje?

Negué. Suponía que también tendría que ir de compras, pero eran tan solo las cuatro de la madrugada, no encontraría nada abierto.

Liam no tenía ni la más remota idea de a dónde quería ir yo a esas horas de la madrugada, pero no hizo preguntas sobre eso. Solo me preguntó cosas sobre mí y mi vida en Nueva York, le conté todo, excepto sobre Álex. Supe también que, dos semanas atrás había ido a Enniskerry, él podía darse ese lujo porque estaba mucho más cerca. Me contó que Asher seguía con la misma novia y que mamá y Leonel estaban bien. No mencionó absolutamente nada de David, y de verdad lo agradecí.

Metanoia © [II] Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora