—¿Cómo te sientes ahora?— le preguntó Liam, dándole un sorbo de jugo de naranja que le había ofrecido.
Genevieve se encontraba en la casa de el castaño, pero no se sentía seguro con él. Muchisimos recuerdos la invadieron y su nombre era algo imposible de olvidar. ¿Sería el mismo chico cual entró a su casa hace cinco años atrás? Probablemente nunca lo sepa.
Ella asintió, aún tenía su cuerpo lleno de moratones, pero luego de haber estado una hora descansando, ya no sentía el mismo dolor que hace un rato. Solo había bajado un nivel.
—Yo te he visto en otro lado.— Liam hizo una mueca, intentando recordar el rostro de la chica. —¿me dirías tu nombre?
Ella carraspeó su garganta y se incomodó gracias a esa pregunta.
—Lilit.— mintió, no podía arriesgarse a nada.—¿me puedes llevar a casa?
—No puedes moverte mucho, Lilit. Será mejor que te quedes la noche aquí, te sentirás mucho mas segura.— aseguró el castaño guiñándole el ojo.
No podía darse el lujo de quedarse en casa de un desconocido, mucho menos cuando tiene dudas de la identidad de el chico. Pero ella sentía su presencia tan reconfortante, realmente Liam le entregaba seguridad.
Aún así no se podía fiar de él.
—¿Por qué estabas afuera?— se atrevió a preguntar. El chico dudó unos segundos en responder, mirando las paredes de la habitación.
—Tenía cosas que hacer.— le restó importancia, encojiendose de hombros —¿tú qué hacías?
—Matando.
Gena no podía dejarse intimidar por los ojos de él, cuales la miraban con cierta interrogación. Ambos sabían que se mentían, ambos no estaban completamente seguro de estar en la misma habitación.
—Genevieve.— soltó finalmente, formando una sonrisa ladeada en su rostro. Se acercó un poco al rostro de la chica, examinándolo por completo. —Vaya, eres una perfecta mentirosa.
El chico megaba riendo, sin poder creer que finalmente acertó con la identidad. Pues era la hija del que causó la muerte de su padre y de su madre al mismo tiempo. Estaba con ella frente a frente.
Ella respiró profundo y resolvió todas sus dudas, estaba frente al chico quien destruyó a su familia.
—Pero ¿qué estás haciendo viva?— preguntó incrédulo —se suponía que él imbécil de Louis te matara.
—Dicen que hierva mala nunca muere ¿verdad?— la manera tan víbora de responder de Gena sorprendió al chico, su voz estaba muy lejos de temerle.
—Pero tú.— la apuntó, para luego pararse de la cama con brusquedad —tú deberías estar muerta, Genevieve.— se agarró la cabeza, con gran señal de desesperación.
—Pues contrataste a la persona más estúpida para matarme.— se burló.
—Sarah debía hacerlo.— golpeó el velador con sus puños, recargándose en él.
—Sarah tambien es estupida.
Y Liam rió, rió tan fuerte que hizo poner de los nervios a Gena. ¿Por qué estaba riéndose?
El castaño volteó, cargando su peso en el mueble y mirándo a Gena con una sonrisa de oreja a oreja.
—¿Actúo bien, verdad?— Geneviebe abrió los ojos como platos.—Sabía que estabas viva, Genevieve ¿crees que soy un tonto?
Era obvio, nada de ésto sería un simple coincidencia. Que él la ayudara, para llevarla a casa y a ser quien sabe con ella. Ésto estaba más que claro y la chica no pudo pensar en esa posibilidad desde el primer momento.
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