⚠️ Aclaración ⚠️ Antes de nada, quiero aclarar que el personaje que apareció en el capítulo anterior con el nombre de Maya Miyamura es en realidad Naoko Miyamura, que pareció en el capítulo 6 cuando Jotaro estaba en la enfermería del Dojo. Tuve una confusión con los nombres, discúlpenme. De ahora en adelante el nombre del personaje es Naoko Miyamura, he cambiado el nombre en los otros capítulos en los que aparecía como Maya, así que no será un problema para los que empiecen a leer ahora. Eso es todo, disfruten del capítulo y disculpen las molestias.
***
Durante esa época de nevadas, el pelirrojo y yo disfrutábamos de salidas casi diarias por el barrio y las montañas.
Nos gustaba revolcarnos por la masa espesa de agua blanca y sentarnos en los bancos congelados, a dar de comer a las frioleras palomas, que se acumulaban a nuestro alrededor, ansiosas por engullir algo de alpiste.
Todo esto, para volver corriendo al calor de nuestras chozas, dónde solíamos tomar algo caliente y ver películas en cintas VHS.
Un día de estos; estábamos acomodados dentro de una fortaleza de cojines que habíamos construido sobre la cama de Kakyoin. Veíamos E.T., el extraterrestre, Por quinta vez ese mes, sugerida por supuesto, por Kakyoin, que no se cansaba de verla.
Toda mi atención estaba posada, como no, en Kakyoin, que no despegaba la vista de la pantalla.
Repasando el perfil de su cara, hallé el curioso pendiente del pelirrojo, y le di un suave toquecito.
- ¿Por qué cerezas? - Pregunté.
Kakyoin me miró entonces.
- Son mis favoritas - Respondió, casi automáticamente. - Las comería por siempre... Sin comer nada más... -
lo miré un par de segundos.
- Guau... Vaya un rarito - Dije. Kakyoin me pegó un empujón.
- ¿Para qué me preguntas si me vas a tartar así? - Me reprochaba.
- ¡Estate quieto, que destruyes la fortaleza que tanto me ha costado construir! - Le reclamé yo. Él solo continuó balanceándome de un lado a otro.
Minutos después, mi mirada continuaba posada en su lóbulo.
- ¿Duele mucho? - Pregunté de pronto, haciendo que el pelirrojo apartara la mirada del televisor de nuevo.
- ¿Qué? -
- Los agujeros, digo... Supongo que tienes agujeros para los pendientes... Mi madre tiene - Expliqué. Él soltó una suave carcajada.
- No es mucho, suele ser un pinchazo rápido -
- Ya veo... -
- ¿Por qué preguntas? -
- Nada en especial... -
- Seguro... -
Un par de días después me encontraba aporreando la puerta de su casa.
Me abrió, bastante exaltado.
- ¡Joder, Jotaro! ¿Qué te he dicho de venir sin avisar? - Me regañó - ¡Sabes perfectamente que mi padre te mataría si supiera que vienes aquí! -
- Es que me la suda tu padre -
- ¡Ya lo sé joder, pero a mí no! Menos mal que está otra vez en Tokyo todo el fin de semana, por que vamos si llega a estar aquí...-
- Necesito una aguja y tu ayuda - Dije de repente.
Kakyoin se quedó mirándome, tratando de procesar lo que acababa de decir.
- ¿Una aguja... - Comenzó - ¿Jotaro qué cojones? Que sepas que no voy a hacer ningún tipo de pacto de sangre o algo así contigo -
- Joder... - Dije yo, algo triste - No era eso, pero es una pena saber que no estarías dispuesto -
- ¡Claro que no estaría dispuesto, Jotaro por dios! -
Entramos a la casa, y me quité los zapatos en la entrada.
- Me quiero hacer los agujeros - Expliqué - Para eso es la aguja... -
Kakyoin volvió a quedarse mirándome.
- ¿Agujeros dices? ¿Para... Para pendientes? - Me preguntó, incrédulo.
- ¿Qué tiene eso de raro? - Le pregunté, tratando de descifrar el geroglífico que era su cara en esos momentos.
- Ah, esto, no es nada, es solo que no me lo esperaba - Explicó, en un tono alegre. - Pues... ¿Le has preguntado a tu madre? -
- ¿Qué? ¿Que si le he preguntado qué? -
- ¿Tú eres tonto o te lo haces? -
Charlábamos sentados sobre el sofá de su sala de estar.
- Que si le has pedido permiso a tu madre para hacerte los agujeros -
- Qué coño, ¿Por qué iba a hacer eso? -
Kakyoin me miró un par de segundos.
- ¿Porque es lo que se suele hacer?... -
Lo miré yo a él.
- ¿Tú le pediste permiso a tu padre? -
- A ver, mi caso es uno completamente distinto, las circunstancias, la situación, la... -
- ¡No quiero escuchar tus excusas, vamos a por una aguja antes de que se me quiten las ganas -
Kakyoin suspiró.
