Adeline Targaryen.
Primogénita de Rhaenyra y su espada juramentada Sir Harwin Strong.
Muchos hablaban de ella, su cabello era negro y oscuro como la noche, pero tenía aquellos ojos violetas uno de los rasgos característicos de los Targaryen. Cada...
La cacería se había cancelado por el estado de salud del rey. La reina estaba desesperada y había cancelado todo. Rhaenyra también estaba insoportable y yo me la pasaba metida en el campo de entrenamientos. Me quedé unos segundos observando a Daeron que tenía aproximadamente mi edad y la de Jacearys.
Joder, la reina hacia bellezas.
—Uno, dos tres —susurro Aegon en mi oído—¿ Quieres al tercero? Pensé que dijiste que no podías con él.
—Solo estoy observando —me gire y contuve mis ganas de besarlo.
—Habrá una cena esta noche, Jacearys volverá a Rocadragon.
—¿ Otra vez?
—Cassandra Baratheon volverá a Bastión de tormentas.
Sonreí ampliamente y miré a Aemond que estaba con Daeron.
—Que bonita es la vida, ¿ No?
—Celebra, ese tuerto debe estar saboreando la victoria.
—No, no estaré con el si tu no estas. Los quiero a los dos.
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Me puse un vestido negro y me fui al salón. Me sente junto a Baela que al parecer no le importo que yo estuviera ahí.
—Eres muy bonita —sonrío y frunci el ceño —Perdón esto de la empatía no es lo mío y quisiera conocerte, eres mi hermana.
—Yo también, Baela.
Estuvimos conversando y todos nos levantamos cuando el rey entró. Rhaenyra era incapaz de mirarme y yo de alguna forma quería llamar su atención, quería que ellos me quisieran como si fuera parte de su familia porque aunque me pareciera a ellos físicamente yo no era más que la intrusa aparecida que compartía la misma sangre.
Era la bastarda de Daemon y nada más importante que eso. Ni siquiera podía tener un dragón y aquel huevo que me habían regalado los peliblancos no había eclosionado.
La cena estaba siendo tediosa para todos. Aemond y Jacearys se habían peleado y por lo que supe casi nos íbamos a Rocadragon.
Lo que me faltaba era la presencia de Cregan y la de si hermana. Lyanna era una chica muy agradable y su hermano también, pero yo no quería verlos ahí. No quería recordar que sería una moneda de cambio para el rey.
—Se ve hermosa esta noche princesa —susurro el pelinegro y sonreí.