2. Bonito día...

25 7 0
                                        

Cierro la puerta con más fuerza de la que debo, aunque poco me importa.

—Ya me vas a dañar el carro —rezonga Damon, descarado, y lo miro desconcertada.

—Tu arruinaste mi dibujo y acabas de tirarla a la basura.

—Lo que no sirve se bota —replica, como si todo no fuera su culpa. Ah, imbécil—. Hay cosas que simplemente se tienen que empezar desde cero.

—¿Y tú qué sabes si yo iba a hacer eso?

Me mira subiendo una ceja.

—No lo creo. Además ¿De qué te quejas? En preescolar quemaste gran parte de mis dibujos ¿O ya lo olvidaste?

La verdad ni me acordaba de eso, pero ahora que lo menciona recuerdo que fue la última travesura que hice en el preescolar y se supone que nadie se había dado cuenta que fui yo la autora de ese crimen, por lo que, frunzo el ceño, dispuesta a negarlo.

—¿Qué dices, loco?

—¿Quién más iba a quemar mis dibujos luego que yo sin querer te dañara el peluche? Aparecieron así justo en el momento que te cambiaron.

—Solo salgamos de aquí —le ordeno para no seguir la conversación y no terminar yéndome a pie sola.

—Como mandes.

Y se me va el enojo, a lo que me surge una idea para joderle un poco la paciencia. No lo obligué a juntarse conmigo, además de que, entiendo su punto con mi intento de pintura, pero hijo de puta podías decirme directamente que empezara desde cero en vez de volverla mierda.

Aunque... creo que no hubiese hecho caso.

Cabrón.

—¿Jugamos veo, veo? —propongo de manera seria, aunque ya estoy maquinando miles de escenarios rompiéndole las bolas solo por darme el gusto y ¿Él? Aguantando por que le toca. Es esto u otra cosa, y no sería problema si no es porque... él también ganaría y pues no...

Ni siquiera debería estar pensando en eso.

—No —su respuesta seca y con un tono que casi me deja el ¿Wtf? Al final, me saca de mis pensamientos y miro su perfil—, rara —agrega.

—Ay, ándale ¿Sí?

—No seas infantil.

—Y tú no seas amargado.

—¿Qué más? —me cruzo de brazos y suspira pesadamente—. Empiezas tú.

Por suerte creo que no nota mi expresión de disgusto, ya que pensé que no cedería tan fácil. Y una mierda. Tendré que pensar en algo más, pero luego de buscar un color que no tardo en elegir.

—Okey, eeeh, veo, veo algo... Azul.

—El cielo.

—No.

—El carro de allá —dice, señalando uno.

—No.

—Me rindo.

—¿Tan rápido?

—Esto es una estupidez.

—¿Entonces te rindes, aburrido?

Me echa una ojeada antes de clavar sus ojos en los míos, entrecerrándolos un poco.

—¿Tu blusa? —niego—. Mis ojos —deduce y asiento sonriente —. Bien, gané. Veo, veo, algo... transparente.

—Es un color, idiota.

—Bueno, color transparente.

—No existe.

Marcando los erroresDonde viven las historias. Descúbrelo ahora