- Tengo miedo de pensar cómo va a acabar esto - Sonrió y se levantó del sofá. - Levanta atontao', vamos para la cocina -
- Ostia ¿cocina? ¿Te vas a poner a hacer la merienda ahora o cómo? - Dije, siguiéndolo por el pasillo.
- Tengo las herramientas en la cocina tonto del culo - Me respondió, mientras entrábamos al lugar. - Siéntate ahí, anda - Me dijo, señalándome unas sillas al rededor de una mesa. Yo me senté sobre la mesa, mientras él rebuscaba entre los cajones.
- En una silla, Jotaro, no en la mesa - Me ordenó, mientras colocaba una caja repleta de utensilios al lado mía. - Si estás ahí arriba no llego... A parte, en la mesa van los instrumentos -
- Ah, disculpa Kakyoin, se me olvida que mides un metro cuarenta - Dije, bajánodme de la mesa y sentándome en una silla. Él se sentó en otra, enfrente mía.
- Jotaro mides literalmente cinco centímetros más que yo - Me reprochó el chico, asesinándome con la mirada mientras desenfundaba un set de agujas.
- Lo dicho, un enano -
Hubo un corto periodo de silencio.
- Recuerda que tengo agujas en las manos Jotaro, no me provoques - Me dijo.
Yo le sonreí.
- Entendido, delegado -
- Esperate aquí un segundo - Dijo entonces, abandonando la cocina para aparecer minutos después con un espejito y un bolígrafo.
- Vale, lo primero es marcarlo, para no hacértelos al tun tun, y que no te guste como te han quedado -
- Aha, aparece lógico -
Kakyoin destapó en bolígrafo y se acercó a mi cara. Agarró mi mandíbula con una mano y con la otra dibujo un puntito en mi lóbulo.
- ¿Ahí está bien? - Me preguntó, pasándome el espejito para poderme ver reflejado.
- Yo diría que sí... - Dije, observándome en el reflejo, imaginándome ya con los agujeros.
- Bien pues te hago el otro - Dijo, acercándose de nuevo hacia mí, para dibujar un segundo puntito.
- ¿Bien? -
- Perfecto -
- Pues vamos allá, saca los pendientes, para poder ponértelos en cuanto te haga el agujero -
- ¿Pendientes? - Pregunté yo - ¿Qué pendientes?
- ¿Cómo que qué pendientes? - Preguntó él - ¿Pretendes hacerte los agujeros para tenerlos de decoración sin tener pendientes, o qué? -
- No, joder, no es eso... - Respondí yo - Pensaba que me haría los agujeros, los dejaría cicatrizar y luego elegiría los pendientes - Expliqué - He venido aquí de imprevisto, ¿sabes?, Por eso no te he avisado... -
Kakyoin soltó una carcajada.
- Eso no funciona así, Jotaro - Me dijo - si no dejas algo en la herida, se va a cerrar por su cuenta, y no va a haber servido de nada hacer la perforación en primer lugar - Explicó - Debes dejarte algo por un tiempo para que la herida cicatrice y luego podrás cambiártelo, hombre -
- Aaah, joder... - Dije yo, mirando el suelo.
- ¡Esperate! Se me acaba de ocurrir algo, no te deprimas aún, chiquillo -
- A ver qué mamarrachada se te ha ocurrido esta vez -
- Oye, discúlpame - Dijo Kakyoin, sacando una aguja del set y enhebrándola. - Aquí el de las mamarrachadas eres tú eh, que yo no he sido el que a aparecido en tu casa para hacerse los agujeros de improviso -
- ¿Para qué le pones hilo? - Le ignoré - ¿Me vas a hacer un agujero o una cirugía completa? -
- No es eso - Rió Kakyoin, cortó el hilo con los dientes de un tirón - Me acabo de acordar de algo que me contó mi madre cuando era niño - Explicó - Cuando ella era pequeña, para hacerse el agujero las niñas, en vez de ponerse un pendiente, se dejaban un cacho de hilo en la oreja, hasta encontrar el pendiente. Te dejaremos el cacho hasta encontrarte unos pendientes -
- ¡Ostia! - Exclamé yo - ¡Pues no es mala idea, eh! -
- ¡Claro que no, idiota! - Dijo Kakyoin - Es una idea mía, al final y al cabo -
- Tú siemrpe tan egocéntrico -
- Tú siempre tan estúpido -
- Pedazo de respuesta elaborada, Ricitos -
- Hacía bastante que no me llamabas así, delincuente... Sácame algo de hielo del congelador, ¿Quieres? -
- Voy - Accedí yo, acercándome al congelador mientras Kakyoin rociaba la aguja con un líquido transparente. - Y no soy un delincuente -
- Seguro, seguro... pásame el hielo -
Le di un trocito, que agarró con la izquierda, mientras agarraba la aguja con la derecha.
- ¡Siéntate, rápido! - Me ordenó entonces - ¡Antes de que se me derrita el hielo! -
- Kakyoin estamos en Febrero - Dije, mientras me sentaba enfrente suya - Hacen como menos diez mil grados -
- En la calle sí, Jotaro, pero mi casa es un horno -
- Si tú lo dices... -
- Calla y acércate, anda -
Colocó el cacho de hielo tras mi oreja.
- Agárratelo ahí hasta que no sientas la oreja - Me pidió, mientras rociaba más del líquido a la aguja.
- ¿Qué le echas a la aguja? - Pregunté yo, mientras presionaba el frío cacho de hielo contra la piel de mi oreja.
- Alcohol - Me respondió.
- ¡Qué cojones!, ¿Para qué mierda desperdicias alcohol? - Exclamé yo, sin pensarlo.
- ¡No es ese tipo de alcohol, cazurro! ¡Estoy desinfectado la aguja! -
- Aaaah, ese tipo de alcohol -
- No quiero que si se te infecta la herida, tu madre me eche la culpa a mí por no utilizar utensilios limpios - Me explicó.
- Tiene sentido... Aunque no creo que mi madre pudiera llegar a echarte la culpa... - Dije - Creo que te quiere más que a mí, ¿sabes? -
Kakyoin rió, mientras limpiaba la aguja con una fina tela.
- Eso es muy tierno, Jotaro - Me dijo.
- ¿Tierno? No sé yo... -
- ¿Te sientes la oreja? -
- Pues ahora que lo dices, creo que me la he cargado -
- Perfecto, eso es exactamente lo que tienes que sentir, a ver, trae para acá - Dijo, agarrando el el cubito de hielo. - Vale, ahora respira hondo, ¿vale? -
Se acercó mucho a mi rostro, provocando que mis mejillas comenzaran a colorear se de tonos rosados.
- Estás seguro de que tu madre te deja, Jotaro? - Volvió a preguntarme. Yo resoplé, desesperado
- A la mierda la autoridad, Kakyoin, haz el puto agujero -
Kakyoin rió
- Eso ha sido muy sex pistols de tu parte -
Entonces fui yo quien rió
- ¿Estás listo? - Preguntó.
- Deja de tratarme como a un niño de preescolar Kakyoin por dios, que tengo dieciocho aaa... AAAAAAAAAH KAKYOIN - Grité entonces, al sentir la aguja perforándome la carne. - ¡¿Por qué coño no avisas?! - Le reproché.
- Pensaba que no querías que te tratara como a un niño pequeño, porque tienes, ¿cuántos años? -
- Joder, pero qué bruto eres... - Me quejé - y son dieciocho -
- ¡¿Dieciocho?! ¡Esperate! ¿Ya has cumplido este año? -
- Mi cumpleaños es el tres de febrero... - Dije, palpándome la herida.
- ¡No jodas! ¿Por qué no avisaste? - Me reprochó el chico, apartándome la mano de un manotazo - No te toques la herida.
- Y yo que sé, ¿que más da cuando cumpla años? -
- A mí me importa, joder, se suponen que somos amigos - Me reprochó, acercándose de nuevo a mí y provocándome, por segunda vez, un nerviosismo inmediato.
- Acércate anda - Me dijo - Como has pegado un salto antes, no te he podido dejar el cacho de hilo en la oreja - Dijo
- ¿¡Otra puta vez!? - Exclamé, desesperado. Kakyoin asintió, sonriente - Eres macabro... Te encanta ver el sufrimiento ajenooo OOOOOOO ¡KAKYOIN! ¿QUIERES POR FAVOR AVISAR? - Troné.
- ¡JODER JOTARO NO TE MUEVAS QUE VAS A IMPEDIR QUE DEJE EL CACHO DE HILO POR SEGUNDA PUTA VEZ! - Bramó él - ¡Como te haga una herida tu familia me crucifica, Jotaro, así que estate puto quieto por lo que más quieras! -
- ¡Joder es que eres un bruto! -
- ¡Tú sí que eres un bruto! ¡Animal! -
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𝑨𝒓𝒐𝒎𝒂 𝒂 𝒍𝒂𝒗𝒂𝒏𝒅𝒂 ~ [𝙹𝚘𝚝𝚊𝚔𝚊𝚔]
Romance⭐Jotaro ha vivido toda su vida en la gran ciudad, y no está en sus planes cambiar de ambiente. ⭐Todo cambia cuando su madre decide irse a vivir a un pueblo totalmente alejado de las metrópolis ,para descansar del bullicio y las grandes masas de gent...
![𝑨𝒓𝒐𝒎𝒂 𝒂 𝒍𝒂𝒗𝒂𝒏𝒅𝒂 ~ [𝙹𝚘𝚝𝚊𝚔𝚊𝚔]](https://img.wattpad.com/cover/332014334-64-k776911.jpg)