Fin de año

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Los siguientes días fueron increíbles.

Pedri me enseñó todos los rincones de su pueblo.

Pasé un día entero con su madre y la de Ferran.

Fer y yo nos llevábamos genial y adorábamos molestar a Pedri a todas horas.

Y las horas en las que estábamos solos, pues bueno, Pedri se encargaba de entretenerme a su manera.

Y no me quejaba en absoluto.

Era 31 de diciembre.

Y estaba en la cocina con Ferran, preparando las uvas para todos en cuencos diferentes.

- Estás preciosa desde que sonríes más, ¿lo sabías? -Ferran me revolvió el pelo y yo le abracé por ls cintura.

Era verdad que no había dejado de sonreír esos días.

- Tu siempre estás guapo, Ferri. -le sonreí pellizcándole el brazo.

Él soltó una risita.

- Pasado mañana volvemos a Barcelona y empezaran los partidos de nuevo. -habló.

- Lo sé, no pienso perderme ni uno. -le aseguré.

- Eso pensaba. -sonrió.

- Además, ahora tengo una camiseta solo mía. -dije orgullosa.

Él soltó una risa.

- Y un novio futbolista. -picó.

- No es mi novio. -golpeé su cadera con la mía, quitándolo de en medio.

- Os tratáis como si lo fuéseis. -contestó.

- Pero aún no lo somos. -contesté yo.

- No creo que Pedri tarde mucho, está tan embobado que no sabe ni caminar recto. -solté una carcajada al escucharle.

- No seas exagerado. -me reí.

- Yo nunca miento, Ela. -dijo envolviéndome en un abrazo de nuevo.

Me reí.

Terminamos con las uvas y las llevamos a la mesa, donde los demás acababan de poner la mesa para cenar.

Me senté al lado de Pedri y Ferran se sentó a mi otro lado.

Cenamos entre risas y quejas del hermano de Pedri, diciendo que estábamos cenando muy tarde y no nos daría tiempo a dar las campanadas.

Y efectivamente.

Cuando faltaban cinco minutos para las campanadas, seguíamos comiendo, aún con el postre.

Nos levantamos todos corriendo hacia el sofá, cogimos los boles con las uvas y nos preparamos.

Fer se metió debajo de la mesa, golpeándose la cabeza y haciendo que todos soltásemos una carcajada.

Tres minutos.

- ¿Qué haces? -le preguntó Pedri riendo.

- Se supone que así consigues novia. -se rio Fer.

Todos soltamos una carcajada.

Dos minutos.

- Cada día eres más tonto. -dijo Pedri aún riendo.

- No te quejes, tu tienes a Elara. -dijo Fer desde debajo de la mesa.

- Bueno, técnicamente, yo tampoco tengo novio, así que.. -me reí y me metí con Fer debajo de la mesa.

Ferran soltó una carcajada, aplaudiendo entre risas.

Pedri me miró con la boca abierta y sus padres también soltaron una carcajada.

- ¡Ya es la hora! -gritó la madre de Ferran.

Las campanadas empezaron a sonar.

Y todos empezamos a comernos las uvas, Fer y yo ahogándonos de la risa debajo de la mesa.

Los aplausos llegaron cuando acabaron las campanadas.

Fer me abrazó con fuerza aún debajo de la mesa y una mano se posó en mi visión.

Pedri me tendía la mano desde arriba.

Se la cogí y me levantó del suelo.

Plantó sus labios sobre los míos.

- Ya que te has metido debajo de la mesa, tenía pensado hacerlo de otra forma, pero no quiero esperar más. -sonrió contra mi boca.

- ¡Fer, creo que ha funcionado! -grité haciendo reír a los demás

Pedri soltó una carcajada.

- Se mi novia, rubia, solo mía, sal conmigo. -habló mirándome a los ojos.

Lo besé sin dudar ni un solo segundo.

Me aferré a su cuerpo escuchando como todos aplaudían entre risas.

Me sentía en casa.

De verdad.

- Solo espero que en algún momento entre alguna chica guapa por la puerta y me plante un beso a mi. -se quejó Fer saliendo de debajo de la mesa y dándole un golpecito en el hombro a su hermano.

Yo me reí.

- Ahora quítate, déjame a mi Ela un rato. -Ferran llegó a mi lado, empujó a Pedri y me abrazó.

- Celoso. -me reí contra su pecho, de broma.

- Siempre. -contestó besando mi cabeza. -te dije que no tardaría, estoy muy contento por vosotros, Ela. -habló contra mi pelo.

- Te quiero mucho, Ferri. -le abracé con más fuerza.

Sus padres me dieron la bienvenida oficial a la familia, repitiendo unas mil veces lo orgullosos que estaban de que Pedri me hubiese llevado a su casa, y lo maravillosa que yo era.

Les abracé sin dudarlo a los dos, al igual que a los padres de Ferran.

Después de eso, Fer nos arrastró fuera de casa, a una discoteca que estaba a rebosar de gente a mi, a Ferran y a Pedri.

Nos pasamos la noche bailando, bebiendo y riendo entre los cuatro.

Pedri no perdía ninguna ocasión para darme algún que otro beso.

- Vamos a hacernos una foto. -dijo Ferran con una risa, borracho.

Le pidieron a una chica que pasaba por ahí que nos hiciera una foto a los cuatro, abrazados, los tres me apretujaban a mi.

Ferran la subió a instagram, felicitando el año nuevo a todos sus seguidores.

Pedri le pidió a Ferran que nos hiciera una foto a los dos, besándonos.

- Voy a subirla. -habló mientras la ponía en su historia.

- Pedri.. -le dije, pensando en el revuelo que causaría esa foto.

- Solo a mejores amigos, ya me encargaré de decir más adelante que eres mía, no te preocupes. -sonrió.

Asentí y todos seguimos con la fiesta hasta que nos dolieron los pies y volvimos a casa caminando por la playa, hundiendo los pies en la arena.

Nos dormimos al instante, casi sin cambiarnos de lo cansados que estábamos.

Pero no dormimos mucho.

Ferran entró en tromba, seguido de Fer por la mañana temprano.

- ¿Qué coño pasa? -se quejó Pedri a mi lado, abriendo los ojos.

- La has liado gorda, tío. -contestó Ferran soltando una carcajada.

Y supe perfectamente lo que había pasado sin necesidad de que lo dijesen.

Destino +18 - PedriHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora