Capítulo 4: [Dos y dos son cuatro]

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Era guapo. Y estaba bueno.

Esto último lo podía notar por lo pegado que llevaba el uniforme.

No sabía si estaba hecho a medida por el sastre, si se le había quedado pequeño tras dar un estirón, o si simplemente los alumnos de este instituto acostumbraban usar la ropa así de justita, pero no me quejaba en absoluto.

Kakyoin detuvo la explicación que me estaba dando y se dio media vuelta. No tenía ni idea de lo que había dicho, así que simplemente lo seguí.
Atravesamos los pasillos del instituto a paso tranquilo.

- ¿Entonces, me llevas al sastre, ricitos? - Le dije, en un tono burlón, mientras doblábamos una esquina.

- ¿A dónde más podría llevarte, Torre Eiffel? - Me respondió. Le lancé una mirada desafiante mientras observaba una pícara sonrisa formarse en sus labios. Sorprendentemente no me molestó.

- Para ser tan diminuto, este instituto sí que tiene pasillos - Dije, al llegar finalmente a la sala del sastre.

- Simplemente he elegido el camino más largo para llegar hasta aquí - Me respondió el delegado. Acto seguido llamó a la puerta. - Señor Okumura... ¿Está ahí? -

Su respuesta me pilló bastante desprevenido. Guardé silencio un par de segundos.

- ¿Dices que... Pretendes saltarte clase? - Le pregunté, curioso. Al final no iba a ser tan buen alumno como aparentaba.

- ¿Te importa? - Me miró con desdén. - Discúlpame, no pareces el tipo de chico al que le importe saltarse clase, por eso lo he hecho... Supongo que las apariencias engañan - Soltó una carcajada corta y sutil, y volvió a tocar a la puerta, suavemente.

- Las apariencias engañan, delegado, ya deberías saberlo con la edad que tienes - Esta vez fui yo el que sonrió - Pero esta vez no te han engañado... De echo ,si ya que estamos me enseñas algún lugar para salir a escondidas del edificio, o algún sitio alto para fumar sin que te pillen, te estaría muy agradecido... -

Alargué el "muy" y entorné los ojos, haciendo entonces contacto visual con el pelirrojo,que acababa de girarse para mirarme con suspicacia.

- Me estoy saltando clase, Kujo, y con un pretexto escolar - Me dijo, apoyando el brazo en la puerta. - No soy un delincuente - Finalizó, y justo en ese momento, antes siquiera de poder pensar en algo inteligente y borde que responderle, la puerta se abrió de par en par.

Kakyoin se tambaleó un poco, seguía teniendo el brazo apoyado en la puerta, pero se enderezó enseguida y miró al hombre.

- Señor Okumura, discúlpeme por pedir de sus servicios a estas horas, el profesor Goda me ha pedido que traiga a este nuevo alumno a que le tome usted las medidas, señor. - Explicó, en un tono cordial que le pegaba bastante.

- Joven Kakashi, no te disculpes - Dijo el hombre , en un tono algo alto.

Era un hombre más bien bajito. Parecía rondar los setenta y muchos años y caminaba algo encorvado. De su cabeza salían unos pocos pelos grises que parecían amenazar con caerse en cualquier momento. Vestía un cárdigan azul oscuro sobre una camisa blanca, unos pantalones grises, y unas zapatillas de estar por casa blancas y aterciopeladas.

- K-kakyoin, señor, es Kakyoin - Lo corrigió entonces el delegado, llevándose una mano a la nuca.

- Eso mismo, Kakyoin... - Rectificó el tal señor Okumura - cuánto tiempo sin verte, jovenzuelo, ¿qué te trae por aquí?-

- Es este chico, señor, es nuevo y necesita un traje a medida - Explicó Kakyoin
- Con que eso es, joven Kanto - Dijo el viejo. Kakyoin respló - ya veo, muy bien, muy bien, pues párate aquí jovenzuelo - Me dijo entonces, y se apartó de la puerta, dejando a la vista un punto rojo pintado en el suelo de madera de la habitación.

𝑨𝒓𝒐𝒎𝒂 𝒂 𝒍𝒂𝒗𝒂𝒏𝒅𝒂 ~ [𝙹𝚘𝚝𝚊𝚔𝚊𝚔]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora