II

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Se sentía molesto, muy cansado y ansioso, eran las diez de la mañana y no había podido salir del departamento porque Dogu seguía ahí, estaba seguro de que el señor Min lo correría, estaba por llorar de la angustia, necesitaba ese empleo, era su única salvación. Su esposo no entendía cuando parar, siempre fue de esa manera, sin embargo, jamás se perdía en el alcohol o los juegos, pero después de un tiempo y tras malas compañías lo hizo, y ahora no podía parar.

Tampoco entendía cuando él estaba triste o cansado, cuando se preocupaba o lloraba porque no estaba a su lado, o porque no había dinero para nada, ni para alimentos o agua caliente, su esposo no entendía, mucho menos comprendía por qué Jimin ya no era tan afectivo como antes, porque ya no lo recibía con una sonrisa enorme, no lo entendía y tampoco le importaba.

Dogu empujaba sobre su cuerpo con demasiada fuerza, Jimin no había podido evitar el sexo, era algo que no podía negarle a su alfa, aunque estuviera cansado tenía la obligación de atenderlo, o eso es lo que él pensaba, a veces se sentía casi obligado, si decía que no, la respuesta siempre era la misma "Ya no me quieres" el chantaje emocional al que estaba sujeto, era tal, que aceptaba todo lo que él quisiera hacerle. No quería tener relaciones esa mañana, pero, cedió, se sentía tan incorrecto, su toque era tan fuerte y frío, no le gustaba sentiste de esa manera.

—Volveré tarde—dijo tras terminar, sólo su puso los pantalones y se fue, Jimin tragó en nudo en su garganta.

¿Dónde estaba el amor? ¿Dónde habían quedado los besos y los abrazos? Ya no lo reconocía, y le dolía, porque había sido la primera persona a la que había amado con locura, su primer amor, la primera ilusión, todo lo vivió a su lado, y ahora, eran esos recuerdos dulces los que lo torturaban. Ya no sabía qué hacer. Estaba perdido.

Se dió una ducha rápida y salió cambiado de su departamento, rogaba el cielo que el señor Min no lo corriera, mientras corría entre las personas por la calle, quiso tirarse a llorar, estaba llegando a su límite, realmente estaba mal. Llegó a la tienda y entró, todo estaba en silencio.

La cortina se abrió y vio el rostro apacible de Min, este le miró con una ceja alzada.

—Creía que no vendrías más.

Jimin hizo una reverencia y trato de controlar su respiración.

—Lo siento mucho, tuve un inconveniente familia. Lo lamento señor Min.

—Está bien—el sonido de su voz en calma le hizo elevar la vista, Yoongi lo observaba con tranquilidad—. Debería darte mi número o tú darme el tuyo para que sea más sencilla la comunicación.

—Sí señor.

—Ven acá atrás, tengo que hacerte unas preguntas.

—Cla...claro.

Jimin lo siguió a la parte trasera, a la cocina, Yoongi tenía un libro sobre la mesa, parecía que había estado usándolo mientras llegaba.

—Toma asiento, mi hermano Jin me ha regañado, dice que no debí haberte contratado sin saber más de ti. Así que te haré algunas preguntas.

—Está bien, responderé todo lo que quiera—dijo sentandose frente a él.

—Te voy a ser honesto, realmente no me importa quien eres o lo que hagas, pero, supongo que sí trabajaremos juntos, tengo que saber lo básico sobre ti. Empezamos con tu edad ¿Cuántos años tienes?

—Veinticinco años señor.

Yoongi le observó con una ceja alzada. —Eres joven, ¿En qué universidad estudiaste?

—No fui a la universidad, la dejé en el primer año, había entrado a educación, pero, por motivos personales lo deje.

—Bien—suspiró—. ¿Estado civil?

My Loved SunFlower *Yoonmin*Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora